Teodoro Pablo Lecman

La vieja afirmación traduttore traditore: traductor = traidor sigue siendo de rigurosa aplicación: toda traducción de una lengua a otra implica traicionar la lengua de origen y muchas veces la de destino. La mejor solución parece la recreación total, pero no siempre es posible, salvo en el campo de la poesía, y aún allí se tratará de dos poesías distintas.

La traducción es así una versión de segunda mano dada nuestra represión del plurilingüismo que nos forma (ver transcripcion-plurilinguisteria-corporalidad-del-psicoanalisis) y nuestra ignorancia de los idiomas.

Del mismo modo cada lengua parece que impusiera una visión del mundo (George Steiner, Después de Babel y Lenguaje y silencio) y en efecto hay cosas que sólo se pueden decir bien en una lengua determinada y no en otra, donde ni siquiera existen términos afines a veces.

Se agrega a esto el idiolecto (ver Ducrot y Todorov, Dictionnaire encyclopédique des sciences du langage, ed. du Seuil, París, 1972.) de cada autor, o sea su singular elaboración del lenguaje y la marca de su época y su parroquia. Para Freud es invalorable el dialecto vienés de principios del XX o la influencia de los dichos y hechos de la época, como el semanario Fliegende Blätter, su calificación temprana de estilo idiotisch (singular) por un profesor y el premio Goethe a la creación posterior. También algunas influencias del francés, el latín, el griego, el hebreo, el idish y el inglés y su vasta cultura y viajes.

De modo que siempre es traicionado.

Ni qué hablar de autores mucho más antiguos, como los griegos, que requieren un trabajo filológico muy complejo y cuya época y mentalidad están perdidas y las leemos desde acá. No quiere decir que algo no se transmita, se traslade de cualquier modo. El inglés dice translation para traducción. El alemán, übersetzung, pero también  tanto para traducción como para transferencia übertragung, que evoca la figura del cartero Briefträger.

Es conocida la diferencia de las versiones en español del Freud de López Ballesteros y las de Etcheverry. Menos conocida es la versión de Ludovico Rosenthal publicada por Santiago Rueda, años 1952-1956, en 24 tomos a instancias de la APA y siguiendo en parte la ordenación de 22 tomos de la versión inglesa de Strachey, que es la primera con aparato crítico pero con horrores inadmisibles de transformación; por ejemplo Fehlleistungen, comúnmente traducido como actos fallidos, en realidad rendimientos fallidos, ahí vertidos como “parapraxias”! Bruno Bethelheim se ocupó de denunciar esa falsificación médica y de gentleman del siglo XIX (Freud y el alma humana). O Escars , C. Historia y función de las traducciones freudianas, de comentar algunos puntos.

Freud sin embargo agradeció y elogió en una carta especial la traducción de Ballesteros, la 1ª en otra lengua de sus Obras más o menos “completas”.  Pese a sus errores y omisiones (párrafos enteros en varios textos) incluso tipográficas: “efecto” donde debe decir “afecto”, etc. Sin contar las innumerables licencias de “estilo” de Ballesteros, como traducir Trieb por Instinto, o “la dama de sus pensamientos” en el Historial de una neurosis obsesiva (Hombre de las ratas) donde Freud sólo pone “dama” (Dame) o “verehrte Dame”: venerada, adorada dama (con un probable dejo de ironía).

La versión de Freud del querido y faltante José Luis Etcheverry implicó un trabajo descomunal con el original alemán y Strachey y una gran elaboración personal, y de consulta con otros, tal como lo atestigua Leandro Wolfson en una conferencia del 2006 en el Centro Rojas: “Ver Cómo Se Traduce A Freud: Una Experiencia Histórica” (está en internet).

Aún así las elecciones terminológicas del castellano son riesgosas y complicadas e implican una decisión personal.

Lo que no es aceptable es el abuso, o el robo, como que Biblioteca Nueva haya pirateado la traducción de Ludovico Rosenthal para su tomo III de los años 60 poniéndola bajo la rúbrica de un tal Rey Ardid (!).

Se pueden ver también las observaciones de la investigadora Gubrich-Simitis,Ilse, Volver a los textos de Freud, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003. Lo curioso es que en este texto se refiera en cuanto al español…a la versión de Etcheverry, mal llamada de Amorrortu, y no a la de Ballesteros de Bibl Nueva, en la que publica su libro traducido del alemán.

El abuso de los editores, que  muchas veces descuartizan las obras, las bastardean, las falsifican o cambian títulos y nombres de recopilaciones ad hoc o ya hechas es proverbial. Como el hecho de que no paguen, lo que determinó el sucidio de nada menos que  el famosísimo y vendido por millones Emilio Salgari, y la miseria de tantos otros. Obviamente puede haber unos cuantos editores auténticos y generosos, como parece ser el de Anagrama, o Peña Lillo acá, etc. O incluso algunos jóvenes pioneros, como Matías Reck., el que nos va a editar próximamente nada menos que las clases de Masotta.

En cuanto a Lacan, la historia es descomunal, dado que la mayor parte de su enseñanza es oral y dados los derechos patrimoniales napoleónicos y “morales” (¡sobre la oralidad!) que se encargó de dejar a su familia, especialmente su yerno para una publicación indefinida en el tiempo. Y para perseguir local y judicialmente las versiones argentinas (Juicio perdido llevado adelante por Diana Rabinovich contra Letra Viva, con notable dicatmen del juez sobre la libertada de la transmisión de la cultura oral).

Además el estilo coloquial de Lacan es altamente alambicado, gongoriano, idiosincrásico aún para los franceses, lleno de ganchos y bucles capciosos para captar a su público, y yo diría por momentos intencionalmente enigmático y hasta perverso, queriendo hacer algo con su oyente, en principio de una manera desconsiderada, sin metáfora alguna (“boludos”, o “hablo a las paredes”: Seminario Le savoir du psychanalyste), lo que produce un efecto de dificultad y disgusto suplementario. Aunque haya pretendido mimar al inconsciente y salvar la ignorancia tan difundida. Hay modos.

Roudinesco y otros han dicho que Lacan quiso hacer un psicoanálisis francés y para ello tuvo fuerte influencia su tío Pichon, derechista reaccionario y cultor de la lengua francesa sin embargo autor de la más extraordinaria gramática de dicha lengua en varios tomos, con una elaboración muy sutil de la negación, entre muchas otras.

Sobre Lacan se imprime entonces un desliz particular.

Pero nos resta contar una usurpación inadmisible protagonizada por el editor Horacio Amorrortu (el mismo que aprovechó la humildad de Etchevery al extremo) y su traductora Irene Agoff, que quiere ser estrella, tan típico del porteño star system, a todo vender. Y procurando sacarle el lugar a todo el mundo.

En el año 1996 trajimos el recién editado Dictionnaire de la psychanalyse bajo la dirección de  R. Chemama, Ed. Larousse, Paris, 1995. para su traducción y aparato crítico nuestro, que fue comentado y elogiado por Etcheverry en ed. Amorrortu, y fuera publicado por dicha editorial en 1998. Desgraciadamente José Luis murió en el 2000. Tuvimos que sortear varias dificultades de la lectura de Lacan por estos autores, específicas a su terminología y otras, y hacer elecciones personales, siempre trabajables o revisables en un contexto de respeto y científico, de las que nos hacemos cargo pero que abona nuestra larga trayectoria de traductor, psicoanalista, poliglota y hombre de cultura.

De pura casualidad, es decir sin aviso ni retribución, nos enteramos de una segunda edición ampliada donde figuramos en cerca de un 70 % de las entradas y el aparato crítico, o sea copia la edición anterior, con un agregado de nuevas entradas traducidas por Irene Agoff: Diccionario de psicoanálisis, Chemama y Vandermersch (hasta los autores han cambiado de relieve y es otro libro, con todo).

Lo más grave es que además se usurpa nuestra traducción, se la pisa y se la anula: por ejemplo entrada fantasma (que aparece a nuestro nombre), donde la traductora pretendida estrella y sin formación suficiente (creemos que es abogada) suprime texto nuestro, modifica la traducción y pone una nota de su coleto sobre el famoso sujet barré lacaniano, dentro de nuestra versión, lo que es inadmisible y muy discutible por cierto, pero en ámbito de respeto y polémica de alto nivel. Y ded ningún modo que aparezca su texto firmado por mí.

Es el caso y el colmo de quien se preocupa por una traducción chic, siguiendo la mojigatería del mal ambiente psicoanalítico copiador, cheek to cheek, y una técnica de avasallamiento y desprecio inadmisible, de la que es partícipe el editor Horacio Amorrortu. Para más abundancia omite términos importantes del original en otras entradas, esta vez de su traducción: como à corps perdu, y otras. Etc. Es de destacar que traduce además una obra de Balint como El defecto fundamental, siguiendo el error francés original: Le default fondamental, ed. Payot y pegándose a esa francesada (lo mismo hacen con los títulos de película, como solemos hacer acá: Vage stelle delle Orse de Visconti (vagas estrellas de la Osa), se presentó como Atavismo impúdico). Resulta que el texto original de Michel Balint es The basic fault, aclarando él que “básico” es porque se extiende, lo que “fundamental” no da tan claramente (por ejemplo los conceptos fundamentales a veces coronan, más que basan el edificio: Pulsiones y sus destinos e Introducción del narcisismo) y aparte “básico”, idénticamente,  existe en castellano, y tomando en cuenta que fault deriva nada menos que de faute en francés, con lo que retraducirlo como faute hubiera sido exacto. Pero así hicieron con la Traumdeutung de Freud, traducida como La science des rêves (!). Lo que más asombra es que el correcto traductor local, Bixio, en ed. Paidós, pone correctamente La falta básica. Me imagino a los lectores buscando inútilmente ese título de Balint, además incorrecto para su teoría y práctica y que hizo que fuera invitado a sus seminarios por el mismísmo Lacan. Lo que nos lleva a pensar si Balint no era Adler y estaba hablando de la sobrecompensación de un defecto, de una inferioridad. Desopilante y típico de la psicopatía sociopática. Usurpar, arrasar y descalificar para hacer “negocio”. La denuncia se hace aquí indispensable cuando no el recurso legal, imposible prácticamente en Argentina dada la corrupción general, y personalmente. Lo mismo que de otros personajes asociados y homenajeados, como Silvia Bleichmar con su falso y paquete “dolor país”, rico y soberbia personaje oportunista ella y habiendo llegado al gran descubrimiento de que los hombres debían pasar por ser cogidos por el padre para constituirse. ¡A la marosca! El psicoanálisis da para todo en Barrio Norte.

Ni hablar de Alfonsín, el que paró la traducción a la justicia del horror argentino, entregó el país a Menem y fue responsable de la perversión de términos como democracia, haciéndose llamar socialista. ¡Puajjj! Ni K. Ni psikoanálisis. La Argentina es un emporio del choreo y la petulancia, Barrio Norte a la cabeza,  Discepolín, lo mismo un burro que un gran profesor, aunque seguimos haciendo mejores traducciones que las españolas, en promedio.
Por algo el gran historiador y helenista Pierre Vidal-Naquet cita el tango Camabalache al final de su Los asesinos de la memoria.

Teodoro Pablo Lecman

“Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte.”

Llegó con tres heridas, Miguel Hernández

Cerrando el libro del verano, que hemos prometido alguna vez editar (www.elsigma.com, los viajes de Freud, los nuestros)  y entrando este año en el libro del invierno, en el que pensamos editar un libro importante de clases,  nos preparamos para abrir nuestra consulta tous azimuts: a todos los horizontes, para evitar el terrhorizons, que la tierra se junte con el horizonte.

¿Qué nos promete el psicoanálisis?

En efecto, Freud, dice no prometer la cura sin antes hacer una prueba.

¿Qué se puede prometer, si, además de la difícil prueba, el furor curandi está proscripto?

Lacan además agrega un “por añadidura”, una prescindencia o un toque displicente a la cura, que vendrá, o advendrá, como mantas religiosas borromeas, atravesando fantasmas, disfrazándose de Tomás el oscuro (cosa curiosa en un escritor blanco, Blanchot, reaccionario y antisemita luego renegado)…

 

En Estudios sobre la histeria, fin del siglo XIX, preámbulo del SXX, Freud ofrecía pasar del hysterisches Elend (miseria histérica o neurótica) al gemeines Unglück, a una infelicidad del común de la gente.

En aquella época de síntomas aparatosos e inhibiciones impresionantes, afrontar los traumas del destino al menos con un aparato psíquico no estragado, parecía atractivo.

Pero hoy los traumas históricos excedieron toda previsión, los destinos se pulverizaron, la biopolítica reina. K.

En esta época que ofrece un überglück, un plus de felicidad consumista sobre el plus impracticable de la historia, un plus que es en realidad un goce, si bien (o si mal) inevitable, peligroso siempre, si no es mediado por un deseo, que igual siempre tiene algo de mortífero, las pastillas y los pacos reinan.

De la infelicidad (Unglück)  al Unbehagen, al Malestar ya perfilado con todo en los años 30 por Freud, el consuelo se reduce, la promesa flaquea, el sujeto se angosta.

Algunos, tecnólatras de nuevos logos, ofrecen las promesas de lógicas de la vida amorosa, de lógicas del encuentro y el desencuentro, del goce  y del significante, del síntoma, del acto, de la teoría misma, se llenan de celulares y salas de espera de tiempo corto, sin horario.

 

Otros son famillionarios o swingers, se enganchan en instituciones donde ser candidato es un trabajo empresarial, o donde “dan” pacientes por dos pesos.

Ni que hablar de los que no tienen ni análisis, ni formación ni supervisión y, por alguna coyuntura social se largan fastuosamente a proclamarse analistas. ¿quién puede controlarlos?

Y la larga saga de cognitivo-conductistas, gestaltistas, psicosociales, energéticos, corporales, hasta el yoga (una muy buena gimnasia) tomado como cosmovisión y panacea.

También hay curanderos…y…

Sólo se puede prometer la pequeña alegría (Freude) de la cultura, una sublimación moderada parecida a la ternura, a la estética, a la renuncia a la omnipotencia, mientras se intenta modificar la posición subjetiva (a sexo y gritos), y encarar la transferencia, duramente, en una tarea solitaria, sin jaurías, con algunos apenas, entrañables compañeros de ruta, si quedan, los que quedan…Sabiendo que uno es otro más. (Freud dijo ser de la humanidad laboriosa: hasta eso está en duda ahora, mientras se capitaliza).

Las promesas del psicoanálisis rezuman de tres heridas, parafraseando las conocidas copernicana, darwiniana y freudiana y las de Miguel Hernández, y las tres Moiras:

1)   la de la formación del yo hacia el ideal,

2)   la del síntoma que nunca se cierra, en la cultura, con el otro,

3)    la del otro-mundo exterior con cuyo abrazo contamos contadas veces, siendo la soledad vida/muerte nuestro lote y el goce sexual/destructivo, como el trabajo dividido ineludibles, pero quizás morigerables…quizás tengamos alguan descendencia, pero no esperemos ser reconocidos…

 

1)    El Yo, sometido a las tres servidumbres del Yo, del Ello y del Mundo externo, nunca logrará cerrarse en su yo ideal, omnipotente y perfecto o los en Ideales que la cultura le marca al sujeto desujetado, perforado, de nuestro tiempo. Desde esa apertura, tendrá que trabajar y formular sus promesas, y realizarlas…

 

2)    El Síntoma, brecha inevitable con el otro y con la cultura llevará su promesa si logra una reducción y una sublimación simbólicas y un deslizamiento suficiente; de lo contrario será mudo productor de goce. A eso se tiende en un fin de análisis.

 

 

3)    El otro-mundo exterior: en el campo humano no hay mundo exterior si no es otorgado y mediado y constituido por el otro, planteará los problemas de la solidaridad, la soledad, el sinsentido, la voracidad actual, nuestras limitaciones.

 

Con todo eso quizás el psicoanálisis haga algo. Después, cada uno, por sí mismo, debe decidir su destino, entre lo que lo destina. Entre los otros. Con un toque de sublimación…

Es todo un programa.

Si las promesas no se las lleva el viento, que trae tanto humo.

Teodoro Pablo Lecman

“Ah,cruel Three! In such an hour

(…)

Yet what can one poor voice avail

Against three tongues together?”

“Imperious Prima flashes forth

Her edict“to begin it”-

In gentler tone Secunda hopes

‘There will be nonsense in it!’-

WhileTertia interrupts the tale

Not more than once a minute.”

Charles Lutwidge Dogdson (1832-1898), alias Lewis Carroll, Alice’s adventures  in Wonderland.

 

Introducción:una mediación

Transmitir algo de la enseñanza de Lacan desde una periferia(1)a otra: de una minoridad a otra (de Argentina a Asia Minor), a través de la vieja Europa, es una tarea de múltiples espejos quebrados, o de espejeo (Spiegelung(2)) de un “pedazo de vida olvidada”(real imposible, rebus quae geruntur) a alcanzar más allá del principio del placer y de la fragmentación tecnológica de la vida actual. Real entre economías subyugadas, guerras y dolorosas migraciones.

El que se bautizó a sí mismo como(imperio de) “Occidente”, o Abendland en los términos de Spengler: tierra del fin y de la ausencia, resultó el más eficaz, hasta ahora, en el “dominio” tecnológico y totalitario de la muerte: occidere. Y proyectó hacia “Oriente” la fría luz de su crimen lógico (Camus) en la barbarie del ser humano, tal como lo consignaron Horkheimer y Adorno, que, desde su escuela de Frankfurt- California, encontraron la fuente de la ideología burguesa capitalista incluso en el poema de la Odisea de Homero.

Curiosamente, el alfabeto europeo, inventor aposteriori del mito del indoeuropeo hablado (por obra de filólogos alemanes), tiene algunas de sus fuentes de escritura en los hititas del Asia Menor, junto a las lenguas semíticas (Croato). Ahora se complace en bombardearlo brutalmente con el globish (el inglés tecnocrático universal), o con las bombas del gloBush en la cuna de la escritura misma: Bagdad, Irak.

Se dirá: ¿qué tiene que ver todo esto con Lacan? La vida de Lacan (1901-1981) coincide casi exactamente con el siglo corto de Hobsbwam. No hay vida fuera de la historia y sin ser síntoma de ella aunque la biopolítica intente borrar la historia, tratando de hacer coincidir el estatismo del goce cotidiano de vidas caídas como restos biológicos descartables  (zoé),con un sistema que se pretende eterno.

También Freud (1856-1939), al terminar,necesariamente, produciendo escritos llamados “culturales” como El malestaren la cultura Moisés y el monoteísmo, demostró que hay que  apuntar a los fundamentos de la cultura, a lo que podría morigerar eventualmente al hombre “protético”de la barbarie actual,una barbarie suave (Mattéi, ex ministro de Cultura de Francia), pero igualmente brutal a la larga(3).

Desde las “Indias occidentales”imaginadas en la época de Colón, escribimos, en el raro espejo invertido de las migraciones posteriores, y en una de las grandes ciudades más mal psicologizadas del mundo, Buenos Aires, inundada por un malestar difuso y aterrado que corresponde a su realidad original y actual, post genocidio de 1976.

Santa María de los Buenos Aires fue fundada cerca del 1500 –canibalismo mediante- (Ulrich Schmidl(4)) por los conquistadores españoles, viciados de una rapiña sin fin, sobre un enorme río pantanoso,barroso y lleno de desechos, el río “de la Plata”, condenada al contrabando desde el inicio,porque en ella no había ni oro ni plata, pero era camino para ambos, y otras cosas más.

Luego fueron la exportación de carne y granos.Ahora, enclaves financieros y de servicios privatizados a precio de regalo, de torres de multinacionales, enormes extensiones de tierras compradas, incluso fronterizas  y royalties sin fin,y argentinos emigrantes, sin fin. Después del genocidio de 30.000 personas del Proceso Militar de 1976, en el seno del Plan Cóndor de Kissinger y otros para América Latina.

La metafórica de Lewis Carroll, profesor,pastor y eminente lógico, escritor y amante de las niñas, del “Reino Unido”,  nos pone ante la evidencia de cómo una pequeña isla pudo ser el espejo de un gran imperio, reunir pedazos dispersos,y desde allí acrisolar y reinventar las idas y vueltas de los asuntos coloniales, de los centros y sus periferias.

Tanto Freud como Lacan admiraban a Inglaterra,y antes que ellos el  gran Voltaire. Un motd’esprit dice que entre lo sublime y lo ridículo hay sólo un paso: el paso de Calais entre Francia e Inglaterra.

