Transcripción, plurilingüistería, corporalidad del psicoanálisis

Teodoro Pablo Lecman

“Haz como la Muerte y el Hambre, cumple con tu oficio. Sólo valdría unos centavos, pero en el Transiberiano te darán cien rublos”

“Y ya sólo la Patagonia, sólo la Patagonia conviene a mi inmensa tristeza, la Patagonia, y un viaje a los mares del sur”

Blaise Cendrars, “Prosa del transiberiano y la pequeña Jeahnne de Francia”, traducción de Enrique Molina.

“Can I bring back the words? Will thougt of transcription haze my mental open eye?
……
My books piled up before me for my use”

Allen Guinsberg, “Transcription of organ music.”

Consideraciones sobre la transcripción y el establecimiento del texto de los Seminarios de Lacan, en el sitio Oedipe (www.oedipe.org), dirigido por Laurent Le Vaguerèse, que ha hecho un gran trabajo en la defensa del psicoanálisis en Francia, amenazado por la enmienda Accoyer y sus derivados múltiples, despertaron recientemente en mi espíritu, antiguas inquietudes, lo que queda de este oficio imposible de psicoanalista y Kulturtrager, según los dichos de Freud. Lo que queda del día mientras huye, a lo Bergman, hacia esta época de pos-crepúsculo de los dioses. Corpúsculo, vamos.
Un cuarto de siglo después de su muerte, se vuelve sobre la transcripción de la enseñanza oral de Lacan, la misma que mereció acá un juicio por piratería contra el librero de Letra Viva, patrocinada por Jacques-Alain Miller, heredero legal según el derecho “moral” francés, que fuera rechazado por un juez local, con la sabia doctrina de que si la enseñanza oral tuviera un sólo registro, no habría transmisión intelectual ni científica.
Corre así la tinta o el tecleo de los ordenadores sobre los vestigios de la voz del maître (el amo) Jacques, de creerlo, o de creer a Lacan, (que croaba bien, según dicen).
Se pueden ver en el sitio citado las intervenciones de las jornadas sobre transcripción, hasta donde han sido publicadas. Nos autorizamos en nuestra larga trayectoria para hacer algunos comentarios.
Por ejemplo las consideraciones y la erudición de Allouch parecen serias y justas, pero no se deja de leerlo sin cierta molestia y a la espera de su prometido Seminario revelador. Por otro lado, las taquígrafas son también buenas personas (1).
Prefiero la posición “subjetiva” y clínica de Grignon, puesto que, si Lacan lee con el escrito, lo que hace todo el mundo letrado (con mayor o menor apoyo en sus propias formalizaciones, léase mathemas, es decir, una verdadera “metamatemática”), el escrito empero corre el riesgo de fijarse, lo que produce verdaderas calamidades, ¿a atribuir al cálamo? Habría que leer a J. Goody (2) para la función del escrito en la cultura (¿Encore o en cuerpo?), inclinarse sobre el lit [“lecho” y “lee”, en francés] de goce de este vasto mundo. Se lee, sobre todo.
Para los nudos prefiero borrarme, Borromeo, vía esa ilustre familia italiana de curas y príncipes que se confunde mal con el nudo olímpico, reminiscencia seguramente de 1936: ¡Olimpíadas perdidas de los nazis, primera transmisión de T.V. del mundo, y exposición perdida del estadio del espejo de Lacan, al fugarse del Congreso sin permiso de Kris! (Y la guerra, conquistando a Maklès-Bataille, en un apresuramiento del tiempo lógico) . Ya hemos tocado en nuestra tesis, de próxima publicación, esperamos, los desastres de la abreviación algebraica, matemática y logocrática en nuestra cultura. George Steiner parece acompañarnos en parte.
Un golpe de dados, aún topológico, jamás abolirá el equívoco, Dios sea loado (y cargado en la computadora). Quizás precipite el tiempo lógico de los prisioneros. No hay libertad para todos, dice el sistema, por el terror, travestido ahora de neoliberalismo. ¿Redondel de hilo o bucles de púa de los Lager para adornarlo? Agamben dice: el paradigma actual es el campo de concentración planetario (3); y el crimen lógico, frío, según Camus. Unido a una propaganda universal calculada, diseñada en las usinas lofts del espanto de los “creativos” cientistas sociales y pequeños otros (link a Cultura, Sueño).
Bizqueo. Y permanezco cerca de mi Patagonia, pathos y agonía, con el Faulkner (Mientras yo agonizo) que no hace Joyce en el fluir de una conciencia desgraciada, según Hegel, ¡lege! (+H, bomba H). No con las Falkland o las Malouines de Saint-Maló. Irak-Irak, bufa la “conciencia universal”.
La formalización es esa cosa de romper les huesos, el álgebra: al yabar, al kwazimi (algoritmo) y matema (Platón): Jaeger (Paideia) lo dice (no es una marca de reloj o de tablero instrumental de automóvil). Nos golpea en el sistema de los ordenadores, que acá llamamos com-puta-doras, p.c., ex p.c. Posición cómoda, decía una amiga poeta.
En fin, habrá que transcribir, a maravilla, a madre que vela (- hijo, ¿vas a dormir? /- no, (aparte)- ¿no ves que ardo, padre?-), pero eso siempre quedará inconcluso, a lo Schubert: donde ello era habrá que abrir, no cerrar. Leer y leer y demorarse en escuchar la música. Soberbiamente, Sperber, ella “tierrasexualiza” a pesar de todo el hielo frío de la letra.
Lo que más me preocupa es la traducción y el plurilingüismo que nos constituye. Llego a mi punto, con una relectura del Séminaire Les formations de l’inconscient, à la sténo, en taquigrafía. Famillionär, Signorelli.