Entre estos verdaderos lugares de pasaje como le gustaba decir a Benjamin, deambulan los turcos (quizás más en Viena, como nos lo ha contado la psicoanalista uruguaya Doris Hajer, donde nació el psicoanálisis y la furia antisemita de los años 30), esperando su integración a Europa, en la tradición de los jóvenes turcos(5).

El diwan turco, motivo de reunión reducido a mueble, fue adoptado por Freud para su tratamiento psicoanalítico,en las encrucijadas culturales de Viena, contigua al imperio otomano, y fue suprimido, volatilizado muy afrancesadamente por Lacan, desde el estadio delespejo, pasando por la agresividad en psicoanálisis, en una asíntota histórica, la del siglo XX, que reencuentra el “tiempo cero” (Roudinesco) – ¿tiemporeal?- de la sesión de un sujeto ya vacío. O sea, Lacan redujo la sesión psicoanalítica a cero. En este mundo ya telemático, y arrasado por la tecnodestrucción, el espejo se ha convertido en red (web) virtual, con tecnología y monopolio hard, y “suave” (soft) bucle(6)de un sistema que pretende resetear sus errores al infinito. “Sonríe, te estamos filmando” – para convertirte en una película policial olvidable. En el ojo único (¿Monokl?) del amo abstracto y absoluto, la sociedad anónima.

Los últimos pacientes de Lacan, no atendidos, terminaron arremolinándose alrededor de alguna interpretación dirigida a uno de ellos, elegido por Lacan para atenderlo entre la masa reunida en su sala de espera de 5, rue de Lille, acompañado por [la] Gloria, su secretaria, en París.

Otra vez se dirá ¿qué tiene que ver la transmisión de Lacan con eso?: Lacan muere prácticamente afásico (Roudinesco),intentando garabatear en el pizarrón, con continuos errores, sus famosos nudos borromeos, figuras topológicas que valieron en algo el suicidio del experto matemático Pierre Soury, extinguida, creemos, la ilustre familia de príncipes borromeos que le dieron su nombre. Preferimos sin duda, las bellas islas borromeas del Lago Maggiore, que Freud conoció, sin mistificaciones trinitarias.

Topologías posmodernas de lugar de nadie, de noman’s land (como el de El submarino amarillo), extinguida casi la utopía anunciada por los socialistas Fourier y Saint Simon, en la anastomosis de una madriguera (Kafka) que es el nicho de la subjetividad actual, entre no lugares(Marc Augé). No hay topos, hay a-topías.

Las dos “a” del apellido “Lacan” parecen anunciar el agujero del objeto a, en el medio de ese espejo, de ese lago(lac, en francés), del mismo modo que alguna vez propusimos que las dos“o” del prestigioso inglés Henry Moore reaparecen en el doble agujero que es constante en sus esculturas.

Por nuestra parte, en nuestro apellido, aparte de la “l” y la “c”en común con el ilustre francés Lacan, se nos interpone el lago Alemán de Ginebra, sede de la malograda UNESCO, unión al parecer imposible de la humanidad doliente, aunque parezca gozante. Puro jet d’eau(7).

Anunciamos en nuestro título que quizás lo que se pueda extraer de Lacan es el mundo como enigma del deseo humano y delusión (engaño y delirio) de lo imaginario y lo simbólico. Queda allí en pié un Real gozoso y mortífero.

Jugando obviamente con Schopenhauer, muy admirado por Freud, y con Nietzsche, el mundo aparece actualmente lleno de una voluntad de poder contraria a la vida auténtica, sede lusiona, y no hay representación para él, que no sea bárbara, arrasadora,después de Auschwitz (Adorno). Lo real es traumático, desde el seno mismo de la cultura, no desde afuera (Mattéi)…

Para nuestra mediación haremos una breve y propia puntuación de los escritos y seminarios de Lacan, que no pretendemos exhaustiva ni decisiva. Sólo registramos nuestro “efecto Lacan”hasta la fecha, en nuestro contexto argentino.

Hemos adelantado que dicho efecto parece una trampa narcisista en el camino al deseo a fundamentar como ético, tal cual el mismo Lacan lo dice: (Seminarios de la angustia) Dejamos de lado las presentaciones psiquiátricas públicas en el Hospital de Ste Anne, contrarias a la clínica psicoanalítica, en nuestra opinión, y la práctica privada de Lacan: no fuimos analizados ni supervisados ni oyentes de él. No consideramos tampoco suposición política manifiesta, ni su propio análisis con Loewenstein.

La vez que quisimos sacar una foto del majestuoso colegio jesuita Stanislas, cerca del Bvd Raspail, en París,donde Lacan se educó y descubrió a Spinoza, nuestra cámara de fotos se negó a funcionar (!).

Con la Dra. Roudinesco, que lo conoció íntimamente, e hizo los estudios más serios sobre Lacan y el psicoanálisis en Francia, y con la que colaboramos en sus Seminarios y Diccionario ya no nos une ninguna afinidad cercana, luego de haberse mantenido indiferente (pese a otros apoyos internacionales recibidos y nuestro requerimiento) cuando no proclive, por sus declaraciones locales, pese a sus proclamas “progresistas”, siempre mediáticas, a nuestra expulsión de la Universidad. Nuestro maestro en Lacan fue Oscar Masotta, peculiar figura de la intelectualidad argentina de los años 70, estudiante de filosofía autodidacta, ensayista sartreano, introductor de Lacanen Argentina y en España, donde muere de cáncer a los 49 años en 1979, exiliado,tras haber sido amenazado por la triple A: AAA (alianza argentina anticomunista), en 1974. Robada su herencia institucional acá en Argentina y minimizado en su presentación en la école Freudienne de Paris  por Lacan y luego por su yerno Miller, yt ratado de “gurú” por una de las discípulas dilectas, supuestamente antiestablishement, de Lacan: Maud Mannoni(8). Cosas del Imperio. Aveces O.K y langue d’oc parecen encontrarse en las guerras de Asterix. Los suburbios de París lo saben.

La transmisión de Lacan en Argentina no contribuyó a hacernos la vida más amable ni el psicoanálisis más practicable, aunque estuvo indisolublemente ligada al psicoanálisis no médico,protagonizado por una enorme masa de psicólogos. Fue tragada por las siniestras fuerzas ctónicas del imaginario argentino neocolonial middle-class y metropolitano, lleno de envidia olímpica. Nada parece brillar en su superficie salvo la moda, con un seminario de Lacan debajo del sobaco, y nada en el alma.Si la última generación de psicoanalistas contemporánea de Freud pudo bautizarse como de peculiares, sensitivos y soñadores (Fallend), la marcada aquí por la impronta lacaniana, desgraciadamente en su mayoría, puede caracterizarse como de pedantes, adaptadores y agoreros, cuando no yuppies.Pedantes por su barbarie cultural, adaptadores por sus efectos, de la clínica ala vida, y por su discurso monótono, una continua adaptación de la letra del canon lacaniano según la acuñación del amo(9) local o importado (en general actualmente Jacques Alain Miller) de turno. Agoreros al fin porque no dejan de hacer el juego al ágora y la autoprofecía del capitalismo.

Deberíamos dedicar este trabajo a Frantz Fanon, Albert Memmi y Edgar Morin, sobre todo por su Vidal et lessiens, crónica en gran parte de la vida de los judíos de Salónica durante la égida turca.

Desventuras del colonizado en países que son una pesadilla, y no Wonderland.

Quizás nuestra experiencia sirva o vaya a parar al agujero del tacho de la historia, siempre negada y falsificada, como lo demuestra el psicoanálisis: cuando estuvimos en Rusia (2000) vimos arusos y rusas apurarse a “recuperar el tiempo perdido” para retomar el neocapitalismo y los “jobs” supuestamente redituables tales como una práctica psicoanalítica privada: SSS, sujeto supuesto al saber, después de las URSS y las SS. Carpe diem.

Lacan fue un gran psiquiatra, un dandy, un gran orador, un francés total parisino oriundo de las provincias estilo Jacques, un ambicioso como Dalí, genio erudito, enciclopédico y mistificador de sus fuentes, y un psicoanalista excéntrico, en el sentido más lato de la palabra. En nuestras latitudes lo sabemos. Moesta et errabunda(10),y vers l’haine (Verlaine)(11).

Una colega argentino-brasileña propone que la de Lacan fue una clínica de la pulsión de muerte en una civilización consagrada actualmente a la tanatopolítica (Agamben). Eros parece haber desaparecido. Porné rige todo en el Mercado Mundial.

Para hacer un Lacan “a la turca”habrá que aprovechar bien la borra del café, lo que queda.

 

1)         El estadio del espejo

 

Nuestra mediación se hace meditación.Tomando de Ferrater Mora la distinción entre especulación, lucubración y contemplación, actividades totalmente lícitas y enriquecedoras del espíritu que luego fueran denostadas por el positivismo, vemos que la metáfora del espejo, en Lacan, es brillante, lucubra, da luz.

Trabajo presentado y perdido en el Congreso de Psicoanálisis de 1936, mientras Lacan asistía a las Olimpíadas donde los nazis perdieron vergonzosamente frente a los negros y se hacía…¡la primera transmisión de televisión de la historia!, el estadio del espejo puede abreviarse, simétricamente: ede, formador de la función du je, ou du jeu. El pensamiento de Lacan se revela allí fecundo y altamente especulativo, cosa de la que Freud se defendía, en tanto Freud sabía que trabajaba en última instancia desde la conciencia, para llegar al supuesto del inconsciente. Lacan pretendió trabajar desde la “cosa”, desde “la estructura”.

El espejo va solidificándose y perdiendo oscilación hasta convertirse en prosopopeya en “La cosa freudiana  (écrits): “Porque este pupitre no es menos tributario que el yo del significante (…) Se cuenta queen esa calle de París, durante la fiebre de especulaciones qué condujo al crack del banco Law, un jorobadito alquilaba su espalda como pupitre. (…)Por otra parte, las significaciones a que remite el pupitre no tienen nada que pedirles en cuanto a dignidad a las que interesa el yo, y la prueba es que envuelven ocasionalmente al yo mismo, si es por las funciones que el señor Heinz Hartmann le atribuye de que uno de nuestros semejantes puede convertirse en nuestro pupitre: a saber, mantener una posición adecuada al consentimiento que pone en ello. Función operacional sin duda que permitirá a dicho semejante escalonar en él todos los valores posibles de la cosa que es este pupitre: desde el oneroso alquiler que mantuvo y mantiene todavía la cotización del jorobadito de lacalle Quincampoix por encima de las vicisitudes y de la memoria misma del primer gran crack especulativo de los tiempos modernos, bajando po r todos los oficios de comodidad familiar, de amueblamiento del espacio, decesión venal o de usufructo, hasta el uso ¿por qué no?, también se ha visto semejante cosa, de combustible”.

Prosopopeya aliada al significante,la crisis del 30 resuena en ella, con la experiencia de todos los “yo” que se“jorobaron” (en argentino es perjudicarse) en la especulación típica del capital financiero.

2)         Función y campo del lenguaje y de la palabra en psicoanálisis.

 

Escrito en los años 50, llamado el Discurso de Roma, por su origen, este texto de los escritos nos parece el más ilustrativo y el mejor del pensamiento lacaniano por el nudo de cuestiones que aborda y su accesibilidad.Y por la posición de Lacan.

Encontramos a Lacan  todavía en un diálogo directo con Freud y sus casos, fundamentalmente los llamados Hombre de las ratas y Hombre de los Lobos,(de los que Lacan hace sus primeros seminarios (inéditos) en su consultorio por esa época) antes de empezar su ciclo oficial de seminarios en lugares públicos que llegarán hasta los 80. Función y campo anuncia todas las dimensiones de la teoría lacaniana.

Una versión anterior, la conferencia llamada ISR, imaginario, simbólico y real hace una prodigiosa dialéctica de los famosos tres registros aplicada al proceso del análisis, que valdría la pena retomar afondo, quizás insuperable. O quizás irrealizable.

De cualquier manera muestra que la Aufhebung Ubicada allí la cura psicoanalítica como una función del lenguaje y en el campo singular de una palabra que pasará de la intersubjetividad a la intersignificancia y del Otro al otro, en tanto soporte del objeto a,  lo real aparece allí como lo irreductible de cada subjetivación y lo que plantea los problemas de la transferencia y de la presencia del analista y el analizante. Y el fin de análisis.

 

3)         Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano

 

Este escrito, prácticamente el último de la compilación postpublicada como écrits, (París, Seuil, 1966), ya está marcando la diferencia entre el inconsciente freudiano y el lacaniano, puntuada en el Seminario de los 4 Conceptos y afirmada del todo en el Seminario de Caracas de 1980: “los 3 de Freud no son los míos”. Yo, ello y superyó quedan suplantados por imaginario, simbólico y real.

Abigarrado resumen y composición pastiche de múltiples cuestiones, indica la inmersión total de Lacan en el campo de la topología que acá implica la recensión de todas las figuras de sus grafos del deseo, como fracaso anunciado, ya que serán sustituidos después por el nudo borromeo en sus distintas variantes.

Principio del fin del fracaso de Lacan, a nuestro parecer: los topoi del discurso, de una rhesis del inconsciente que pudiera recuperar los prestigios de la retórica y la poética,en función de verdad,  pretenden convertirse en topos reales de una Weltanschaung omnisciente que pasa por todas las disciplinas y pretende llegar a mathemas  reales, que no son más que hipóstasis intelectuales.

 

4)         Los seminarios

 

Los  primeros (1-6), son luminosamente claros e inagotables en la exégesis de Freud (por ejemplo Formaciones del inconsciente). Hamlet de pronto parece hacer, en el seminario del deseo, una rara torsión hacia los extravíos de la conciencia en los que se perderá Lacan en el futuro, por momentos, haciendo nudos en el pizarrón. Nuevamente Inglaterra hace de raro espejo.

Los del medio (7-20), desarrollarán a pleno su posición de excomulgado,ya indisolublemente ligada a la école Freudienne de Paris, de la que será factotum, y de teorizador original, ya sin lastres, desde el X , La angustia, sobre todo, hasta Encore, el XX, donde un hálito de frescura atraviesa y renueva las cuestiones, que se han vuelto a fosilizar.Lacan se dio cuenta de que estaba todavía en cuerpo, en corps, aún hablando de la caridad de Freud, insólita asignación de una virtud cristiana al agnóstico Freud. Quizás sobrepone allí la caridad a la pietas, tanto la romana como la de la tragedia griega(12). De los dos polos de Aristóteles, Lacan parece haber preferido el terror: Lituraterre y Kantavec Sade, despreciando al enorme escritor y político (el legado de Caín)que fue Sacher-Masoch, muy por encima del aburrido y pobre de espíritu Sade,brillos aparte.

Los últimos (21-27) ya anuncian el viraje total de Lacan al lacanismo,desencarnado, sometido a su trinidad borromea, como si ya hubiera arrojado el pellejo en los viejos y breves gestos elípticos de un obispo eclesiástico, casimudo, de pope de una nueva iglesia. Curiosamente también allí hace un cierto pivote especular Inglaterra, o al menos el inglés, si bien bajo el giro irlandés de Joyce, y aún habiendo publicado su Ulises en París. Joyce el síntoma apto para ser estudiado 300 años no parece más que el deseo de Lacan.

 

Lo que en Freud es error, errancia, agnosticismo, estudio del fragmento(ein Stück), avatar del Naturforscher impregnado aún de Naturphilosophie,pero sobre todo Kulturtrager Kulturmensch, cosmopolita del imperio austro-húngaro atravesado por las encrucijadas culturales que harían de él uno de los últimos faros del Occidente de la Abenlad. Mucho cabe todavía estudiar a Lacan, sin olvidarse la función de la silla turca, sede de la hipófisis: bajo la fisis estamos todavía,esperando al androide. Ya que el diwan parece haber desaparecido en el tiempo corto del capitalismo salvaje, sin tiempo, sin sujeto, desde Auschwitz. Y antes, con el genocidio armenio.

 

O, die bittere Stunde des Untergangs,

(…)

Und der süsse Gesang des Auferstandenen.

(¡Oh, las amargas horas del ocaso,

Y el dulce cantar de los resucitados!)

Georg Trakl

 

 

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Schmidl, U., Der erste deutsche am Rio de la Plata

 

(1)

La ocasión de este texto, que vale también  para esta periferia, fue un pedido de la revista Monokl de Estambul, ligada a una Universidad de Turquía,de que les hiciera un trabajo académico sobre Lacan. Dicho trabajo fue retirado por mí ante la siguiente respuesta, inaceptable y vergonzosa, a mi pregunta sobre el genocidio armenio, inspirándome en la impresionante La casa de las alondras de los hermanos Taviani: “Dear Lecman, I have not seen the film you mentioned about but my political position on the films focusing the-legendary- Armenian genocide is based on the well-known Turkish answer:”it was not a ‘genocide’”. Lo lamentamos, recordando el buen trato que recibieron los judíos de Salónica bajo la égida turca, según cuenta Edar Morinen su Vidal et les siens.^

Recientemente escribimos : “Un emblema: centro y periferia”publicada en el número 5 de Acta Iassyensia Comparationis, revista de la Universidad.

 

(2)

Extraemos de nuestro “Espejismos, espejeos y mortificación” publ. el  26/09/2002, en www.elsigma.com:  “En Más allá del principio del placer,encontramos en Freud la palabra Spiegelung, literalmente “espejeo”,aunque su sentido es el de “reflejo”. Y, en una atenta lectura, decimos que noes por nada, porque Freud podría haber usado el término Reflex, más ajustado a reflejo.Vemos allí entonces que el espejeo oscila en la apertura /cierre del inconsciente en la transferencia de lo más profundo de lo real psíquico: sexual y mortal.”^

 

(3)

Curiosamente, tanto Freud como Lacan mueren en las vísperas de dos monstruosidades: Freud, de la segunda guerra mundial; Lacan, de la caída del muro de Berlín, de la desaparición de cualquier alternativa. Es chistoso entonces que en su Seminario de la disolución de 1980, Lacan diga: “cuando suceda que vaya a ser Otro”. Creemos que el gran Otro vacío del capitalismo, elGran Hermano, viene preparándose desde el monoteísmo de Akhenaton, en e limperio egipcio, rastreado por Freud en su Moisés, para tragarnos a todos si es posible.^

 

(4)

Schmidl, U., , mercenario alemán al servicio de la corona española entre 1530 y1555, es el autor de la primera crónica sobre la primera y fracasada fundación de Buenos Aires, rodeada de rapiña, miseria y antropofagia, practicada por los españoles, no por los indios.^

 

(5)

  Nuestra referencia es Ramonet, I., “.No hay choque de civilizaciones. El ingreso de Turquía a la Unión Europea. ^

(6)

  Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, Douglas R. Hofstadter. Tusquets Editores, 1992. El original es Gödel,Escher, Bach: an Eternal Golden Braid – comúnmente GEB  (1979). Nacido en 1945 e hijo de un premio Nóbel 1961 en física atómica, miembro privilegiado del archifamoso MIT, no debía desconocer la bomba atómica ni el verso de Celan de Todesfuge: deingoldenes Haar, Marguerite… Ningún bucle eterno inasible sino el fechado históricamente e irreversible de la destrucción atómica y todos los exterminios. Se suma a esto, en el prólogo una típica historia de vida de la Argentina^

 

(7)

Hemos visto en Ginebra, donde vivió Rousseau y murió Borges, nuestro héroe local, que su famoso chorro de agua era activado sólo en horarios especiales.Ciudad particularmente avara y fastuosa, la suiza, muy bella por cierto, donde los latinoamericanos fuimos tratados en un restauran con asco, a pesar de hablar perfectamente francés y estar muy chic, mientras que un perro fue tratado y albergado allí mismo con dulzura. Cosas de la “neutralidad” suiza,tan proclive a captar los capitales nazis y otros no santos. De paso digamos que el psicoanálisis no tiene nada que ver con la neutralidad, que no existe en política y de la que Freud nunca habló.^

 

(8)

En Mannoni, M., La théorie commefiction, ed. du Seuil, París, 1979. Maud Mannoni faltó así al respeto a la invitación especial que le hizo Masotta (1972) a unas Jornadas en Argentina, y alabó en cambio a la oficial y reaccionaria IPA, ¡la misma que había echado a Lacan!. Si un argentino hubiera hecho esto en Francia, con su chauvinismo, lo linchaban.^

 

(9)

Debemos mencionar aquí la condición de amo, Maître, de Lacan,excelentemente analizada siguiendo a Hegel por Borch-Jacobsen, al que tradujimos, antes de que se pasara a un revisionismo antifreudiano y antilacaniano del peor gusto freak yanqui, consiguiendo un puesto en la University. ^

 

(10)

Baudelaire, Ch, Les Fleurs du Mal, “Moesta et errabunda”

“Dis-moi,ton coeur, parfois, s’envole- t-il, Agathe.

loin du noir océan de l’immonde cité,

…………………………………….

L’innocentparadis plein de plaisirs furtifs?

est-il déjà plus loin que l’Inde ou que la Chine peut-onle rappeler avec des cris plaintifs,

etl’animer encore d’une voix argentine,

l’innocentparadis plein de plaisirs furtifs?”

^ 

 

(11)

Acuñábamos esta expresión en un homenaje al psicoanalista francés Jean Clavreul: “Hommage à Clavreul et autres.”

“Il pleut sur la ville, Buenos Aires.

Je pourrais donc citer Verlaine (“il pleut surmon coeur…”).

Vers la haine, peut-être, puisque voilà tous les exilsen exécution.

Tout s’en va. La vie, la mort, le temps emporte tout.Un autre enfoui, après Jean Bergès, et d’autres: Jean Clavreul.

Hommaged’un inconnu lointain dû à un certain ravissement par son discours sur laditeperversion.

Marguerite Duras aurait quelque chose à dire, via sonalcoolisme, ravi par Lacan, mais elle n’a rien compris dudit Lacan et son objetindicible, elle a écrit, de l’Indochine à Paris, passant par la douleur,quelque chose de l’inceste et autres.”

Teodoro Lecman.^

 

(12)

No se trata de confusiones en Lacan, sino de deslizamientos. Vale recordar aquí, como lo hicimos en una exposición reciente sobre La ayuda mutua,que la caridad, despreciable y despreciadora, es el sustituto degradado de la solidaridad, según Kropotkin, en la sociedad de competencia feroz capitalista.^

 

Teodoro Pablo Lecman

Oscuridad de la lectura

 

 

A veces, como una pequeña música nocturna, se suceden los signos del trabajo del símbolo, pasado el tiempo. Otras veces, en un a posteriori tratamos de hacernos responsables de esos signos, allí donde inventamos constantemente lo que no tiene sentido ni remedio, ni absoluto: la sexualidad, la destructividad, la verdad, el trabajo, la muerte.

Leemos así en el síntoma, compilando (como los sistemas informáticos acaso), una Babel de lenguajes, de gritos, de cuerpos que soportan demandas inextinguibles, deseos que buscan su lugar, goces extinguibles, mortíferos, mortales (en el siglo XXI).

Oscilamos entre la lectura y la escritura.

La lectura puede ser infinita y la escritura alinea y aliena.

En el límite, el cansancio, el sinsentido, la castración. El cuerpo.

Si la escritura es en cierto modo una mirada, una puesta en mirada de la voz y sus signos, la lectura es una especie de escucha de la escritura, de los ruidos y los golpeteos de los dedos. Del trazo y el resto del “cadáver viviente”, “ex – quisito”: agitado entre Leib/Liebe/Lebens [cuerpo-cadáver/amor/vida], o mecido por el odio: Hass lo que no debes hacer.

Intentamos recuperar para la cura el trauma real del encuentro/desencuentro cuerpo-mundo, en el lenguaje y con el lenguaje mismo, que el sujeto traduce para sí, cayendo en las redes del sentido y sus agujeros. El límite es una indicación, una Deutung, una deixis del troumatisme (agujero y trauma), de los golpes de las tramas del telar sobre un cuerpo hecho signos. No piercing, ni tatuaje, que son actualmente (no en su origen etnográfico) negación de toda lectura como recolección inteligible, escritura pura del sistema en su sinsentido tanatopolítico, muerte del sexo y de toda alegría de vivir: ex – posición sadopornográfica. Buscamos la letra de cada uno. (Freud x Masotta).

Hemos escuchado a analizantes alegar una piadosa depresión o una fobia diagnosticada o una curiosa inmunidad a las enfermedades (la neurosis todavía tiene cierto cartel, aunque vamos hacia la Perversionenlehre), mientras navegaban fluidamente en la Mehrversion[1] pre-dominante del lazo social. Invertido el signo, huyen. Reacción terapéutica negativa, decía Freud. O se operan para evitar en acto la castración. En la represión la evitamos todos. Es ilegible, aunque analizable. En acto, no.

Leerse a sí mismo es imposible pero se mediatiza, no en los mass media. Uno se busca en lo que lee y se pierde en lo que escribe. Una singularidad que hace a una razón a-terradora.

¿Quién lee a quién? ¿Quién le escribe a quién? ¿Quién escucha en este caos mundializado en un libro del desconcierto, de la discordia?: la Biblia, el Corán, los Vedas, la Teogonía de Hesíodo, el Cosmos chino, Pachamamas, Vudús, Umbandas, Yogas, cosmogonías varias…y este mundo fractal en pánico global de bombas, crisis financieras y las eternas del hambre, y las provocadas. Las sectas y el fascismo resurgen, en lecturas delirantes que dan mucha “seguridad”. Todos piden seguridad, que es inmunidad. Harían mejor en pedir socorro.

 

Imposibilidad del trabajo del símbolo. Jugarse la vida

 

La idea de la lectura como placer, según Roland Barthes o Borges, vale para el simple lector de bestsellers, pero elude su sentido en el trabajo del símbolo en la cura, de obstáculo imposible, de sinsentido, y de más allá del principio del placer, sin lo cual no sería humana, sino signo animal. En ese más allá hemos visto casos que se encuentran con la muerte.

Lo no leido es también lo inconvertible o lo intraducible de lo escrito, y la tiranía global de la razón gráfica en “Occidente” (occidere: matar), como dice Jack Goody. En el cuento de Flaubert: Bibliomanie, un librero se desespera por la posesión imposible de un manuscrito mítico, de valor incalculable quizás, y aparece clara esta imposibilidad de la lectura (también en la letra chica de los contratos monopólicos por los que uno es esclavo). Flaubert (fléau vert: peste verde) escribe allí: “amaba la ciencia como un ciego la luz./ o/ se encontraba como un hambriento ante el oro”. Más que el placer de la lectura, es el obstáculo, similar a la desvalorización de la represión por razón de recompensa de Tausk: ¿que puede llevar a levantar la represión, al servicio aparente del principio del placer, con el peso de la enfermedad, el peso de la historia en la enfermedad mortal que es el ser humano? Claro que sin embargo esa lectura del obstáculo trae dolor y un placer restituido, sublimado casi, estético. De ahí habría que poder pasar al nivel ético, según Kierkegaard, y luego al político (él lo llama religioso): muy difícil porque en él se juega la vida, como se la jugó Kierkegaard.

 

Imaginarse

 

La lectura es imaginarse una voz. Por ejemplo, la de Freud, sorprendentemente chillona, vienesa, quizás también por el “monstruo”, la prótesis en la mandíbula cancerosa, en una emisión en Londres, por 1938. No buscaba seducir ni convencer ni provocar, sólo demostrar, deixis. A comparar con la voz “histérica” del pequeño hitler, paródica de un famoso parapsicólogo de la época, estudiado por riefenstal, la cineasta de hitler (muerta hace poco, a los noventa y pico, impune, con todos los honores), y tan bien expuesto por Ivan Szabó (¡acusado a su vez de delación para el stalinismo, oh, historia!) en Hanussen.

La lectura es también imaginarse representaciones, fantasías en el sentido estoico.

Cada uno tiene las de su circunstancia y círculo: sus grupos, la época, la vulgaridad, la ciencia, los discursos estandardizados, los errores inevitables de toda existencia. Allí se juega la facilidad o la dificultad, la fluidez de la lectura y la conciencia (¿cómo leer el Ulises de Joyce?), el esfuerzo por llegar al final, o el suspenso que obliga a anticiparlo. O simplemente a interrumpir la lectura, lo que siempre ocurre.

 

Transgredir

 

Deseamos una lectura transgresiva y una imaginación creadora razonada, criticada, controlada.

Hace mucho ya (La Razón, Psicología) propusimos para el psicoanálisis una lectura sintomática, transferencial, luego sistemática, seriada, y no dogmática, porque todo sistema absoluto (Hegel es insuperable en la Idea) cae bajo el trauma de lo real (Hegel ha muerto). Aufhebung. Dialéctica que conserva negando y se disyunta en lo universal y lo particular vía singular, mientras el pobre buey sigue llevando su yugo. Estratos que emergen y se dislocan. Trenzas de lectura, paradojas a sostener siempre, vías inextinguibles…

¿Y ya en la transmisión, el obstáculo se supera por una identificación mutua?

La transgresión misma sólo puede ser una transgresión razonada. Incluso a la “neutralidad”. Toda transgresión no razonada, revulsiva, es reabsorbida por el sistema y por la represión.

Hay una “razón”, quizás sólo una en toda una vida que nos transgrede, la del/de lo inconsciente, lo no sabido, Unbewusst. La de cada uno. No arbitraria en el sentido de caprichosa. Casual pero causal. Con férreas relaciones con la Sinrazón universal, la que proponía Foucault, lo que Lacan llamó el omnipresente discurso humano.

 

Parodia

 

Si la historia se lee como síntoma, como parodia, (Masotta, Hegel, Marx) ¿se lee la tragedia en la comedia? ¿y en la enunciación mentirosa de la sra. K, como la de Epiménides?

Como en el Saint Genet (gêne: molestia) de Sartre, cada uno es como una hoja que se siente leida en voz alta que no entiende lo que se dice de ella y no puede leerse a sí misma. Raíz de lo traumático del sinsentido y del núcleo de ingenuidad, de sinceridad imposible que hace que la autenticidad caiga y se recupere sólo de lo podrido, de lo traicionado, dice Sartre. Con responsabilidad.

A contrapelo de la infancia, se puede leer el fracaso de los signos, desde el dolor y desde lejos, hecho poema:

 

“para leer la escritura, cuyos signos

desde la infancia habías grabado lentamente en ti,

intentando de tiempo en tiempo formar con ellos

una frase: y te parecía siempre sin sentido.

Lo sé, lo sé: tú te tendías allí palpando

las ranuras igual que si palparas

la inscripción de una tumba. Cualquier cosa

te parecía arder, la tomabas por antorcha

iluminando ese renglón, mas la llama se extinguía

antes que lo abarcaras, quizás con tu aliento,

quizás por el temblor de tu mano, acaso

por sí sola, como a menudo se extinguen las llamas.

Nunca lo has leído. Pero nosotros no osamos leer

a través del dolor y desde lejos.

Rainer María Rilke, “Requiem por Wolf…”

 

O en las metamorfosis de la alegoría:

La alegoría en cuanto signo que se hurta claramente al significado ocupa su lugar en el arte como contrapartida de la apariencia bella, en la que el significante y el significado se funden entre sí. Si la alegoría pierde su carácter esquivo, pierde su autoridad. Es el caso de la pintura de género. Éste da «vida» a las alegorías, que ahora, súbitamente, empezarán a marchitarse como flores. Sternberger ha tocado este tema ( Panorama. (Hamburgo, 1938), p. 66): “la alegoría, que parece haberse vuelto viva, que  ha entregado su duración y su rigurosa validez por el plato de lentejas” de la vida aparece con razón como creación del género. En el Jugendstil parece iniciarse un proceso inverso. La alegoría vuelve a ser más esquiva (J83 a, 3).  p.380, “Apuntes y materiales; Baudelaire”.

Benjamin, Pasajes.

 

Por último, cabe la lectura de la “lógica de las transformaciones” (Ferrater Mora y Safouan). Impuesta por el estructuralismo y sus “pos” o sus poses, propone una lectura “estructural” de todo, y es el triunfo de la tecnocracia, totalitaria o fragmentaria, en el discurso. Si bien logró acabar en parte con los conceptos hipostasiados y metafísicos, llevó a una metafísica de la estructura, proclamada real puro, o “acontecimiento”. Sartre, tenía razón: es la última (?) resistencia contra el marxismo, y un refuerzo del fin de la historia como capitalismo absoluto, estructural, ahora catastrófico (Klein, Beck).

 

Entonces, contra el fin de la historia, nos gusta echar el guante de la retórica especulativa de Pascal Quignard:

 

“Nadie escucha su propia voz, que es un rostro. Nadie escucha su propio acento, que es un lugar. Nadie escucha la inflexión de su voz, que ofrece la tarjeta de presentación casi japonesa con el signo de pertenencia social al que apela por sus intenciones. Nadie escucha y todos obedecen a ese sonido, a ese acento, a esa inflexión que los guían. Nuestras quejas desenmascaran en nosotros un triste goce. Nuestras protecciones nos acusan. Nuestras fobias cuentan nuestra vida de manera más indecente y más directa que nuestros propios sueños. Nuestra ropa hace detalladamente una lista de nuestros héroes. Nuestros vicios delatan menos el régimen de nuestros placeres que la sombra de nuestros temores. Nuestro cuerpo no es más que el esclavo sometido a todos aquellos con los cuales se ha identificado, es decir, los tiranos familiares, muertos desde hace mucho tiempo, que en la medida en que están sepultados tiranizan más intensamente ese cuerpo que han generado, por el deseo que sentimos de repatriarlos en nosotros como en unas tumbas. Nuestra apariencia tiende sus cadenas a la dominación errante. Nuestra mirada lo dice todo y los anteojos negros todavía más. La máxima de Descartes, “Larvatus prodeo” (“Me adelanto enmascarado”), es una exhortación aún más imposible que la misma sinceridad, que nos resulta imposible a fuerza de ignorancia sobre nosotros mismos; exponer una máscara, en latín una persona, exhibe aún más sobre uno mismo en esa elección que la complejidad immediata. Nadie sabe lo que muestra cuando oculta. Apuleyo pone en escena a un hombre tan desgraciado que estalla en sollozos cuando su amigo le trae el recuerdo de una mujer que lo desea y de la cual tiene miedo. Debido a que cubre con su túnica remendada su cara hinchada de dolor, desnuda el resto de su cuerpo desde el ombligo hasta el bajo vientre.”

 

 

Soñar y estar despierto

No se puede soñar y estar despierto a la vez. Salvo en los momentos de entrada y de salida (hipnagógicos e hipnopómpicos) del sueño: allí es el espejo del yo, el fenómeno funcional de Silberer el que predomina. Una mise en abîme angustiosa, obsesiva o paranoica, en la hendidura de la subsunción del yo al mundo, donde va a perderse. Esa béance está suturada precipitadamente por los sofistas de retóricas perfectas, de los que el campo analítico y el ideológico está lleno: yo lo he leído todo, yo lo sé todo, yo lo explico todo. Yo diré

la verdad sobre la verdad: Lacan cede a esa tentación: la hace venir de afuera, como una alucinación, o una a-lacanización: “me piden que diga la verdad sobre la verdad” (no soy yo el que los engaño prometiéndola). Alunicemos, pues estamos perdidos (se alunizó en los 60, la bomba ya había explotado en la Tierra en el 45, el genocidio se perfeccionó hasta el paroxismo técnico en la guerra y los campos del 14 al 45). Vivimos ahora esa errancia, con el Dr. Insólito (“o como aprendí a no preocuparme y amar la bomba”, deliciosa película de Stanley Kubrik/Peter Sellers). Errancia del símbolo en la época de la globalización arrasadora. El trabajo del símbolo en esta época es de una penuria extrema para quien Freud llamó un Kulturtrager, un Kulturmensch, y Lacan consideró el alto oficio del símbolo en el analista (para tratar lo más bajo -Lorenzer) en esta insoportable precariedad del “ser”, arrasado por la mentira.

[1] Permítasenos este juego de palabras: si Lacan parodió la perversión como versión del padre, siendo ambas, la del padre y la de la madre, funciones simbólicas (parentalidad en general, parents, como dicen los franceses), aunque no simétricas,  dado cierto predominio de la madre en algunos discursos, ¿por qué no hablar de merversiones, versiones de la madre?: “más versiones”, parodiando el Mehrlust (plus de gozar de Lacan), a su vez parodia del Mehrwert, la plusvalía de Marx, verdadero fundamento del lazo social actual.

Me cuentan que alguien muere, simbólicamente, aplastado por un cajón de verdura, como los dólares, verde mierda. Se trabaja. Versiones entonces también de la mierda, merde, en tanto el fetichismo del dinero y la mercancía roza la analidad… A veces, lo que el Psicoanálisis reprime, metaforiza, es la Economía política y lo que ésta metonimiza es el Psicoanálisis. Se entendería así que no pueda haber una teoría única de los dos campos, que se intrincan. – “Más, madre, mierda”-: sin dios, sin padre, sin valores, en la escupidera general de la plusvalía el niño del sistema aprende el valor del dinero, se merca, se marca. (Adolescente, “transa”. Adulto, degrada. Viejo, es “patético”.  Y otras variantes) Hay que hacer fuerza con lo único que garantiza que los otros hagan algo, por fuerza: el dinero, un puro símbolo firmado por el director del Banco Central, o el Presidente del Tesoro, un resabio del padre, aunque en “general” es un renegado de todo, burócrata del olvido: en realidad puro síntoma de la sociedad anónima, en jauría, en horda retrogradante: maffia.

Alguien decía que en la cultura hay dos prohibiciones: la del incesto y la del asesinato del padre. Más bien son la del incesto y la del dinero: el padre ya asesinado en el mito fundamenta retrospectivamente la prohibición de la cultura, según Freud y Lacan, no al revés.  Más allá de ese asesinato patriarcal, y del matricidio, que podría ser previo, según Bachofen y lxs feministas, el genocidio es aún más básico en la cultura: el ser humano define su humanidad por exclusión genocida, del genus: por la muerte de lo humano, por lo in-humano. El dinero es el significante obligatorio que preleva y anula todo lo existente, y está prohibido considerarlo como mero papel. Si no, considérenlo en su bolsillo, y piérdanlo. O sean robados. O pregúntenselo a los que son bombardeados y expulsados por el lucro sin límite en una de sus variantes: el oro negro, el petróleo. O tantos otros.

Teodoro Pablo Lecman

Proemio

 

Cartas de Freud a Fliess: ¿qué es lo que fluye (fliessen) de la boca (Sig-mund) a la nariz del otorrinolaringólogo, de la alegría (Freude) a la seriedad (Ernst) y la voluntad (Wille, Wilhelm, Wunsch)? En el medio la garganta de Irma, cuyo recordatorio abandonado y sucio de los desechos de fin de año, en el Bellevue de Grinzig, afueras de Viena (Wien), sin música y con chocolate Mozart pudimos ver(1). ¿Pudo acaso prever Freud desde la libertad (Freiberg) que todo terminaría en el Lager para sus hermanas y en el exilio para él, de Edipo a Moisés, en un largo don de ausencias (London), en una isla de olvido?

Notas de lectura. Lugar de encuentro y desencuentro. Una leyenda quiere que en los extremos de todo arco iris, inalcanzables, haya un tesoro que deberíamos ir a buscar.

Tesoro del significante, la huella, el rasguño que la palabra, en su largo surco traza, produce la falta en lo real. Agujeros hay en el mundo, pero no faltas: ésas son para nosotros.

La amnesia puede quitarnos todo, lo mismo que la afasia, la lesión o la simple muerte. O la rapiña. Hemos sido y otros han sido: surge de allí el deseo de un encuentro imposible, recubierto de amor, único consuelo para una angustia sin fin, pero con término… Lección sobre la lesión, lesión de haber nacido. Herida absurda. Edipo en Colono.

El odio es primario (Otto Rank).

La lectura trata de borrar el olvido.

El No Ser es también primero, y final, como dice Valéry, y uno su defecto, parodia Lacan.

Sol brillante.

La ausencia es plena, en la carne. De la ausencia a la falta salta la chispa de la metáfora. El  símbolo pretende reunir, o esgrime el mito de poder reunir a dos amigos separados, o a dos amantes. Pero cada uno sigue en lo suyo, como dice Rilke. El ángel pasa por el medio.

Escribir es cribar: no se escribe nada, se teclea en pantallas fluorescentes, borrables totalmente. Ni qué decir del semen que fluye del cálamo. época de Freud donde el síntoma hacía relación sexual, su semblante…Ahora hace máquina de goce virtual.

Notas de lectura, notas de cata, reminiscencias, sin ciencia: en las letras sabores del saber, aromas de maestría, gustos de la singularidad (autoanálisis, desde Freud). No letra muerta. Y con el análisis de otros.

Hace años un compañero de estudios con Oscar Masotta, Antonio Godino Cabas, iniciaba una interesante serie de notas de lectura en una revista en la que publicamos: Actualidad Psicológica. Emigró a Curitiba, para dedicarse a la cura y otras cosas. Exilios.

 

Vacío

 

Del deseo del analista se trata y una invitación nos lo dispara. Leemos. En efecto, ¡en París!, en Espaces Analytiques, Moscovitz propone:

 

« Le désir de l’analyste « libido à couleur de vide », comme le formule Lacan,  nous met face à un réel  – celui de la parole de l’analysant – qui  le rend responsable, tout autant que l’analyste est responsable du rapport/non rapport du sujet au collectif. » [el deseo del analista « libido de color del vacío », como lo formula Lacan, nos pone frente a un real –el de la palabra del analizante- que lo hace responsable, tanto como el analista es responsable de la relación del sujeto con lo colectivo].

 

Libido de color del vacío. Imagen del terapeuta de Magritte.

¿Pero cómo imaginarse una libido vacía, si de eso se trata? ¿No será por la cual « se cuela » el vacío ?

En El deseo y su interpretación (1º julio 1959), Lacan dice:

“Lo esencial en el análisis  (…) ser aquel que se ofrece como soporte para todas las demandas y que no responde a ninguna ¿es solamente en esta no respuesta que está bien lejos de ser una respuesta absoluta, que se encuentra el resorte de nuestra presencia? (…) nuestro deseo debe limitarse a este vacío, a este lugar que dejamos al deseo, para que se sitúe allí en el corte (…) que es sin duda el modo más eficaz de la intervención y de la interpretación analítica.”

Comentario: el analista se ofrece como soporte para la transferencia. ¿Quién sabe si va a poder soportar todas las demandas? En todo caso el amor de transferencia no soporta el análisis. Otros amores. Ausentes.

Presencia del vacío de esa ausencia.

En La identificación (28/03/1962), Lacan sugiere que el falo sirve como defensa contra el vacío de ser, de haber nacido. ¿Del deseo?

“¿Por qué la cosa del falo, por qué el falo viene como medida en el momento  en que se trata de qué?  Del vacío incluído en el corazón de la demanda, es decir del más allá del principio del placer, de lo que hace de la demanda su repetición eterna, es decir de lo que constituye la pulsión. Una vez más hénos aquí vueltos a ese punto que no superaré hoy de que el deseo se construye en el camino de una pregunta que lo amenaza y que es del dominio del “n’ être”,  que ustedes me permitirán introducir aquí con ese juego de palabras (…) a saber que la primera razón de ser, de la que ningún legislador hasta el presente ha hecho constatar para el nacimiento de un niño, es que se lo desee y que nosotros que conocemos bien el rol de esto, —haya o no sido deseado— sobre todo el desarrollo del sujeto ulterior.”

 

Palabra

 

¿Del falo a la palabra, o del goce no fálico a la palabra, qué cosa? El goce de la palabra puede ser fálico pero el del blablablá y el de la pérdida abstemios, vampiros de ausencia. Allí sí cabe volver a lo real de la palabra, su poder, rasguñando las piedras.

 

En sus Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis, título “Palabra”, Kaufmann comenta:

“La palabra separa al sujeto del Otro, y una de las consecuencias de esto puede ser el síntoma, pero también la sublimación. En efecto, si este goce fuera realizable, el sujeto se confundiría con el otro: no habría allí nada en absoluto. En este sentido hay que entender que la palabra es un acto y también una producción de deseo, pues articula al sujeto con su estructura, que sostiene a la vez las leyes del lenguaje y del saber de la lengua del inconsciente. La técnica analítica posibilita que el Es freudiano esté a la altura del sujeto, es decir que en el análisis se trata de reintegrar el saber «en el movimiento de dirigirse al espejo vacío del analista»: en el interior de cuatro lugares abiertos en el discurso (el que habla, el que recibe la palabra, el efecto producido, la verdad como tal), la palabra producirá el objeto a causa del deseo. La palabra es entonces a la vez eje del síntoma y de su remoción, eje del analizante y el analista, eje del cuerpo y el pensamiento, de la vida y de la pulsión de muerte. Puesto que la determinación de la ley simbólica señala que «los asuntos del inconsciente se limitan al deseo sexual» (Lacan, «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», en Escritos), «el analista conducirá al sujeto a captarse como objeto». A través de la transferencia, «reintegración imaginaria de su historia», se tratará de «desprender la palabra del lenguaje», pues «la función del lenguaje no es informar, sino evocar. Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro. “

Y en “La escansión de las sesiones”, en el título “Tiempo”:

En «Posición del inconsciente», Lacan dice que «la transferencia es una relación esencialmente ligada al tiempo y a su manejo» (Escritos). En tal sentido, la sesión escandida representa «el modo más eficaz de la intervención y de la interpretación analítica» (Seminario del 1 de julio de 1959). Lacan prescribe que el deseo del analista debe limitarse al vacío, al corte, a ese lugar que le dejamos al deseo para que allí se sitúe. Lo que se produce al final de cada sesión escandida es inmanente a toda la situación en sí. La escansión no tiene obligatoriamente lugar al final de una sesión; puede sobrevenir al inicio o al final de varias sesiones. Por este acto, el analista se compromete físicamente en una operación que presentifica el corte como tal y como dimensión temporal de pleno derecho (no hay más que un tiempo), para él y para el analizante. Se niega a resguardarse detrás de un llamado contrato de duración, que engaña [leurre] al analizante en cuanto a la obtención de algo que se le debe. Con este modo de intervención, el analista muestra su disponibilidad a la palabra y apuesta a la enunciación; se regula según la distancia entre el decir y el dicho. La escansión de la sesión, como la del tiempo lógico, toma el tiempo como acontecimiento significante y no como lugar de duración mensurable que contiene los enunciados. Este manejo del tiempo de la sesión anuda la repetición con la rememoración; lo actual de la palabra que reinscribe en el lugar del Otro la no-identidad consigo mismas de las palabras de la historia del sujeto permite acceder a lo que hace la indestructibilidad del deseo.

 

Si es cierto que existe una estructuración temporal de la verdad del síntoma, el analista debe tener medios para actuar sobre los tiempos según la lógica que gobierna esta estructuración. De tal modo le da al analizante una oportunidad de atravesar el plano de la identificación con el sujeto supuesto saber. Pues al escandir las sesiones, el analista se pone en posición de rechazo de todo saber, se priva él mismo del ideal de la acumulación del saber. Hace funcionar su deseo de analista en la distancia entre el ideal del yo y el objeto a, según la operación llamada «separación» por Lacan. Induce al analizante a emprender el camino de la declinación de su fantasma. La escansión de sesión es como un acto fallido que libera significantes. Habrá sido preciso que alguien olvide las llaves de su casa para que descubra que «casa» lo remite a «caza». La anulación de la cosa, la llave (por el acto de olvido), ha hecho surgir su naturaleza significante y la de la palabra «casa». En el corte de sesión hay esta dimensión de acto fallido que, cortando el vinculo del lenguaje con la cosa, conecta las palabras con otras palabras para producir un efecto de sujeto. Por eso el hallazgo, latente durante la sesión, se produce a menudo en la posterioridad de ésta, y el sujeto experimenta prisa por volver a su sesión para realizar allí la conexión con los significantes de la precedente.”

Comentamos: confundir la duración temporal con el tiempo del significante es justamente abreviar el tiempo, creerse dueño de la escansión, y no tan sujeto como todos. Eso va por otro lado.

De ahí curiosamente, coartada similar a la fálica, con el tiempo corto el consultorio tiende a llenarse y el analista a ocupar todo el espacio como Amo. Vuelta al poder médico biológico, que ni siquiera ya existe, porque está mutualizado o tecnificado. Tiranía feudal psiquiátrica, que Lacan supo ejercer tan bien.

 

Consultorio vacío y lleno

 

Vale entonces volver a Freud pariendo su fundamental, Traumdeutung, indicación del sueño y del trauma, de la laguna (Traum es el nombre del lago de veraneo de Gmunden, presente en Juanito, Sieg), de su obra (Werke) con Fliess:

  1. Viena, 9-10-98.

 

 

…Mis estados de ánimo, mis facultades críticas, mis reflexiones, en suma todas mis actividades mentales accesorias, han quedado enterradas bajo una avalancha de pacientes que hace una semana se me vino encima. No estando preparado para todo esto y un poco malcriado por las vacaciones, en un primer momento me sentí como apaleado, pero ya me repuse, aunque no me queda la menor energía para ninguna otra cosa. Tengo todas mis fuerzas concentradas en la labor con mis pacientes. Después de dos breves visitas a domicilio comienzo mis tratamientos a las nueve, prosiguiéndolos sin interrupción hasta la una y media; luego viene una pausa de tres a cinco, para atender el consultorio, que está alternativamente vacío  y  lleno; de cinco a nueve, más tratamientos. Cuento, sin lugar a dudas, con un nuevo caso más, con el cual alcanzaré de diez a once sesiones diarias de psicoterapia. Naturalmente, por la noche quedo mudo y medio muerto. Los domingos, empero, los tengo casi libres. Doy vueltas y desplazo las cosas en mi mente; las pruebo y las modifico aquí y allá, y no carezco, en absoluto, de alguna nueva pista. En caso de que me tope con algo, no tardarás en enterarte. La mitad de mis actuales pacientes son hombres de todas las edades, desde los catorce hasta los cuarenta y cinco años… Leonardo, de quien no se conoce ningún enredo amoroso, fue quizá el más famoso de los zurdos. ¿Puedes aprovecharlo?

 

Y más adelante:

  1. Viena, 23-10-98.

 

 

“ Quiero que esta carta llegue a tus manos precisamente en esta fecha, la más importante de todas para ti, transmitiéndote a través de la distancia que nos separa un deseo [Wunsch], deseo de felicidad [Glückwunsch], en mi nombre y en el de los míos. Por su índole misma, aunque no según el abuso que los humanos hacen de él, ese deseo concierne al futuro, más precisamente a la conservación y al acrecentamiento de tus bienes actuales, así como a la adquisición de otros nuevos tanto en prole como en ciencia; por fin, a que te sea evitado el mínimo vestigio de sufrimiento y enfermedad, salvo el estrictamente necesario al ser humano para la adaptación de sus fuerzas y para gozar de lo bueno merced a su comparación con lo malo. Supongo que estarás pasando por esos tiempos buenos de los que tan poco puede uno decir. Otro tanto me ocurriría a mí si no fuese porque la última epidemia de influenza me ha rozado con una infección que socavó mi estado de ánimo, dificultó mi respiración nasal y probablemente me haga sentir todavía alguna que otra repercusión. Martha se encuentra espléndidamente y Mathilde se adaptó a la escuela, gozando de ella mucho más de lo que habíamos esperado.

 

Mis fuerzas ya no se resienten para nada con el trabajo de las nueve a las nueve, al punto que, cuando alguna vez me queda una hora libre, siento casi el malestar del ocio. Además, vuelvo a tener la tenue esperanza de que este año lograré encontrar el camino que habrá de conducirme de mis graves errores hacia la verdad. Con todo, las tinieblas no se han disipado todavía, y no quisiera hablar de ello para no explayarme por completo aún, antes de nuestra reunión, con la que cuento desde hace tiempo.

 

Por otra parte, tampoco puedo concentrarme lo suficiente como para hacer otra cosa sino estudiar la topografía de Roma, pues el anhelo de ese viaje me atormenta cada vez más. Los sueños yacen en total reposo; me falta el incentivo de preparar el libro para su publicación, y la brecha que quedó en la psicología, así como aquella otra que dejó el ejemplo analizado a fondo, son sendos obstáculos a todo intento de conclusión, que hasta ahora no he logrado superar. Por lo demás, estoy totalmente aislado y hasta he renunciado a dictar clases este año, para no tener que hablar de cosas que todavía no he llegado a comprender… Una cosa he aprendido, empero, una cosa que hace de mí un anciano. Si la comprobación de esos pocos puntos imprescindibles para la explicación de las neurosis me ha exigido tantos esfuerzos, tanto tiempo y tantos errores, ¿cómo puedo esperar que alcanzaré jamás una comprensión de la totalidad del suceder psíquico, como lo esperaba otrora con orgullo? Teniendo esto en cuenta, recibí con triste y envidiosa sonrisa el primer tomo de la Allgemeine Biologie [«Biología general»], de Kassowitz, que me fue remitido. No lo compres: te enviaré mi ejemplar. “

(Texto destacado por nosotros)

Sin palabras.

(1)

 La admiración de Freud por el escritor Arthur Schnitzler, médico e hijo a su vez de otro famoso otorrino de Viena, que atendía a los mejores cantantes de ópera, trae la interminable ronda de los amantes en el imperio decadente de Klimt y Egon Schiele, que Freud miraba a distancia victoriana, famillionarmente, jugando al tarot y con sorna. Oh süsses Mädel (dulce niña), niña fácil de las memorias de Arthur. En el límite la castración, Schnitt (corte) y el Wienerschnitzel, la milanesa de Viena.^

CONFERENCIA EN SAN PETERSBURGO (mayo 2008). Museo de los Sueños de Sigmund Freud, adscripto al Instituto de Europa del Este de Psicoanálisis, director, Viktor Mazin, editor de la Revista Kabinet. Julio 2000.

(versión original en inglés y en castellano)

NAMES, CITIES, IDENTITIES, UNCONSCIOUS

Teodoro Pablo Lecman

INTRODUCTION

I will talk about the Unconscious in situation.As Lacan said,the Unconscious is the limbo, the land of the not realized, of desire, but it is situated.
Men are moving themselves into the cities and through cities. They carry names. They look for identities but can only get identifications and segregations. They enjoy more or less their life but the earth remains, and they pass by…

Odessa, Ucrania, Ukronia, Saint Petersburg, Leningrad; Utopia. Cities and names through which people see passing the phantoms of their ancestors.
So I can imagine Dostoiewski walking along the Nevski Prospect…

Buenos Aires, from where I come, has its saga of conquerors, killed natives and immigrants, and “desaparecidos”.
A recent Argentine film titled: “Where are you, my love, that I can´t find you”, was a metaphor of the city.
Blaise Cendrars, a great traveler, in “Hôtel des étrangers” wrote: “Mais son nom, Amour//quel est le nom de mon amour//dans la glace”.
And Rimbaud, another great traveler, wrote: “We shall enter in the splendid cities with ardent patience”. Then Skarmeta, the Chilean writer, took the expression “ardent patience” to draw the life of Neruda, that later resulted The Postino, The Postman.
Neruda, certainly, changed his original name, by that of a Czech writer.

Then,which is the letter that I am bringing here, carrying it with my name?
I don’t know for certain. Perhaps it is the Unconscious. Like Lacan says, perhaps it is a littoral of enjoyment that takes my body and envelops it in airplanes, moving it to its destiny: Saint Petersburg…or Paris (in my country people say that babies come from Paris). Or perhaps I am moving myself to no-man’s land, because if I am more up-to date, the Beatles said in The yellow submarine: “he’s a real nowhere man, making all is nowhere plans…”
Sigmund Freud was called originally Segismund. He changed his name to Sigmund, the father of the german mythic hero Sigfrid. And his mouth (mund in German) overcame (sieg in German). He opened the mouth of Irma and the mouth of the Unconscious: if not the Gods of the Olympus, Acheronta movebo: I will move the devils. He paid for that with his mouth cancer?

The stigmata of wars and changes of political regimes make themselves to be heared: we hear them close to the felled or continuous branch of familiar lineage and familiar language (lessico famigliare said Natalia Guinzburg).
Little stories link with the great history: my grandmother used to tell us that in the so called Tragic Week in Argentina (about 1919), her aunt hid her daughters in a closet as the way to protect them from the pogroms of oligarchs and police over workers and Jews.
Freud, in screen-memories, says that his brother frightened him by saying that the nurse, expelled from house because of some little robbery, was hidden in a closet. The same servant that used to take him to churchs and to tell him Christian stories.
I will not speak here about Groucha, the servant of the Wolfmann: she is in the Kabinet of Psychoanalysis, and we see her from the back, from the back of History.
In the closet we have many secrets and unknown stories. In the kabinet we expel them out, or we fabricate them.
Then the Unconscious talks: it is the part of the transindividual speech that I lack, the speech of the Other (Lacan, lack-an?).
During dreams the Unconscious keeps strange voices. We would hope that sadness will be returned in Freud(e).
A young woman comes to my Kabinet after the death of his grandfather. She is catholic and has a very Spanish name, but her mother’s grandfather had been a Jew. And she is fascinated about his library and those books written backwards, from right to left, in Hebrew. (Of course, all the history is written backwards, and is full of lagoons, but it is necessary to read it from the right face). On the course of analysis she tries, unsuccessfully, to get a young Jew as a boyfriend. But violence is a constant in her life: with her sister, with her father, with strangers. She learns taekwondo…
The question today is how to enter in the splendid cities of Unconscious, at present, with a transference?
I can only paraphrase D. H. Lawrence’s poem: “build then your ship of death, for you must take the longest journey to oblivion…and leave your old self (…). Build your little ark and furnish it with food, with little cakes and wine ” and pass over names, cities, identities and segregation, to become a subject, a subject who assumes responsibility for the Unconscious.

NOMBRES, CIUDADES, IDENTIDADES, INCONSCIENTE

Teodoro Pablo Lecman

INTRODUCCION

Hablaré sobre el Inconsciente en situación. Como dijo Lacan, el Inconsciente es el limbo, la tierra de lo no realizado, del deseo, pero está situado.
Los hombres migran a las ciudades y a través de las ciudades. Llevan nombres. Buscan identidades pero sólo pueden conseguir identificaciones y segregaciones. Gozan más o menos de su vida. La tierra permanece, y ellos pasan…

Odessa, Ucrania, Ukronia, San Petersburgo, Leningrado; Utopía. Ciudades y nombres a través de los cuales la gente ve pasar los fantasmas de sus ancestros.
Así puedo imaginar a Dostoievsky caminando por la Av. Nevsky.
Buenos Aires, de la que vengo, tiene su saga de conquistadores, nativos e inmigrantes muertos, y “desaparecidos”. Un film argentino reciente titulado: “¿Dónde estás amor de mi vida, que no te puedo encontrar? “, puede ser tomado como una metáfora de la ciudad.
Blaise Cendrars, poeta suizo-francés, lisiado de la Primera Guerra, gran enamorado y gran viajero y asiduo visitante de Brasil, escribió en “Hôtel des étrangers”: “Mais son nom, Amour//quel est le nom de mon amour//dans la glace”.
Y Rimbaud, otro gran aventurero: “Entraremos en las espléndidas ciudades con ardiente paciencia”. Entonces Skármeta, el escritor chileno de antepasados dálmatas, tomó la expresión “ardiente paciencia” para describir su encuentro con Neruda, que luego resultó en su film admirable y poco visto y una segunda versión ajena de fama internacional: Il Postino, El cartero.
Neruda, por cierto, cambió su nombre original, Neftalí Reyes, por el de un escritor checo: Ian Neruda, gran costumbrista de la Mala Strana praguense.

Pues bien, ¿cuál es la carta, la letra que traigo aquí, portándola con mi nombre?
No lo sé con certeza. Quizás es el Inconsciente.Como dijo Lacan, quizás es un litoral de goce que toma mi cuerpo y lo envuelve en aviones, llevándolo a San Petersburgo… o París (en mi país dicen que los bebés vienen de París). O quizás me estoy moviendo hacia una tierra de nadie, como los Beatles dicen en el Submarino Amarillo: “es realmente un hombre de ninguna parte, haciendo sus planes de nada para…”
Sigmund Freud se llamaba originalmente Segismund. Cambió su nombre a Sigmund, el padre del mítico héroe germano Sigfrid. Y su boca (mund, en alemán) triunfó (sieg, en alemán). Abrió la boca de Irma y la del Inconsciente: “si no puedo mover a los Dioses del Olimpo, moveré a los del Infierno”, a los demonios. ¿Pagó por eso con el cáncer en su boca?
Los estigmas de las guerras y del cambio de los regímenes políticos se hacen oir: los oimos junto a las ramas fallidas o continuas del linaje y los lenguajes familiares (lessico famigliare, dijo Natalia Guinzburg).
Las pequeñas historias limitan con la gran historia: mi abuela acostumbraba contar que en la Semana Trágica en Argentina (cerca de 1919), su tía ocultó a sus hijas en un placard para protegerlas de los pogroms de los oligarcas y la policía contra los trabajadores y los judíos.
Freud, en los recuerdos encubridores, cuenta que su hermano solía atemorizarlo diciendo que la mucama, echada de la casa por un robo pequeño, estaba escondida en el placard. La misma sirvienta que solía contarle historias cristianas y llevarlo a la Iglesia a escondidas. No hablaré aquí de otra, Groucha, sierva del ruso Hombre de los lobos: está en el Kabinet (consultorio) del Psicoanálisis, y la vemos de atrás, del fondo de la Historia.
En el closet guardamos muchos secretos e historias desconocidas. En el consultorio las hacemos salir o las construimos.
Entonces el Inconsciente habla: es la parte del discurso transindividual que me falta (lack), el discurso del Otro (Lacan, ¿lack-an?).
Durante los sueños el inconsciente toma extrañas voces. Quisiéramos tener la esperanza de que la tristeza se vuelva alegría (Freud(e)).
Una muchacha joven llega a mi consulta (Kabinet) tras la muerte de su abuelo. Es católica y con un nombre muy hispano, pero su abuelo materno era judío. A ella le fascinaba su biblioteca y esos libros escritos al revés, de derecha a izquierda, en hebreo. (Toda la historia, por supuesto, está escrita al revés, llena de lagunas, pero es necesario leerla del derecho. En el curso del análisis trató, infructuosamente, de conseguir como novio a un muchacho judío, deportista. La violencia es una constante en su vida: con su hermana, su padre, con los extraños, en el trabajo. Aprende taekwondo… (de cabeza a pies y de pies a cabeza).
La cuestión es ¿cómo entrar en las espléndidas ciudades del Inconsciente, actualmente, con una transferencia? (Manhattan Transfer, John dos Passos).
Parafraseo un poema de D. H. Lawrence: “build then your ship of death, for you must take the longest journey to oblivion…and leave your old self (…). Build your little ark and furnish it with food, with little cakes and wine ” (“construye tu barco de la muerte, porque debes hacer la larga jornada hacia el olvido… y deja tu viejo yo (…) Construye tu arca y provéela de alimento, confituras y vino”) y “pasa sobre” (sentido de Pesaj, Pascua) los nombres, las ciudades, las identidades y la segregación, para llegar a ser un sujeto, un sujeto que asume su responsabilidad por lo Inconsciente.

Conferencia en la Universidad Federal de Santa Catalina (UFSC), Centro de Ciências de Educação, Florianópolis, Brasil, 20 de marzo del 2002.

Teodoro Pablo Lecman

Escenario: en el auditorio.

– La conferencia se inicia mostrando una transparencia: Un grafitti en una calle de Buenos Aires: Junín y Lavalle.
“como un ciego imaginarte necesito”
Graffiti escrito sobre una cortina metálica de una tienda de ropa de ocasión, y al que se le superponen otras inscripciones, como si fuera un palimpsesto.
Al mismo tiempo, se destacan los surcos, las “rayas” en relieve de las laminillas soldadas de la cortina metálica.
[Unas casas más allá una inscripción: H.I.J.O.S. resalta sobre la superficie de un edificio que parece un búnker (¿alegoría de la maciza indiferencia de los poderes y de su burla a la búsqueda de los desaparecidos(1)?). ¿Continuidad histórica con el primer graffiti?: el amor que suponemos adolescente se ha consumado y ahora, los hijos buscan a los padres robados, desaparecidos por un destino de sangre y fuego…¿Cómo imaginar lo imposible de una crueldad que viene anonadando al ser humano desde Auschwitz y antes?]

Exposición

Al comentar la transparencia ponemos de relieve su motivo inspirador: la ausencia de la amada.
Ausencia que debe ser cubierta con una imaginación ciega.
Necesidad de imaginar que, sobre el desamparo original (Hilflosigkeit), sobre la intemperie de los elementos (en la calle), y sobre el metal inventado por el hombre, obliga a una mano de un cuerpo a elevarse y escribir su amor en un breve gesto que pretende ser eterno: te amo…
Oximoron de la imaginación ciega que, como una clara oscuridad, busca en lo inescribible, en la opacidad de la materia, la luz que abra el punto ciego del deseo.
Surge allí la figura de Tiresias, el adivino de Edipo que, temerariamente, le indica al rey su destino inevitable. El hecho de ser ciego parece otorgarle una inmunidad frente al poder y un poder de adivinación especial.
Este saber ciego le ha permitido también ponerse en el lugar de los dos sexos, cosa no factible para cualquier ser humano. (Hacemos allí la observación de que, si bien bisexual en su fantasía psíquica, como lo indica Freud, el ser humano agota todas sus posibilidades imaginativas y narcisistas en ponerse de un lado de la sexuación, y que querer colocarse de los dos lados es una desmesura. Otras coartadas permiten imaginarse toda una gama de transiciones entre los dos lados, o de terceros o cuartos sexos. Relación esencial de exclusión del saber con el sexo).
Recordamos al Petit Prince de Antoine de Saint- Exupéry: lo esencial es invisible a los ojos. Frase proferida en la escena en que el zorro le pide al Principito que lo domestique. El Principito alega entonces que eso lo hará sufrir. No importa, contesta el zorro: “à cause de la couleur du bleu.” Cada vez que vea el trigo ondular sobre los campos recordará la cabellera rubia del amigo, vivirá la nostalgia pero también el recuerdo de su amor. Nuevamente una paradoja: lo esencial es invisible, pero hace falta un rasgo, un destello de color para evocarlo.

Nuestro recorrido nos hace desembocar en la mirada ciega: no hemos descubierto nada nuevo, desde que la gente dice que el amor es ciego.
Lacan, a su vez, además de desarrollar luego el papel de la mirada como objeto a en su Seminario de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, ilustra antes, precisamente, la metáfora de la mirada ciega en su Escrito “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”. Dice así:

“[éste] es el campo privilegiado del descubrimiento analítico: síntomas, inhibición y angustia: [allí] la palabra expulsada del discurso concreto encuentra en las funciones naturales del sujeto, por poco que una espina orgánica esboce allí esa brecha de su ser individual a su esencia, lo que hace de la enfermedad la introducción de lo viviente en la existencia del sujeto, o bien [encuentra esa brecha] en las imágenes que organizan en el límite del Umwelt y del Innenwelt su estructuración relacional.”

Digamos entonces que encontramos en el límite de esas imágenes la tangencia (como nos lo explicaba el sueño de un analizante), o la secancia del amor, su capacidad de enfermar (psicosis dice a veces Freud del enamoramiento extremo), pero también la enfermedad que le significa al ser humano no poder amar (estancamiento de la libido, según Freud). Lo viviente introducido en la existencia del sujeto.
Una nota al pie de Lacan remata magistralmente su conceptualización: “para obtener inmediatamente una confirmación subjetiva de esta observación de Hegel basta haber visto, en la reciente epidemia [se refiere a una mixomatosis, epidemia de tumores (¿tus amores?) mucosos, una enfermedad que afecta sólo a los conejos que se produjo en los años 50 en Francia y que se caracteriza por producir edemas, incluso en los genitales de los conejos, y los deja ciegos, pero no se contagia a los humanos], a un conejo ciego en medio de una carretera erigiendo hacia el sol poniente el vacío de su visión cambiada en mirada: es humano hasta lo trágico.”
No podemos menos que recordar allí a los bufones, a los enanos de Velázquez: el bobo de Coria y el niño de Villecas, cuyas miradas particularmente vacías producen en el espectador un estremecimiento muy humano.
Particularidad de las cuencas vacías de las calaveras que supo cantar el poeta español Miguel Hernández. Papel fundamental del ojo y del opérculo en la Naturaleza, en la caza, en la captura, en el cortejo amoroso y en el engaño. Ese órgano blando que se absorbe el mundo y desaparece con el sujeto dejando una huella vacía… La carne misma es definida por el diccionario como “la parte blanda del animal”.

Volvemos entonces a la transparencia: la cortina, como el párpado del ojo. Sobre ella hay algo escrito, bordeado por la censura y teniendo la estructura del palimpsesto (paleo-incesto hemos dicho alguna vez).
Detrás de la cortina los objetos perdidos de una tienda de saldos.
La cortina misma, por sus rayas, configurada como una celosía ciega, evocando allí en francés la homonimia jalousie para celos y celosía.
“Rayado” , según el lunfardo argentino, también el ser humano: maluco según el portugués brasileño.

Aprovechamos para introducir el Ensayo sobre la ceguera de Saramago a partir de la primera página: la zebra, el camino rayado peatonal frente al cual espera la fila de automóviles. De pronto la ceguera, que como la peste de Camus irrumpe y hace que la conducta gregaria se interrumpa: detenido un automovilista los demás no pueden seguir. Inmediatamente es segregado, dimensión fundamental de la subjetividad contemporánea que Saramago desarrolla en toda la genial metáfora de su libro.
Hay allí una ceguera blanca, y no negra como podría suponerlo la imaginación popular. Los ciegos ven todo blanco. Como decir que es la luz lo que enceguece, y no la oscuridad.

Concluimos allí que, dado el punto ciego (el escotoma) de la posición subjetiva inconsciente de todo individuo, nadie ve el punto desde el que mira, y que la mirada del otro suele precipitarlo, como bien lo marcó Sartre (fuga del ser por el ojo de la cerradura al ser descubierto espiando).
Concluimos también que, del mismo modo que el silencio escande, puntúa y es necesario para las palabras, la ceguera, la obturación (como lo demuestra el aparato fotográfico) es necesaria para la caída de las imágenes. (Lo que equivaldría a decir que se constituyen desde el Ideal del yo, punto simbólico no visible, extraño a ellas).

Otras precisiones sobre la ceguera nos podrían llevar al aspecto siniestro, presente en el “Informe sobre ciegos” de Sábato, que forma parte de su novela Sobre héroes y tumbas: la conspiración de los ciegos. He allí a los ciegos detentando un poder capaz de manejar a los que ven. De otra manera no es otra cosa lo que requiere un shamán en muchas culturas: la posesión de un defecto físico lo hace apto para poderes especiales que le permiten ser brujo (la castración allí sufre una torsión, paga una prima de goce anticipada que le permite evitar la pérdida de goce que toda subjetivación supone. O de otro modo, ya no hay que pagar el precio del deseo: se es omnipotente).
Sea como sea, el que pierde un sentido, en el mejor de los casos, lo compensa con otro (se dice que el ciego oye mejor), o se lo pide a otro, animal, u hombre. El lazarillo (guia de cegos) es motivo incluso de importantes obras literarias: El lazarillo de Tormes, Marianela de Pérez Galdós, etc.

Los sentidos pueden perderse, recuperarse, compensarse, amplificarse (vía las máquinas, que son parte constitutiva de nuestra vida y sin las cuales no podría pensarse la tecnología, la ciencia y la industria humana). Pueden morder la carne de variadas maneras.
Lo que no puede perderse definitivamente es el sentido de la vida, sin que aparezca la peligrosa llama del suicidio y la muerte. Ese sentido se pierde y se recupera, a veces por largos períodos, se modifica, se resignifica.
Esto nos lleva a la pregunta de por qué va la gente a análisis.

La historia de un analista argentino ciego, radicado cerca de Venecia,
nos permite progresar un poco más en nuestro ensayo.
Efectivamente, tomaremos algunos puntos del trabajo “La mia cecita come oggetto di transfert”, de Ricardo Ileyasoff, publicado en Psicoterapia e scienze umane Nº 1, 1999.
Cuenta allí el caso de un paciente que viene a consultarlo por problemas de fuerte timidez, que incluso lo llevaban a no poder decir una palabra frente a sus amigos, los que lo hacía objeto entonces de escarnio. Atribuía la causa de todas sus desgracias al pequeño tamaño de su pene.
Pero lo que interesa del asunto es que en la última entrevista preliminar al inicio del análisis el paciente dice que lo que lo convenció a iniciar un análisis, cuando él prefería una terapia rápida, había sido el hecho de que el analista fuese ciego. Le explicó que había ciegos y ciegos: los que se transforman en pobres desgraciados y los que progresan desarrollando otras capacidades y en particular su inteligencia.
Luego, en la primera sesión de análisis le plantea que quiere hacerle una pregunta importante: ¿cómo había hecho para superar su ceguera? Ya que pensaba que el problema del analista era mucho peor que el suyo y, dado que aquél había podido superarlo eso le permitía tener una esperanza de superar el suyo. El analista hace entonces para sí dos asociaciones: una, el recuerdo de la vergüenza que le produjo la primera vez que se vio obligado a salir a la calle con un bastón blanco; la segunda, que un paciente le había dicho afectuosamente que no sabía cómo hacer para herirlo, ya que nada de lo que él pudiese decirle podía afectarlo, y menos aún lo concerniente a su ceguera: en resumen, que era un monstruo.
Así, una de las conclusiones del analista es que “la desnudez de mi carencia, en vez de disminuirme, me confiere un fuerte poder simbólico. Y algo que tendría una relación con la transferencia sobre un objeto sagrado.”
Finalmente, “ a veces tengo la impresión de que, para los otros, mi ceguera, unida al hecho de ser un extranjero, crea una distancia ligada al pavor de lo ignoto que, paradojalmente, termina por hacerme más accesible al paciente.”

Todo este pequeño recorrido, toda esta parábola sobre la ceguera nos lleva a la cuestión de lo más ignorado de uno mismo, que Rimbaud asentara como “Je est un autre”. El otro que somos para nosotros mismos, forzosamente punto ciego, alojado en el corazón de nuestro ser como desconocimiento de la sexualidad y de nuestra destructividad, devuelve nuestra mirada a la ilustración del principio: ¿quién mira a quién cuando miramos la cortina piadosamente cerrada en la que se inscribe la imaginación ciega de la amada ausente, dibujada por otro? Entonces, como en Las Meninas de Velázquez, vemos temblar el cuadro de nuestra representación realista y nuestra memoria fuga hacia un desván de cachivaches y objetos perdidos, mientras la ilusión poética, si se conserva, escribe en el aire el trazo de la flecha del deseo de Cupido. Su puntería extraña nos hará esclavos de esa gorda criatura de tierna carne por la que nos desvelamos día a día: infans (nosotros mismos o el hijo). O, como Eneas a Dido: Infandum, regina, iubes renovare dolorem. Y nos disponemos a contar la ausencia que ha hecho nuestra ceguera.

(1)

La actual deferencia aparente (2008) no es más que trampa, cuando la estela (a pesar de estela carlotto) del tiempo ya ha borrado casi todo rastro, o los efectos ya son de “justicia” tardía. Sin embargo siempre mejor que nada.^

“Teodoro Pablo Lecman”

“Leche negra del alba la bebemos de noche”

Paul Celan (Antschel), Fuga de muerte.

“No habrá memoria de lo primero, y tampoco de lo postrero habrá memoria en los que vendrán después ”

“El que agrega sabiduría agrega dolor”

Coélet (Eclesiastés).

I.- Improptu

[La memoria]

Se desmadeja como una melena al viento. Atropo, una de las tres moiras, la peor.

Anamnesis: extraña doble negación a-a de la memoria reminiscente. Cada instante de la vida es una curva del Leteo, un franqueo de olvido, fila-telia: amor de los fines y los impuestos, olvido de los principios, que sólo recuerdan algunas estampillas y letras sueltas mientras en la repetición maquinal y en la tyché se cavan las huellas de las bombas, de la destructividad sin fin del ser humano, el agujero fundamental que cada uno es (Signorelli) en el olvido de los años… y los siglos.

¿Las largas cabelleras, mayoría en los sitios donde impartimos nuestra enseñanza (ya que no ha cuajado el estilo pelo corto europeo), prometen un mayor recuerdo? En todo caso, predominan en la enseñanza.

¿Como las moiras, pero no las morias electorales, manejan los husos que predicen nuestro destino y recogen los hilos en que se tejen, en fina o abigarrada trama, las fatalidades y las venturas por venir (nos prometen electrodomésticos y sorteos infinitos. ¿quién se acuerda de su número o de su numen? )?

Calvos, como la fortuna, intentamos atrapar la oportunidad. Un clavo, muchas veces.

[Ellas]

Por condición generativa, podrían sostener las tramas de los relatos y las secuencias de cuerpos arrojados al mundo en la caprichosa combinación de sus deseos y sus accidentes y en la poderosa inercia del modo de vida global, automatismo de redes y aparatos…(1) Pero sólo las máquinas parecen multiplicarse vertiginosamente, con sus memorias borrables, blocks maravillosos del olvido, cuadernos mágicos de lo inescribible. Ningún mensaje de texto llegará a destino, si el destino es el byte (2).

[Los celulares]

Brillan con extrañas fosforescencias azules, verdes y amarillas, sms, semióticas de intercambios instantáneos y quizás efímeros, dicen que llevan mensajes de texto. Después de la tele, con sus leyendas y vociferaciones y su propia fosforescencia, ¿siembran entre los cuerpos puntos luminiscentes de recuerdo?

Semáforos, luces de autos, infinitos carteles de propaganda y ruidos marcan una constelación donde debemos orientarnos. Ensayo sobre la ceguera de Saramago: comienza en la “cebra” de un paso peatonal.

[Planes]

Cada uno tiene su plan de trabajo, su itinerario de la jornada, sus esperas y sus constancias. Sus hiatos.

[Emblemas]

De día los jacarandáes deslumbran con su celeste agudo, memoria “natural” de un ritmo biológico y una floración estacional, quién sabe desde cuando en la avenida y la ciudad (¿algún paisajista sabrá?), presencia informal de una bandera que se agita al viento. Cada transeúnte lleva la suya.

Enseña. Flota en los edificios públicos.

[Mnemotecnia]

Córdoba y Ayacucho.

Mnemotecnia o guía de calles. La arquitectura francesa da cuenta de que los arquitectos y paisajistas franceses fueron la segunda inmigración antes de la ola de 1880(3): la cúpula de pizarra del IES Nº 1 “Dra. A. M. de Justo” lo atestigua: bajo su base circular, duermen las computadoras.

O arquitectura barroca, como la del edificio de aguas contiguo, o el Cervantes más allá. O neoclásica, como el frontispicio de Ciencias Económicas, o moderna y peronista la del Clínicas y de Medicina, y hasta “filofascista” del Pasaje Barolo en Buenos Aires y Montevideo(4).

El cementismo de la plaza Houssay de Cacciatore, intendente del Proceso Militar guarda en su entraña el viejo Clínicas e historias de militancias del 73. Sólo una capilla queda enclavada en el centro.

El IES Nº 1 “Dra. A. M. de Justo” era la vieja caja de jubilaciones, palacio de Alvear: un ascensor de bronce “habla” (como dicen las alumnas sobre los “apuntes”) todavía de funcionarios. Una horloge con ángeles y vitraux en el Salón de actos. Pero no tenemos lugar ni condiciones materiales para dar clases. ¿Subimos o bajamos una larga escalinata ceremonial,que no es la de Jacob, bajo un cielorraso con molduras, hacia dónde? (la mayoría la prefiere a la otra escalera oculta en el pozo del ascensor, que no funcionó tanto tiempo: da solemnidad y elegancia usarla): entre otras cosas, a retirar melancólicamente los recibos de sueldo.

La toponimia de la ciudad sufre una especie de dislocación: los nombres de las calles cambian :¿Azucena Villaflor y Moreau de Justo en el transformado (pero no travestido: hay otras “zonas rojas”) Puerto Madero, entre los restorans fashion, en un downtown multinacional y faraónico surgido de la arquitectura portuaria inglesa? ¿Palermo viejo ahora  Hollywood? (¿Y Sicilia, y 3 de Febrero? Grandes ratas en la estación del viejo tren, ahora TBA)… Hay que separar el flujo urbano y el borramiento histórico y estatuirlo en los fotogramas que se suceden y sus brutales perspectivas, que no son las de la Prospekt Nevsky de San Petersburgo, pero nadan en el epigonismo local. Falta todavía una película de la Argentina que se quemó en algún viejo cine de barrio desaparecido de alguna infancia, entre maní con chocolate, números vivos, telón de propaganda y bombas en Plaza de Mayo.

Los murales en la plaza Houssay son memoria de los desaparecidos. Hoy, 2008, han sido eliminados. Eran.

¿Cómo constituir lugares de la memoria en medio de lo que fluye y se borra constantemente?
La enfermedad del tiempo y el deseo de olvidar

“La enfermedad del tiempo también puede ser un síntoma de un malestar existencial más profundo. En las etapas finales antes de la extenuación, a menudo la gente acelera para no enfrentarse a su desdicha. Kundera cree que la velocidad nos ayuda a bloquear el horror y la aridez del mundo moderno: ‘Nuestra época está obsesionada por el deseo de olvidar y, para realizar ese deseo, se entrega al demonio de la velocidad; acelera el ritmo para mostrarnos que ya no desea ser recordada, que está cansada de sí misma, que quiere apagar la minúscula y temblorosa llama de la memoria”

C.Honoré, Elogio de la lentitud

Contradiciendo la afirmación de una obsesión de la memoria (Huyssen, cit. en Dussell), nuestra época, a nivel masivo y cotidiano, parece caracterizada por todo lo contrario. En todo caso, políticas institucionales, gubernamentales o supragubernamentales parecen querer propiciar la memoria colectiva, muchas veces como un mero compromiso que construye monumentos invisitables, salvo por comitivas oficiales, o que ocluyen la memoria en un ritual aplacador, incluso turístico, que no da cuenta ni de la verdad ni de la justicia, como lo denuncia Claude Lanzmann.

¿La marea de la memoria y de las generaciones, podría encontrar en nuevas estelas y espacios, más democráticos ahora, los arrecifes para sujetarse, del mismo modo que piedra y bronce dan la medida, en general ecuestre, de próceres e historias oficiales(5).

La sociedad del espectáculo, tal como la caracteriza Guy Débord, asiste y goza su propia aniquilación, su propio consumo bajo la alegría tecnomorfa que encubre el dolor de existir (Freud) y los traumas que genera continuamente el sistema tecnocrático, bajo la figura de necesarios “daños colaterales”, que en realidad son daños que dominan la escena global. Se hace así anestésica, según la expresión de Buck Morss (p.171), además de haberse consagrado ya, hace rato, como protética (Freud, Malestar en la cultura ¡1929!).

Ernest Jünger, longevo escritor y oficial nazi de ocupación en París, (Buck Morss, p.211), apunta que se trata de la búsqueda de que el dolor sea una ilusión, ¿provocándolo incluso, agregamos(6)?.

Antonio Lobo Antunes, con una procacidad increíble que sólo justifican su piel blanca y sus ojos de asesino, confiesa que ametralló mujeres y niños porque “daba puntos”, como oficial portugués en Angola. Ahora es un escritor famoso. Ningún tribunal parece reclamarlo. ¿A confesión de partes, relevo de memoria?

¿De qué me acuerdo?

La memoria se instala así como mimicry: mimetismo y pantomima, según Caillois (aquel amigo de Victoria Ocampo), en lo colectivo (Yourcenar). Una comparación del esquematismo fascista y el soviético (Buck-Morss), encuentra notables puntos de contacto. La estetización de la política, denunciada por Benjamin, se degrada en mimetismo. Tal como lo demuestra Caillois, ya en el animal, el mimetismo no tiene propósitos de supervivencia, sino que es como una entropía estética que se va asimilando al espectáculo del mundo, una belleza que coquetea con la muerte.

En el campo de la biopolítica actual (Foucault, Agamben), la entropía de las masas, destinadas a la guerra y el consumo, alimenta la breve neguentropía del sistema, su simbólica de logos, que debe recabar muchas veces en lo ancestral (svástica hindú o china, peircing, tatuaje, petrogrifos que reaparecen como neostenciles y graffitis, etc.), mientras lo esencial es lo binario, siempre borrable, las cuentas y el juego de suma cero. En ese juego, además, el perdedor debe amar al ganador, al verdugo. Resultado: memoria cero. Beneficio: tarea de destrucción y reconstrucción constante para que haya una plusvalía estable y el sistema no explote, más que parcialmente.

La memoria, tarea siempre de ficción, de fantasía, es faccimilizada o falsificada, saqueada o borrada (bombardeo y saqueo a la cuna de la escritura, en Bagdad). La torre de Babel es un shopping.

Rossi recuerda la vieja mnemotecnia, abandonada en el sistema educativo, y a pesar de hacer consideraciones muy interesantes, sucumbe en las aporías de una especie de neurobiología, al igual que Buck-Morss.

Sin embargo, lo que parece deducirse de sus investigaciones es que la mnemotecnia es el pasaje del cuerpo en el tiempo por el espacio de los lugares reales, imaginarios y simbólicos a la vez, donde escenifica sus recuerdos, durante toda la vida. Tripartita, se reparte en la reminiscencia del recuerdo, la repetición simbólica inconsciente, el encuentro fallido con lo real del goce de la vida/muerte en la búsqueda de la felicidad. Sin cuerpos vivos, es un aparato simbólico inerte (diferimos aquí con Lacan, “Función y campo…, 1966), o un duelo interminable de los otros/cuerpos, quizás amados y odiados, al que llamamos cultura: los muertos hablan en nosotros. Por eso, adelantamos, el horror no se enseña ni se transmite: está en nosotros, en tanto los límites de lo humano han sido cuestionados en el siglo XX (Agamben).

La consideración de Derrida de que todo el aparato psíquico, más allá de la función de la memoria, es un lugar de memoria y que sufre el mal de archivo, son sugerentes.

El estudio de los pasajes y del flâneur (Buck-Morss) por Benjamin nos colocan en el punto en que el cuerpo/los cuerpos se hunden y se separan de los flujos dinámicos (Batistozzi) de la ciudad para adquirir su perspectiva.

En resumen, proponemos la figura del flâneur, el “yirante”, como lugar subjetivante de la memoria, en un contraitinerario de la sociedad del espectáculo y de los recorridos habituales urbanos (Debord).

Pero el flâneur actual tiene una gran dificultad: debe toparse con la memoria objetiva de los lugares, sin duplicaciones ni virtualidades anulatorias, sin no lugares o lugares que sólo manifiesten el tiempo en ruinas y no el tiempo histórico (Augé).

Por ejemplo, el llamado “parque de la memoria” en la Costanera Norte de (Santa María (7)de los) Buenos Aires no dice memoria de qué, los “monumentos” no tienen carteles explicativos, las ruinas de la voladura de la AMIA que allí estaban desaparecieron, está ubicado en una curva en fuga de la costanera: por un lado se va a la Ciudad Universitaria, por el otro a los restaurantes.

Identificado a lo sumo como lugar de paseo vacío, las familias se detienen ahí sólo a solazarse, en un recorrido acostumbrado. Sobre la costa del río, nuevas obras ya borran todo trazo, toda referencia permanente.

El recordatorio de los campos de desaparición y tortura locales, los “chupaderos”, en el Centro “cultural”(8) Recoleta, a su vez borrado ex Asilo de Ancianos sin ninguna chapa evocativa, está en una esquina en la que nadie repara y se confunde con otro cartel indicador cualquiera. Replica además los recordatorios (Denkmal) alemanes. ¿Quién tiene la culpa?, dirá Jaspers. Balza contestará que la tenemos todos. Dicho recordatorio ya ha desaparecido (fue retirado. 2008).

Justicia perseguirás, recuerdan algunos.

Una experiencia de flâneur

Un recordatorio, el  Denkmal de Freud en Grinzig, en las afueras de Viena, en Bellevue, donde por primera vez descifró un sueño, yace sucio, enmohecido, abandonado en un descampado de la colina que nadie visita, rodeado por botellas de cerveza y cañitas voladoras, un invierno de 1996.

La casa de Ana Frank, en Amsterdam, que guarda viva casi la estructura de cuando era habitada, tiene una confitería en su interior y una venta de materiales que desvirtúan todo recuerdo y hacen del museo un negocio.

Una exposición sobre Ana Frank en el colegio Pestalozzi de Belgrano, con fotos y paneles, resulta en cambio impresionante por su justo contexto y datos históricos: allí me entero que los primeros inmolados fueron cerca de 90.000 discapacitados, en 1938.

Una casualidad me lleva, en París año 2000, en la Gare de l’Est, una de sus estaciones terminales de ferrocarril (vía de salida de las deportaciones a Alemania) a una exposición, perdida en un rincón, de niños judíos franceses  deportados. No se muestra nada cruento ahí: lo cruento es el recuerdo y el cotejo con su vida normal: fotos, diarios, documentos, etc…Desembarco al fin en Reims, donde se firmó el armisticio de la Segunda Guerra Mundial (hay fotos de la mesa protocolar de Eisenhower y…?): escalofriante, decenas de millones de muertos. Yo no lo sabía, yo no había nacido.

(¿Las estaciones de tren argentinas, pueden tener memoria, pueden ser violadas? La red ferroviaria se redujo brutalmente, hizo desaparecer la memoria de los pueblos. Y que se fueran al olvido).

Y en el palmar de Colón, Entre Ríos, en un exhibidor perdido, mientras merodean jóvenes turistas extranjeros alrededor, se cuenta que se bautizó un lugar cerro de la Matanza porque se remató ahí a los que quedaban de tres poblaciones aborígenes, ya en la época española. Y después vino Urquiza y lo repartió. Y el fortín Malargüe, cedido a un particular, en Mendoza, donde un guía me muestra extraoficialmente (ya no se puede entrar) los agujeros de fusilamiento en la piedra de los indios que se negaban a ser esclavos y me cuenta la marcha de la muerte (no fue invento nazi) que organizó un general, al que le dieron una generosa parte de la provincia, con la población indígena por la meseta helada: murieron casi todos. Y una placa del Trastevere romano en un cuartel, que dice: de acá se deportó a los judíos de Roma. Y el ghetto de Venecia, apenas identificable…

Y en Orvieto, otra historia: il sfratto, decreto de expulsión de los judíos al ghetto, que se conmemora…con una mermelada exquisita que probamos, mi olvidada y yo. Muy cerca de los frescos del Juicio Final de Signorelli, el emblemático olvido de Freud.

Y en el Vaad Hashem en Jerusalem, el impresionante bajorrelieve de Janus Korszack, abrazado a sus niños, a sus alumnos, con los que marchó al campo de concentración, porque se negó a abandonarlos, a pesar de no ser judío: pero sí un educador, un hombre…

Me-moria/ me moría, como ex –periencia, si lo asocio a perire, perecer, contiene la cifra de mi memoria mortal. Morar, demorarse. ¿Hasta cuándo?  Acaso Nunca más? Yo estuve ahí, en 1983. ¿O 1984? ¿Me falla la cronología o es Orwell que regresa de la promesa defraudada de un mundo feliz? Esto es la Argentina, mis lugares de memoria.

En la película, piel fina de la memoria, La calle Santa Fé, Carmen Castillo hace una apuesta de fe impresionante, conmovedora, desesperada, a la recuperación del pasado con Allende en Chile. Sólo quedan placas en el piso. Lo demás es una praxis reiterada, recomenzada siempre a partir de cero, cayendo siempre a cero: del símbolo a la nada, del ideal a la nada la caída de los cuerpos es un estrépito insoportable que se llama fracaso. Como el jugador, la apuesta siempre recomienza a la utopía que no está en la ruleta de la suerte, como la ruleta rusa, hasta que el cuerpo falta, y es llevado por los verdugos del silencio.

El tiempo incompleto de Benjamin: que el pasado se completa y actualiza en el presente, no lleva a una posibilidad de una redención, aunque sea de luchas, idea más bien religiosa.

Lleva a buscar un rédito en la repetición, rescatando la memoria. El ser humano está condenado a repetir, con una diferencia. La diferencia es ética.

No es tampoco que “la experiencia del horror es intransmisible”. Por el contrario estamos todos en el horror, todavía en Auschwitz, como dice Günter Grass en una charla a los estudiantes. Y nosotros todavía en el Proceso Militar argentino de 1976, con una diferencia.

El horror es la base reprimida de la condición humana, por consideraciones que acá no podemos desplegar, demostradas profundamente por Freud y por Lacan, y por tantos eminentes escritores, y por la vida misma.

No se puede “enseñar traumas y dolores”. Se los devela y se los elabora a partir del propio horror y su nivel de represión. Es lo que propone Aristóteles para la tragedia: el horror y la piedad, y lo que retoma Marcel Schwob como corazón doble del hombre. Es la experiencia de Semprún y Primo Levi, interminable, pero transmisible, en el límite de lo imposible.

Escribir(9) puede ser un lugar para la memoria, pero como un encuentro para construir el futuro, invirtiendo una expresión de Sergio Di Nucci.

III.- Conclusión

Podríamos proponer una memoria activa/afectiva/restitutiva: un puente del ahogado en puerto Madero, una calle Cromagnon en lugar de Bartolomé Mitre. Una guía memoriosa de Buenos Aires, como la literaria de Abós…

Carteles explicativos en las calles de Buenos Aires, como los hay en París, con los nombres sucesivos y los acontecimientos…

Las paradojas singulares de la memoria y el olvido en el campo humano se despliegan entre Funes el memorioso y el amnésico total, el hombre que olvidó su sombrero de Sacks.

En el medio las masas medran y se amedrentan. Construir colectivos de la memoria es un gran trabajo. ¿Quizás en el colectivo porteño?

El maestro, la maestra que lleva la banderita y el guardapolvo es sólo uno más del colectivo, de los colectivos.

Bibliografía

Agamben, G., Infancia e historia (1978), Adriana Hidalgo ed., Buenos Aires, 2001.

Agamben, G., Homo sacer (1995),  Ed. Pre-Textos, Valencia, 2003.

Agamben, G., Lo que queda de Auschwitz, (1999), Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.

Augé, M., El viaje imposible, [1997], ed. Gedisa, Barcelona, 1998.

Augé, M., El tiempo en ruinas, [2003], ed. Gedisa, Barcelona, 2003.

Batistozzi, A., comentario a la muestra de fotografía de Horacio Coppola en la Galería  Jorge Mara-La Ruche.  Suplemento Cultura La Nación, diciembre 2005.

Benjamin, W., “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” en Discursos Interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989, reproducido en http://www.nombrefalso.com.ar/apuntes/pdf/benjamin.pdf., visitado10/12/2005.

Buck-Morss, S., Walter Benjamin, escritor revolucionario, ed. Interzona, Buenos Aires, 2005.

Debord, G., La sociedad del espectáculo (1967), ed. la marca, Buenos Aires, 1995.

Derrida, J., Mal de archivo [1995], ed. Trotta, Madrid, 1997.

Dussel, I., “Enseñar lo inenseñable. Reflexiones a propósito del Museo del Holocausto en Estados Unidos”, en http://www.buenosaires.gov.ar/cepa, visitado 10/12/2005.

Honoré. Carl, Elogio de la lentitud, Ed. Rba, Barcelona, 2005.

Freud, Sigmund, Obras completas en español: (O.C). Biblioteca Nueva, Madrid, 1968.

Jaspers, K., El problema de la culpa, ed. Paidós, Barcelona, 1998.

Lacan, Jacques, écrits, París, Seuil, 1966.

Lecman, T., Cuerpo y símbolo, ed. Lugar, Buenos Aires, 1998.

Lecman, T., “La cibercultura y el mundo psi”, Página 12, 30/12/1999.

Lecman, T., “Le poids de la mort et le silence de la clinique”, presentación a los états Généraux de la Psychanalyse, París, 2000, publicado en los sitios http://www.psychanalyse.refer.org/propos.html y http://www.oedipe.org.

Lecman, T., « El sentido de la escritura de los casos clínicos del psicoanálisis », tesis de doctorado, 2005, inédita.

Rossi, P., El pasado, la memoria, el olvido [1991, 2001]. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2003.

Yourcenar, M. , 1981, Discurso pronunciado en la Académie Française en ocasión de asumir la vacante dejada por Caillois, reproducido en www.academie-francaise.fr/immortels/ discours_reception/yourcenar.html.

(1)

En Psicofisiología enseñamos el cuerpo como máquina, desde Descartes y LaMettrie hasta el androide cibernético, pasando por la psicosomática, la donación de órganos, la bioética. ¿Quedará algo, a modo de Bildung, de pasaje, de iniciación y no sólo de memoria repetitiva, mímesis ecolálica de los textos fotocopiados? ¿Qué es allí la memoria?: ¿el lugar de la fotocopiadora en el rincón al lado de los baños? Muchos han escrito para esto.^

(2)

Véase el texto de Freud (1925), El block maravilloso, O.C, Bibl Nueva, Madrid, 1968 y Lecman, T, “La cibercultura y el mundo psi”, Página 12, 30/12/1999.^

(3)

Dato suminstrado por Enrique Oteiza, que pasó sin pena ni gloria, ni honrarlo, como Zaffaroni, por el INADI. Nada pues. Sólo zafar o repartir “lubertinamente” profilácticos. ¿De qué segregación se ocupan: de la que hay entre cuerpo y cuerpo, insalvable, SIDA mediante? Sindrome Institucional de Deficiencia de los Aparatos del Estado Argentino, desquiciados y desquiciantes herederos de la inmovilidad y el terror.^

(4)

Transcribo de la Revista ñ, 10/12/05: “Una rareza es ” Palazzo del Littorio”, libro del célebre arquitecto italiano Mario Palanti (1885-1979), quien en la década de 1920 construyó en Buenos Aires el Palacio Barolo y en Montevideo el Palacio Salvo. Palanti admiraba a Mussolini y publicó este libro en 1934 en ltalia al presentar su proyecto para la sede del Partido Fascista, que nunca se concretaria.”^

(5)

No nos olvidemos, aún en la piedra, del censurado destino de Lola Mora, languideciendo en la Costanera Sur, en una ciudad construida de espaldas al río, al que recién está recordando.^

(6)

Una anécdota trivial lo confirma: preguntada una cajera de supermercado si un piercing que se hizo en la nariz no le molesta, contesta que no, y que “es tan rápido que no se siente nada.”^

(7)

¿Acaso el astillero de Onetti?^

(8)

¿Acaso la cultura es siempre una costra renovable, una especie de barniz repintable con esponsoreo? Esto fundamentaría una desmemoria geológica. En el curioso caso de las computadoras u ordenadores hay expertos y sistemas expertos en reconstruir archivos borrados: los códigos son cada vez más ajenos y las máquinas cada vez más velozmente brutales y borrables.^

(9)

El escritor como lugar de la memoria es una figura sostenida por Citati y otros. Véase Lecman, T. (2005).^

Teodoro Pablo Lecman

“Haz como la Muerte y el Hambre, cumple con tu oficio. Sólo valdría unos centavos, pero en el Transiberiano te darán cien rublos”

“Y ya sólo la Patagonia, sólo la Patagonia conviene a mi inmensa tristeza, la Patagonia, y un viaje a los mares del sur”

Blaise Cendrars, “Prosa del transiberiano y la pequeña Jeahnne de Francia”, traducción de Enrique Molina.

“Can I bring back the words? Will thougt of transcription haze my mental open eye?
……
My books piled up before me for my use”

Allen Guinsberg, “Transcription of organ music.”

Consideraciones sobre la transcripción y el establecimiento del texto de los Seminarios de Lacan, en el sitio Oedipe (www.oedipe.org), dirigido por Laurent Le Vaguerèse, que ha hecho un gran trabajo en la defensa del psicoanálisis en Francia, amenazado por la enmienda Accoyer y sus derivados múltiples, despertaron recientemente en mi espíritu, antiguas inquietudes, lo que queda de este oficio imposible de psicoanalista y Kulturtrager, según los dichos de Freud. Lo que queda del día mientras huye, a lo Bergman, hacia esta época de pos-crepúsculo de los dioses. Corpúsculo, vamos.
Un cuarto de siglo después de su muerte, se vuelve sobre la transcripción de la enseñanza oral de Lacan, la misma que mereció acá un juicio por piratería contra el librero de Letra Viva, patrocinada por Jacques-Alain Miller, heredero legal según el derecho “moral” francés, que fuera rechazado por un juez local, con la sabia doctrina de que si la enseñanza oral tuviera un sólo registro, no habría transmisión intelectual ni científica.
Corre así la tinta o el tecleo de los ordenadores sobre los vestigios de la voz del maître (el amo) Jacques, de creerlo, o de creer a Lacan, (que croaba bien, según dicen).
Se pueden ver en el sitio citado las intervenciones de las jornadas sobre transcripción, hasta donde han sido publicadas. Nos autorizamos en nuestra larga trayectoria para hacer algunos comentarios.
Por ejemplo las consideraciones y la erudición de Allouch parecen serias y justas, pero no se deja de leerlo sin cierta molestia y a la espera de su prometido Seminario revelador. Por otro lado, las taquígrafas son también buenas personas (1).
Prefiero la posición “subjetiva” y clínica de Grignon, puesto que, si Lacan lee con el escrito, lo que hace todo el mundo letrado (con mayor o menor apoyo en sus propias formalizaciones, léase mathemas, es decir, una verdadera “metamatemática”), el escrito empero corre el riesgo de fijarse, lo que produce verdaderas calamidades, ¿a atribuir al cálamo? Habría que leer a J. Goody (2) para la función del escrito en la cultura (¿Encore o en cuerpo?), inclinarse sobre el lit [“lecho” y “lee”, en francés] de goce de este vasto mundo. Se lee, sobre todo.
Para los nudos prefiero borrarme, Borromeo, vía esa ilustre familia italiana de curas y príncipes que se confunde mal con el nudo olímpico, reminiscencia seguramente de 1936: ¡Olimpíadas perdidas de los nazis, primera transmisión de T.V. del mundo, y exposición perdida del estadio del espejo de Lacan, al fugarse del Congreso sin permiso de Kris! (Y la guerra, conquistando a Maklès-Bataille, en un apresuramiento del tiempo lógico) . Ya hemos tocado en nuestra tesis, de próxima publicación, esperamos, los desastres de la abreviación algebraica, matemática y logocrática en nuestra cultura. George Steiner parece acompañarnos en parte.
Un golpe de dados, aún topológico, jamás abolirá el equívoco, Dios sea loado (y cargado en la computadora). Quizás precipite el tiempo lógico de los prisioneros. No hay libertad para todos, dice el sistema, por el terror, travestido ahora de neoliberalismo. ¿Redondel de hilo o bucles de púa de los Lager para adornarlo? Agamben dice: el paradigma actual es el campo de concentración planetario (3); y el crimen lógico, frío, según Camus. Unido a una propaganda universal calculada, diseñada en las usinas lofts del espanto de los “creativos” cientistas sociales y pequeños otros (link a Cultura, Sueño).
Bizqueo. Y permanezco cerca de mi Patagonia, pathos y agonía, con el Faulkner (Mientras yo agonizo) que no hace Joyce en el fluir de una conciencia desgraciada, según Hegel, ¡lege! (+H, bomba H). No con las Falkland o las Malouines de Saint-Maló. Irak-Irak, bufa la “conciencia universal”.
La formalización es esa cosa de romper les huesos, el álgebra: al yabar, al kwazimi (algoritmo) y matema (Platón): Jaeger (Paideia) lo dice (no es una marca de reloj o de tablero instrumental de automóvil). Nos golpea en el sistema de los ordenadores, que acá llamamos com-puta-doras, p.c., ex p.c. Posición cómoda, decía una amiga poeta.
En fin, habrá que transcribir, a maravilla, a madre que vela (- hijo, ¿vas a dormir? /- no, (aparte)- ¿no ves que ardo, padre?-), pero eso siempre quedará inconcluso, a lo Schubert: donde ello era habrá que abrir, no cerrar. Leer y leer y demorarse en escuchar la música. Soberbiamente, Sperber, ella “tierrasexualiza” a pesar de todo el hielo frío de la letra.
Lo que más me preocupa es la traducción y el plurilingüismo que nos constituye. Llego a mi punto, con una relectura del Séminaire Les formations de l’inconscient, à la sténo, en taquigrafía. Famillionär, Signorelli.

Se lo ve allí a Freud, seguido por Lacan, en Viena, escribiendo en alemán, como y con el pobre Heinrich Heine, quien vivió en París y cuenta sus viajes a Italia, a los baños de Lucca, cerca de donde se hundió Shelley: Reisebilder, Bäder von Lucca. Gumpelino. Famulus, el fámulo, dice Lacan. Por lo tanto también latín. He ahí una pasta de muchos quesos (fromages (etim.: hecho en una o varias formas/hormas): alemán, italiano, francés, latín. Y ahora español. Translengua y translacania, salud, Perrier.
Luego tenemos a Signorelli, y Lacan habla de traducción heteronómica (¡ah, nuestro queridísimo Pessoa! [¿también el portugués?]): Herr-Signor. No toda traducción es heteronómica, diré más bien que es heterológica: entre discursos e historias de distintos sujetos. O más bien la heteronomía busca suturar la heterología, sin lograrlo nunca, salvo en la marca de una obra, como Freud, o Pessoa, cuyo apellido paródico y paradójico impuesto por el imperio austrohúngaro, es el sello del psicoanálisis de la humanidad, bien triste por cierto, más que alegre, o lógico contingente, como cree la banda que se apoderó de él en muchas metrópolis del carpe diem. No podía ser de otra manera: Sigmund ya lo había dicho en 1908, ante Jung y Binswanger.
Desemboco entonces (en una eternidad que no desemboca, como diría el cambiante Octavio Paz, Libertad bajo palabra) en el viaje de Freud, el largo viaje hacia el olvido de Signorelli, con el abogado Freyhau (Freiheit:¿ libertad?) en Yugoslavia, ese país de innúmeras guerras, viaje contado también a su amigo Fliess. Después del olvido de Julius Mosen, señala Rosolato (4): una historia de un caballero italiano que no debía morir jamás si montaba a caballo y es abatido por Helena, y épicas de liberación y heroísmo en el Imperio austríaco metonimizan todo el contexto del olvido:
– Andreas Hofer, en una carta a Fliess (¿qué relación con el fluir y los ríos, en esa heteronimia fracasada de narices mocosas y períodos?) (5)
– Jules Verne, que había escrito su Matías Sandorf , localizado en “Las bocas de Cattaro” (segunda parte, cap VI), en 1894, en sus viajes extraordinarios, (¿lo había leído Freud? casi seguro que sí). Una conspiración contra el imperio austrohúngaro (!). Imaginémosla en manos del rebelde judío Freud, cuyo héroe era el cartaginés Hannibal, a un paso de Roma, amor.
Luego serán las Guerras y los serbocroatas, etc.
Luego Marguerite Yourcenar hablará del lugar en sus relatos de Oriente.
Un blog posmo italiano recomienda el sitio como único en el mundo: Freud sabía elegir.
Un viaje, entonces, de Dalmacia (Ragusa) hasta Herzegovina, en las bocas de Cattaro (6), al único fiord del Adriático (nos gustaría que Skármeta nos contara algo y que Cruella no existiera para los dálmatas). Para llegar allí, de creerle a mi enciclopedia criptofascista Salvat, Freud debía haber tomado el único medio de communicación entre montañas: el estrecho ferrocarril (Zug, Eisenbahn), a los bordes del río (Fluss) Narenta (¿Narrenturm: torre de los locos, Narrenzug: tren de los locos? Me imagino a Freud con esos términos alemanes por lo menos flotando en su mente. in die Berge, en las montañas, al igual que Orvieto, deliciosa ciudadela serrana con el apocalipsis y el autorretrato de Signorelli en su capillita, a una hora en tren actual de Roma, amor y matrem nudam. Y sin su familia. Les libro la foto, sorprendente, del camino casi obligatorio que Freud debe haber tomado mientras forjaba su olvido Signorelli.

¿Pero qué es esto sino el desfiladero del significante? Lacan tenía razón .
¿Por qué en un tren? (¿cadena significante?): ¿Roma-Amor-matrem y la fobia de Freud? Einziger Zug (rasgo unario, dice Lacan tomándolo de Psicología de las masas; trait-train, trait unaire en francés y en alemán el término Zug condensando las dos acepciones). Rasgo, trazo de la identificación que fracasa. Muerte y sexualidad. Los turcos. Terminal.
En este caso no podemos decir que fue el sujeto Freud el que fracasó. Las identificaciones y las identidades siempre lo hacen, pero Freud supo apartarse de los lugares de peligro o de poder a tiempo: la Universidad, la Sociedad Psicoanalítica, Viena…Y en las encrucijadas culturales de su Viena y su época, como dice Casullo, descifrar algunos enigmas del sujeto actual, partiendo de su autoanálisis y el análisis de los otros en el malestar de la cultura europea, después de Marx, y con Kafka, al que no conoció al parecer (sí en cambio Otto Gross y Stekel), aunque Kafka sí leyó a Freud.
Lacan agrega que estos olvidos son como signos cabalísticos. Por cierto, letras iniciales de Freud y de cada uno. Cábala viene de cabel: recibir, en hebreo. Se recibe la cultura, la tradición. Traducción.
Recibimos una lengua que ignoramos al nacer (Lessico familiare, decía Natalia Ginzburg, cerca de la 2a. Guerra), pero sobre todo lenguas, la “familia” (no lo es tal, sino una Babel) de las lenguas universal; o mejor dicho, porciones de las lenguas vehiculizadas por nuestros antepasados distintos, nuestra familia plurilingüe. Todos modelados por diferentes lenguas del éxodo humano, incluso las olvidadas, aborígenes, reprimidas por el globish imperial y la glotofagia (ver nota 13) insaciable de los oscuros dioses europeos caídos (7). Cuento al menos, familiarmente, con el español argentino, el yiddish lituanizado, el ruso, el rumano, el hebreo, etc.
La toponimia de los lugares y los cuerpos, la patronimia ou la patrilocalidad de los apellidos, o la matrilocalidad; la historia de las migraciones, el plurilingüismo de los nombres de pila (¡en mi caso griego y latín!); los préstamos de una lengua a otra, incluso las coincidencias de papá y mamá estudiadas por Jakobson; las jergas como el lunfardo porteño o el nuevo argot que hablan los jóvenes franceses (condensación del francés, del argot, de las lenguas africanas de los inmigrantes, del slang globish…); los signos y los logos de no-lugares que se pretenden universales; la propaganda: verdadero discurso omnipresente lacaniano (8) del que somos un retazo automático, y las viejas, eternas y efímeras, íntimas-éxtimas, tiernas y violentas, incognoscibles (coños nosotros) historias ignoradas constituyen nuestro inconsciente translingüístico (no pre-, sino post-lenguajes).
Un precioso y poco hallable señalamiento de Freud à Wortis (9) (¡espía yanqui del psicoanálisis didáctico, precursor de algunos revisionistas cognitivistas actuales, incluso “analizados”, campeón, après coup, del coma insulínico y de la psicología “soviética”! hoy da para reir): “el inconsciente es translingüístico” nos pone sobre camino. De acero, quizás, y de hacerlo.
Hay que translinguar (los lenguaraces americanos fueron precursores, y traidores), tomar el transiberiano. Para ello, intentar ser Kulturtrager y Kulturmensch (términos de varias obras de Freud: Malestar, Porvenir y Liebeslebens: vida erótica): portador de cultura (10). La que nos provoca gran malestar del cuerpo y nos sublima. Pero no hay nada afuera más que la barbarie.
Otro hallazgo nos pone en el camino de una operación fundamental: el travestismo (11). Lacan repite y remacha sobre la metonimia y sus transmutaciones. Recordemos (Radiofonía) que desborda al desplazamiento, o a la metonimia jakobsiana (Ruwet) y yo diría su trilogía de los registros. Incluso no se hace frecuentemente sobre una sola lengua: caigo, por azar, con la ayuda del index de Freud (ed. Fischer de bolsillo en alemán), sobre Travestie: una palabra inhallable, un préstamo linguístico que creo ya no se usa.
En el Witz, El chiste y sus relaciones con el inconsciente, bajo el título: “El chiste y los tipos de lo cómico” Freud lista los procedimientos de lo cómico por imitación falsificadora (Nachahmung): Karikatur, Parodie et “Travestie”, todos destinados a rebajar la autoridad, la grandeza. La Travestie es el disfraz, el arreglo que reviste a una autoridad con ropas distintas, que no le corresponden, que la degradan, destruye la unidad de la persona, y de su apariencia, sus dichos y sus hechos. Bastante. Un solo diccionario alemán contemporáneo (Herders Neues Volklexikon salvo el Kleine Brockhaus¸de 1929, donde Kafka no figura pero Freud ya sí), entre 6 consultados, dice que vuelve risible una poesía seria. Uno solo de los diccionarios de términos literarios (Duffy et Petit, Dictionary of literary terms, ed. Brown Book Company, N. York, 1953), de 5 consultados, destaca: an imitation for something… utterly misrepresented: mal representado, tergiversado. He aquí versos que son puestos a tergo. La palabra, que viene del latín, obedece seguramente a toda la tradición vienesa teatral presente para Freud, ahora quizás desaparecida. Encuentro por azar que Fritz Reuter (1810-74), casi contemporáneo de Freud, preso 7 años por sus ideas liberales, alcohólico y colérico y rechazado por su padre jurista (Stadtrichter et Burgmeister) y nieto de un pastor, satirista difusor del bajo alemán, emplea el término en sus recuerdos de la ciudad natal: Meine Vaterstadt Stavenhagen (Das Unbehagen in der Kultur?: ¿malestar en la cultura?): “mi ciudad paterna Stavenhagen: [aprox.] “el niño rie frente a las aburridas arlequinadas cuya degradación de la naturaleza humana debería hacerle llorar, y llora frente a la insípida sopa, ante la cual, totalmente contrapuesta a la realidad, se debería reir, como en una Travestie” (12).
Todo está travestido.
El psicoanálisis (que algunos han llamado la psicoanálisis) ha estado siempre entre lenguas e historias revueltas, cosmopolita y sin patria, quizás. Habría que leer bien a Calvet a propósito del colonialismo lingüístico, sin caer en simplificaciones (13). No hay lengua dominante. Los cuerpos están ectópicos o utópicos, exilados en la tierra, por el símbolo y el poder. Es una política del psicoanálisis, el plurilingüismo, desde Freud. Más todavía, ése fue el destino del psicoanálisis, entre lenguas: Pribor-Freiberg, Wien-London, etc., y de todo cuerpo humano. Hay que reapropiárselo, asintóticamente.
Recibir la cultura es traducirla y transmitirla. No hay neutralidad. Y a cada uno lo traiciona su propia voluptuosidad. Motus.

NOTAS

(1)

Es fundamental el rol de las taquígrafas en la toma de la enseñanza oral de los seminarios de Lacan. No se ha estudiado lo suficiente el papel de ese método abreviado de registro, presente en los parlamentos y otras reuniones burocráticas, pero también en Francia en los ateneos clínicos, incluso con máquinas taquigráficas. Así hemos visto, cordialmente invitados por el estimado Jean Bergès, lamentablemente desaparecido, una entrevista pública a un niño realizada por el dr. Bally, sin otro elemento adicional que unas hojas. Allí tuvimos oportunidad de asombrarnos por el mito argentino de la omnipresente caja de juegos de Arminda Aberastury en el psicoanálisis de niños. Desventuras del psicoanálisis, diría Silvia Fendrik, pero también vasto problema de la función incluso productiva del registro, como lo propone Goody (ver nota 2), o Gusdorf (tesis nuestra de doctorado “El sentido de la escritura de los casos clínicos en psicoanálisis”).
Encontramos lo siguiente: “Arte de escribir tan deprisa como se habla, por medio de ciertos signos y abreviaturas. “En España, Alvarez Guerra introdujo la taquigrafía moderna traduciendo precisamente un método inglés, pero fue Francisco de Paula Martí quien impuso el sistema taquigráfico actual, traduciendo, y reformando en 1800 uno del francés Coulon de Théverrot. . .”
Apuro de la época moderna y “posmoderna”, ¿pero la transmisión?
Para mayores datos se encuentra en la red una historia completísima de la taquigrafía por Carlos G. Lima, bajo el dominio adinet.com.uy. ^

(2)

Goody, Jack : La raison graphique. La domestication de la pensée sauvage. Editions de Minuit, 1979, traduit de l’anglais et présenté par Jean Bazin et Alban Bensa. 275 p.^

(3)

Agamben, G., Homo sacer (1995), Ed. Pre-Textos, Valencia, 2003; Lo que queda de Auschwitz, (1999), Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.^

(4)

“El sentido de los olvidos”, in Laplanche y otros, Interpretación freudiana y psicoanálisis, [“Freud”, Cahier de l’Arc 34, sin fecha] Ed. Paidós, Buenos Aires, 1972.^

(5)

carta 94. Aussee, 26-8-98.
“…¿Me preguntas qué hago aquí’? Pues me aburro un tanto en este Aussee cuyos senderos ya me son harto conocidos. No puedo pasármelas sin trabajo alguno. Me he impuesto la tarea de tender un puente entre mi germinante metapsicología y la psicología que me ofrecen los libros, de modo que me sumí en el estudio de Lipps, en quien creo ver la mente más serena entre todos los actuales autores filosóficos. Hasta ahora lo comprendo bastante bien y se adapta perfectamente a mis conceptos. Este es, por supuesto, un período bastante malo para progresar en la aclaración de los problemas. Mis trabajos sobre la histeria me parecen cada vez más dudosos y de menor valor, como si hubiese pasado por alto algunos factores poderosos; tiemblo ante la perspectiva de reasumir ese trabajo. Por fin llegué a comprender un hecho insignificante que desde hace tiempo sospechaba. Conocerás seguramente el caso de que alguien olvide un nombre y lo sustituya por una parte de otro nombre, cuya exactitud estaría dispuesto a jurar, aunque siempre demuestra ser erróneo. Eso me ocurrió no hace mucho con el nombre del poeta que compuso el Andreas Hofer («Zu Mantua in Banden…»). Estaba convencido de que debía ser un nombre que terminara en -au, como Lindau o Feldau. El poeta se llamaba, naturalmente, Julius Mosen; el «Julius» no había escapado a mi memoria. Pude demostrar entonces lo siguiente: 1) que había reprimido el nombre (Mosen) a causa de ciertas conexiones; 2) que en dicha represión intervenía cierto material infantil, 3) que los nombres sustitutivos que se me ocurrieron habían surgido, igual que un síntoma, de ambos grupos de materiales. El análisis quedó completado sin lagunas, pero desgraciadamente es tan poco apto como mi «gran sueño» para darlo a publicidad…”
Afectuosos saludos. ¿Cuánto falta todavía para que llegue la pequeña Paulina?…^

(6)

Kotor, “sulla costa del Montenegro, area protetta dall’Unesco, ai cui piedi sorge l’omonima cittadina, un centro storico con pittoresco porticciolo e casette di pietra, simile alla famosa Dubrovnik”, dice el blog. Nosotros podríamos pensar el cañón del Atuel, la ruta transandina de Las Cuevas-Los Andes, Puerto Pirámides o las alturas de Machu Pichu, por decir algunos sitios en desfiladero.^

(7)

Ab origine: dès l’origine.^

(8)

“Fonction et champ de la parole et du langage” Lacan, Jacques, écrits, París, Seuil, 1966.^

(9)

Wortis, J., Mi análisis con Freud, ed. O. Macchi, Buenos Aires, 1974.^

(10)

Hay que considerar que la verdadera cultura es lo que ha hecho objeción siempre a los imperios, los im-peores, las nacionalidades, al monolingüismo o al bilingüismo imperialista y glotófago (Calvet), a la globalización tecnocrática actual en su lado arrasador, a la miseria psicológica de las masas. Valor precioso hoy, cuando las bombas destruyen Bagdad, origen plurilingüístico de la escritura. Y sobre matan gente. En ese sentido, no el de los “studies” de las Universities, la cultura es siempre multicultural, plural, de una riqueza múltiple e inevitable, patrimonio de la « humanidad », término que se redefine continuamente.^

(11)

No quiero decir con esto la limitada operación del travestismo sexual, que es fundamentalmente pobre y fijada frente a la Travestie imaginaria de la comedia humana y su juego del símbolo.^

(12)

Das Kind lacht über die faden Harlekinaden, über die man als eine Entwürdigung der menschlichen Natur weinen sollte, und es weint bei dem abgeschmackten Rührbrei, über den man als vollständigen Gegensatz gegen die Wirklichkeit lachen sollte, wie über eine Travestie.^

(13)

Calvet, Louis-Jean, Lingüística y colonialismo, (1974), ed. FCE, Buenos Aires, 2005.^

Teodoro Pablo Lecman

Echado de siete países, vi
que se obstinaban en sus viejas locuras.
Alabados sean los que evolucionan
para seguir siendo así mejor ellos mismos.
Bertolt Brecht, Poemas.

INTRODUCCION

¿Cuál es la patria del hombre?: allí donde se está bien, decía un poeta(2) citado por Cicerón como ejemplo de los materialistas que no tienen sentimiento patriótico.

A esta altura del partido, la experiencia histórica de las multitudes de seres miserables peregrinando en busca de una tierra donde sobrevivir o vivir mejor, huyendo de las guerras, las persecuciones o el hambre; experiencia misma de toda la especie humana (quizás originada en Africa y migrando de allí a todas partes), esa experiencia nos inmuniza contra el cuco de los nacionalismos.

En este siglo de descolonización relativa, y en el contexto actual de globalización y segregación crecientes, el mapa del mundo exhibe con mayor agudeza el fenómeno del multiculturalismo y el plurilingüismo, junto a sus antítesis: la transculturación y la pérdida del idioma, el desarraigo y la soledad.

Un artículo de Cambio 16 mostraba que hay más o menos 7 centros de atracción migratoria en todo el mundo: América del norte, Argentina respecto a los países limítrofes, Europa del Oeste respecto a Europa del Este, Francia, España e Inglaterra respecto a Africa, el sudeste asiático, Oceanía y algún otro.

Sabemos, por otro lado, por el psicoanálisis, que el ser humano está desgarrado por la nostalgia de una patria originaria, un paraíso perdido, identificado a veces con la infancia o la felicidad, que viene a recubrir su desamparo fundamental, su Hilflosigkeit. Desamparo donde los otros intervinieron con su cuidado y su consuelo, en el mejor de los casos, constituyéndose así en indispensable fuente libidinal.

Pero la rápida constatación de la pérdida del otro, de su falta inevitable, dejan de nuevo a la criatura a expensas de la soledad y la angustia.

El lenguaje, lengua materna, que rápidamente envuelve al niño con las palabras del otro, lo acuna y lo interpela, le enseña y le oculta, lo pierde y lo encuentra (Fort-Da), es un poderoso territorio contra el olvido. La patria de un hombre es su idioma, habría dicho Octavio Paz(3).

Los exilios, interiores o exteriores, obligados o voluntarios, o el simple exilio de vivir en un mundo que no es el paraíso, encuentran al individuo acompañado por su lengua, en la que lo último que olvidará será su nombre(4), y donde, desde el da-da hasta el estertor, desplegará la inmensa panoplia de sus argumentos, sus incoherencias y sus hallazgos.

Dice Philip Roth: “Por primera vez tuve conciencia de la voz en la escritura, supe que uno siempre habla en un lenguaje específico (…), mi propio lenguaje tiene sus raíces en mi barrio. Despojar de sus clisés a la voz de nuestra madre o explorarlos”. Explorarlos es lo que hace Natalia Guinzburg en Las palabras de la tribu (Lessico famigliare)(5), para sortear la nostalgia, el fascismo, la guerra, la tortura y la muerte, recorriendo la trama familiar.

Lengua y voz envuelven al individuo en su laminilla (su lamelle), lo libidinizan, pero también lo acucian a veces con sus mandatos o sus imperativos delirantes.

Debe trabajar y amar entonces, escribir y reescribir su historia con ayuda de las Moiras o de las “morás”(6), hacer sus inscripciones psíquicas, y, eventualmente, hasta escribir al fluir de la tinta(7).

Otro escritor(8), sin embargo, recalca que el escritor bueno delimita su zona y sabe que no puede narrar cualquier cosa. Porque tiene su propio idioma y necesita traducir todo lo que imagina a su propio sistema simbólico.

Circunscripción que puede llegar a aislarlo, a menos que al cantar su aldea cante todo el mundo.

Con todo, no se puede escapar de la condición ajena aún de la lengua materna, ya que el idioma es de todos pero de nadie, ni de la confusión de las lenguas: la torre de Babel, símbolo de la ambición del hombre y también de su aspiración a una lengua única, imposible. Nemrod, el constructor de la torre, es condenado en la Divina Comedia de Dante a hablar en el Infierno un idioma que nadie entiende.

Recuerdo que antes de viajar por primera vez a Europa desde Argentina, soñé repetidas veces que estaba en Europa, pero que se hablaba castellano: tan cierto que estás en Europa como que se habla castellano, y que este sueño lo estás soñando en castellano.

Sin embargo, logré realizar este sueño y llegué a tocar Jerusalem, tierra transitoria de mi padre que, de olvidarla, el mandato amenaza con hacerme olvidar mi diestra y pegarme la lengua al paladar.

“Y cuando yo no soy para mí mismo, ¿quién soy?..”.

Pero la errancia no se detuvo ni fue suficiente: París, San Petersburgo, Roma, Viena, etc. terminaron devolviéndome a la náusea de Buenos Aires, no descripta por Sartre, quizás tocada por Roberto Arlt y Oscar Masotta.

SEGREGACION

La segregación es una operación básica, lógicamente anterior a los fenómenos de discriminación, racismo, etc. Basada en la letra, de por sí segregativa(9), y oponiéndose a la tendencia gregaria(10) típica del animal, la segregación es constitutiva de toda humanización, y encuentra en el rostro de la madre el principio de un consuelo para la angustia(11).

Angustia que quizás luego se extienda a la máscara social(12), configurando por un lado el bando de los elegidos de la máscara aceptable (camisas negras, skinheads, embozados, uniformados, tatuados, etc.) y los réprobos de la máscara angustiante y odiada (el color del negro, la nariz del judío, la cara plana del boliviano o el oriental, etc.). Esta cruzada contra el otro encontrará su expresión máxima en la feroz lucha de facciones de la guerra y su crimen puntual, su intento de abolir el ser distinto, en la xenofobia.

Seamos claros: antes del reconocimiento o el repudio del rostro del otro y el ataque a su cuerpo estuvo la svástica y la estrella de David, la cruz y la media luna, la C o la D de Caballeros o Damas, la A o la B de clase A o clase B, el número tatuado en el brazo del campo de concentración o simplemente asentado en un registro… Las mismas iniciales del nombre y el apellido segregan a los cuerpos en las marcas de lo conciliable y lo inconciliable. Pero también la totalidad de la lengua sirve como marco segregativo(13).

La sociedad tecnocrática actual intensifica la segregación a múltiples niveles, y esto bajo la responsabilidad decisiva del discurso de la ciencia. La globalización, la unificación del campo mundial en el mercado, bajo su enorme presión totalizadora, acentúa paradójicamente el narcisismo de las pequeñas diferencias: al apretar, al ajustar, clava las púas de los individuos, de los grupos y de las etnias unas contra otras sin que se ponga allí en juego la riqueza de su diversidad cultural sino el odio de lo diferente en medio de la presión de lo mismo. Aparecen así una serie de polaridades aparentemente contradictorias que dibujan las coordenadas del campo en que la subjetividad, los grupos y las instituciones actúan y se forman: globalización – concentración; masificación – soledad; privado – público; tribu-marginalidad; etc.

Esta situación agrava el sufrimiento a nivel de lo subjetivo, lo grupal y lo institucional, aún bajo las formas paradójicas de lo “posmoderno” (el consumo, el poder del momento y el triunfo, formas que ya M. Klein asignaba a la manía). Se verifica así el incremento de algunos cuadros o fenómenos como la psicopatía, la depresión, la fobia, el pánico, la anorexia-bulimia, las llamadas psicosomáticas.

El análisis fragmentario de algún caso y el problema teórico de la identificación nos permitirían apoyar esta hipótesis, pero no es esta la oportunidad para hacerlo.

La extensión del campo de la identificación, la creación de nuevos emblemas y agrupaciones en lo colectivo quizás permitan contrarrestar en parte la tendencia segregativa. Y aclaramos que no se trata del mero uso o intensificación de las llamadas “redes”, sino del compromiso activo de los sujetos en la constitución de las identificaciones y los emblemas en lo singular y lo colectivo.

La relativa facilidad para las migraciones que ofrece la situación actual, como consecuencia de las descolonización, la globalización y la reconfiguración constante de los actores y factores económicopolíticos (caída del muro de Berlín, crisis asiática, euro, etc.) en función del mercado, incrementa la posibilidad de segregación y de soledad.

Encontramos así en algún número más o menos reciente de L’Information psychiatrique, revista de los psiquiatras de los hospitales franceses, la preocupación por síndromes psicopatológicos específicos que se producen en los emigrantes magrebinos. Ya antes, Jaspers había inventado el Heimweh, la nostalgia por el hogar, como fundamento explicativo de los casos de homicidios de criaturas a su cuidado por sirvientas desarraigadas de su lugar de origen.

Recuerdo, en mi experiencia, el caso de una internada diagnosticada como esquizofrenia paranoide, hija única de padres gringos, emigrados, que al ponerse a cuchichear entre ellos a toda velocidad en yiddish, producían una fuerte sensación de encierro y encriptamiento. Como correlato, en el delirio de la hija, voces nativas la trataban de salame, distorsión injuriosa de su nombre, pero también cifra de su origen (¿por qué no también shalom o salem aleikum?).

Del lado del analista o del terapeuta, Erikson mismo demuestra en su relato autobiográfico que su inclinación al estudio de la identidad obedece a su condición de “inmigrante”, término que todavía no había cedido ante el de “refugiado”, y a los problemas que planteaba la tríada emigración/inmigración/americanización, donde una opción era que las tradiciones podían ser suplantadas por la nueva identidad común de self-made-man de la ideología americana.

SOLEDAD

La segregación y la migración traen, evidentemente, un incremento del sentimiento de soledad, existiera éste previamente o no. Sentimiento que podemos definir con la inmejorable expresión de M. Klein como la nostalgia por una perfecta compañía inalcanzable. Y que encuentra una vuelta pintoresca en el comentario de Cozarinsky: según él, Losey decía que en Europa estaba a gusto porque se sentía en su casa en el hecho de no estar en su casa, lo que supone lo inverso: no sentirse en casa en el propio país. “A mí me gusta mucho más la Argentina desde que no vivo en ella”, dice Cozarinsky.

Entre la tierra a la que se va y la tierra de la que se viene, sujeto al vaivén de las ilusiones y los recuerdos respectivamente, se establece un territorio virtual, un espacio de desrealización que tan bien describiera Freud en su texto sobre la Acrópolis, o que se le presenta al simple turista cuando, al cotejar la imagen que tiene y ha cultivado largamente con el original, sufre una desilusión al estilo de : “¿era ésta la famosa Opera de París?”, y se pone a mirar repetidamente la foto o el plano, encontrándolo siempre más prometedor que el original. La condición misma del turismo parece actualmente más definida por la corroboración de una imagen y la existencia de un espacio virtual que por el descubrimiento de algo nuevo o muy anhelado

Espacio de desrealización, el del exilio, la inmigración o el viaje, no-man’s land que coincide con la soledad y la desperzonalización en aquel borde de la propia persona en el que su no-ser y la falta que constituye su deseo fugan hacia el espacio imposible y alienante de los deseos y el amor, porque nunca sabremos cuando seremos otros, y cuando lo seamos estaremos totalmente disueltos en la radical alteridad de la muerte.

Cambiar para ser otro, viajar para ser otro, conocer algo nuevo para ser otro, son alter-nativas que enfrentan al sujeto con su radical soledad. Pero si hablamos de soledad radical es porque, en el fondo, no se puede volver a ningún lado idéntico a sí mismo en el tiempo y en el espacio: ni a las personas, que ya no son las mismas, ni a las cosas, que se desgastan o son demolidas, o simplemente pierden su antiguo significado en el tiempo, ni a uno mismo, que ha cambiado y ya no está.

Así, si la carta no encuentra al destinatario porque se ha mudado, al volver al remitente tampoco lo encuentra, ya que no es el mismo.

Sumido en una “identidad de vidrio”, el emigrante puede ver cristalizada su soledad, puede sentir que se pierde y se disuelve en el inmenso panóptico concentracionario de la cultura actual de mercado. In extremis, la alucinación de tener el cuerpo de vidrio de la despersonalización esquizofrénica, más allá de su obvia referencia a un congelamiento o una insensibilidad psíquica, muestra también la fijación en el ojo, en la mirada, coagulando la dialéctica de los objetos de la pulsión en uno muy especial en el que convergen muerte y castración. Habrá que movilizar entonces el punto ciego de la mirada, para que las cuencas vacías recuperen la libertad, a lo Miguel Hernández, y para que el mundo inmóvil del bobo de Coria de Velázquez pierda su carácter absoluto, mortal y fascinante.

LENGUAJE

“Me han cortado los cabellos hasta el lenguaje” dice un esquizofrénico de Henri Ey. Y sabemos que la salida o la permanencia en algunos países implica cortes de pelo, distintas clases de tijeras y de censuras.

La conservación de la lengua materna, como decíamos al principio, es un poderoso territorio contra el olvido y el desamparo. Con mayor razón, en cuanto a lo colectivo, toda comunidad transplantada, o implantada o reivindicadora de una autonomía requiere la conservación de su lengua y su cultura. Silvia Bolotin cuenta que era “un goce especial poder analizar en castellano” estando en París. A la inversa, Arnold Zweig, en su correspondencia con Freud, muestra su dolor por no poder conservar su alemán en Palestina.

En otros casos, como el de Héctor Bianciotti o el de Joseph Conrad, la conversión a otra lengua puede ser total y exitosa, pero no es lo común, sino la excepción.

Por otra parte, el inconsciente es translingüístico, como se lo manifiesta Freud a Joseph Wortis (mercenario norteamericano campeón del coma insulínico y de la psicología soviética que viene a analizarse y a espiar a Freud). Puede acantonarse en otra lengua (recordar Estudios sobre la histeria), pasar de una lengua a otra y hasta inventar su propio lenguaje. Sin embargo, esto no quita que la lengua materna es la condición ineludible del inconsciente estructurado como un lenguaje, pero soportándose en el cuerpo y con el cuerpo.

En resumen, que la patria primera y última es el propio cuerpo. Claro que éste en el campo humano tiene una capacidad simbólica que le es inherente: cuerpo hablante. Lo que nos provoca desconcierto y hasta un dilema ético. Porque cuando ocurre que alguien va a partir hacia la tierra de los muertos y ya ha perdido la capacidad de la palabra (p.ej, está caquéctico), se puede escuchar a alguien muy cercano, y por lo tanto depositario en parte de su historia: “éste ya no es Fulano”. Es su despojo. Dilema también de la “buena muerte”. Pero ésta linda más con el dolor de existir y su límite. En cambio, el rechazo del despojo asimbólico del cuerpo es efecto de una idealización que no reconoce en ese cuerpo mudo la gozosa, piadosa, patética condición de la carne, empaquetada y desempaquetada por la laminilla libidinal, pero fuente en definitiva de toda auténtica reivindicación materialista…

Pero, entonces, con más razón, hablar y escribirse es dejar el rastro, conmemorar y enamorar debidamente las fiestas de ese cuerpo mortal.

La lengua nos permite trascender, no divinamente, sino configurando la tarea de la transmisión en la cultura. Con mayor razón aún cuanto que, tanto por la interrupción de la muerte, como por la amnesia que determina la represión, la historia se escribe y se reescribe como un palimpsesto (o un paleoincesto), con tachaduras, borrones y lagunas. De este modo podría llegar a pensarse que “No habrá memoria de lo primero y tampoco de lo postrero en los que vendrán después” y que todo es vano. Pero unas líneas más adelante, el mismo texto muestra cuál es el verdadero motivo del olvido: “el que agrega conocimiento agrega dolor”.

A pesar de este obstáculo, la relación del sujeto humano con la palabra es tan fundante que callar no oculta el ruido ensordecedor del trauma, que el silencio mortal y absoluto de los cuerpos que caen no debe confundirse con la mordaza y la venda puestas por el verdugo al ejecutarlos. Ni la ceniza y el polvo de nada que al final seremos, con la sustracción (desaparición) de los cuerpos por parte de los ladrones de la historia (todavía puede verse un video en que Videla hace un gesto tipo voluta de humo o prestidigitación con la mano mientras dice: “el desaparecido no existe, no está, no tiene entidad…”).

Se necesita el cuerpo para hacer el duelo, se lo necesita para el amor, y se necesita la verdad para transmitir la antorcha, la posta de las generaciones. Toda sustracción allí genera más trauma.

BIOGRAFIAS

La construcción de una biografía, en un texto escrito como en una inscripción psíquica, se revela como una tarea terapéutica, tanto para analistas como pacientes, sujetos a procesos histórico-culturales similares. Incluso propicia cierta prevención de la depresión y la psicosis. Es así que los grandes analistas, junto con sus historiales, no han dejado de escribir sus autobiografías de una manera u otra, tendiendo puentes sobre las fracturas traumáticas.

Esto, lógicamente, no deja de presentar obstáculos: en el caso de la migración, pej., dice Héctor Tizón, “en el exterior (…) nadie conoce la propia historia personal (…). hay que explicarlo todo. Uno se convierte en una especie de autobiografía ambulante. Y esto es lo que hace que mucha gente se retraiga, con la consiguiente soledad”. Observemos, sin embargo, que la ilusión de los clisés comunes, los guiños, las historias compartidas, no exime de una tarea de reconstrucción absolutamente singular y solitaria, aún entre los otros.

La propia lengua se revela como un poderoso sistema de referencia y producción, para contrarrestar una “splendid isolation” o un doloroso desarraigo.

De modo que las construcciones autobiográficas, clínicas o etnobiográficas convergen y sobre todo aportan una unidad y un estilo (no una “identidad”) a la escritura del trauma, al lado de la literatura (Bettelheim, Semprún, Primo-Lévi, etc.).

Segregación y soledad encontrarán en el lenguaje una vía para la solidaridad, al permitir restituir, en los cuerpos parlantes, sujetos y contextos, lo multicultural, lo idiosincrásico y lo plurilingüístico, aún a partir de la propia lengua. Se trata así de aproximarse a la comunidad de una experiencia discretamente integral e integrada, no integrista ni fundamentalista, en la difícil tarea de ser cuerpos portadores de cultura (Kulturträger) y sujetos divididos.

Así, la vieja lengua que nos envolvía, la lengua de la “vieja” podrá desplegarse históricamente en los estandartes, en los emblemas de una lucha que nos convoque pero que no deje de abrigarnos con su condición libidinal y mortal. “Y canté la canción del infinito en un gallinero” decía Pessoa.

Y entonces, como empecé con un poema, podría terminar con otro:

Transición

Tanto he luchado contra el

ostracismo…

Y han sido tan estériles, tan vanos

mis esfuerzos

que he terminado por hacer de él

una conquista.

En la quieta soledad de mi destierro

discretamente escucho

el jadeante reclamo de los otros:

“Queremos más poder,

nos falta más espacio,

el prestigio es necesario,

la fama es un derecho”.

Entretanto

yo voy abrigando mi refugio

hasta sentir que es el lugar buscado.

Y me dedico a construir

sin que los otros sepan.

Para que el malón no arrase mis

praderas

y para que una flor, al menos,

alumbre la mañana

del día en que sepamos

que al fin

ya somos otros.

L. Lafargue

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(1)

Ponencia presentada en el Congreso sobre «Segregación, Migración y Salud Mental», ATSHMI, Jerusalem, 1998.

(2)

romano : Pacuvius.^

(3)

Citado por Mario Paoletti, en Por qué se fueron, Barón y otros, Emecé ed., Buenos Aires, 1995.^

(4)

El nombre, sin embargo, aunque se traduzca, pasa igual a todos los idiomas, especialmente el apellido.^

(5)

Les mots de la tribu, Ed. Grasset, París, 1966.^

(6)

Morá: maestra, en hebreo.^

(7)

Otra dimensión, la lectura, no puede invocarse como patria, ya que se trata, o del material de donde se extrae la escritura o de la actividad misma de interpretación. El libro queda así perdido en su consistencia, a menos que se lo erija en fetiche o texto sagrado inamovible.^

(8)

Pablo de Santis, entrevistado en “Clarín”, Cultura y Nación, 9/8/98.^

(9)

Véase el ejemplo de la segregación urinaria en “La instancia de la letra” de Lacan.^

(10)

Freud demuestra que no hay instinto gregario en el hombre, con la angustia de la criatura frente al rostro del extraño.^

(11)

Así, Silvia Bolotin (Exilios, ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1990), al contar su retorno, su nueva “inmigración” a Buenos Aires desde París, dice que no ha podido escapar al retorno de las imágenes de las de las calles de París: “Pero los escenarios no han sido tan sólo bellas tarjetas postales; estaban colmados de los rostros de los seres amados”. Delibes, por su parte, en Diario de un emigrante (citado en Grinberg y Grinberg, Psicoanálisis de la migración y el exilio, Ed. Alianza, Madrid, 1984), dice: “Atracamos en Buenos Aires (…) así desfilasen delante de mis narices cinco millones de tipos no encontraría una jeta conocida, y entonces, me dio por pensar que esto era peor que estar en el desierto…”^

(12)

En cuanto a la explotación de este valor segregativo y aún aniquilatorio de la imagen, recordamos una inteligente crónica (Clarín, ?/?/98) sobre el film Hitler de Syberberg, en la que se apunta a que dicho film detecta muy bien la “inmensa voluntad de imagen (“ser” una imagen pero también producirla, propagarla y hasta exterminar con ella toda imagen diferente)” de Hitler. El comentarista extiende muy perspicazmente esta crítica al actual contexto electrónico de la imagen. Es cierto que la imagen “mata, loco”, pero tampoco es menos cierto que los atrapados por la imagen ignoran las letras que los dirigen, la lógica que dirige las camisetas (T-shirt) que visten.^

(13)

En Piel negra, máscaras blancas (ed. Schapire, Buenos Aires, 1974), Frantz Fanon cuenta cómo un negro puede ser discriminado, a pesar de hablar perfectamente francés: p.ej., si le hace una pregunta a alguien en el metro, éste le puede contestar “Ud. seguil delecho pol aliá…”, remedando la típica deformación del francés que el antillano suele hacer, aunque su interlocutor, en este caso, hable perfectamente. La metáfora del título, tendiente a demostrar como el negro busca revestirse de los valores del blanco, corrobora lo que afirmáramos sobre el papel de la máscara, que unida a la letra, articula la danza macabra de la segregación.^