Se lo ve allí a Freud, seguido por Lacan, en Viena, escribiendo en alemán, como y con el pobre Heinrich Heine, quien vivió en París y cuenta sus viajes a Italia, a los baños de Lucca, cerca de donde se hundió Shelley: Reisebilder, Bäder von Lucca. Gumpelino. Famulus, el fámulo, dice Lacan. Por lo tanto también latín. He ahí una pasta de muchos quesos (fromages (etim.: hecho en una o varias formas/hormas): alemán, italiano, francés, latín. Y ahora español. Translengua y translacania, salud, Perrier.
Luego tenemos a Signorelli, y Lacan habla de traducción heteronómica (¡ah, nuestro queridísimo Pessoa! [¿también el portugués?]): Herr-Signor. No toda traducción es heteronómica, diré más bien que es heterológica: entre discursos e historias de distintos sujetos. O más bien la heteronomía busca suturar la heterología, sin lograrlo nunca, salvo en la marca de una obra, como Freud, o Pessoa, cuyo apellido paródico y paradójico impuesto por el imperio austrohúngaro, es el sello del psicoanálisis de la humanidad, bien triste por cierto, más que alegre, o lógico contingente, como cree la banda que se apoderó de él en muchas metrópolis del carpe diem. No podía ser de otra manera: Sigmund ya lo había dicho en 1908, ante Jung y Binswanger.
Desemboco entonces (en una eternidad que no desemboca, como diría el cambiante Octavio Paz, Libertad bajo palabra) en el viaje de Freud, el largo viaje hacia el olvido de Signorelli, con el abogado Freyhau (Freiheit:¿ libertad?) en Yugoslavia, ese país de innúmeras guerras, viaje contado también a su amigo Fliess. Después del olvido de Julius Mosen, señala Rosolato (4): una historia de un caballero italiano que no debía morir jamás si montaba a caballo y es abatido por Helena, y épicas de liberación y heroísmo en el Imperio austríaco metonimizan todo el contexto del olvido:
– Andreas Hofer, en una carta a Fliess (¿qué relación con el fluir y los ríos, en esa heteronimia fracasada de narices mocosas y períodos?) (5)
– Jules Verne, que había escrito su Matías Sandorf , localizado en “Las bocas de Cattaro” (segunda parte, cap VI), en 1894, en sus viajes extraordinarios, (¿lo había leído Freud? casi seguro que sí). Una conspiración contra el imperio austrohúngaro (!). Imaginémosla en manos del rebelde judío Freud, cuyo héroe era el cartaginés Hannibal, a un paso de Roma, amor.
Luego serán las Guerras y los serbocroatas, etc.
Luego Marguerite Yourcenar hablará del lugar en sus relatos de Oriente.
Un blog posmo italiano recomienda el sitio como único en el mundo: Freud sabía elegir.
Un viaje, entonces, de Dalmacia (Ragusa) hasta Herzegovina, en las bocas de Cattaro (6), al único fiord del Adriático (nos gustaría que Skármeta nos contara algo y que Cruella no existiera para los dálmatas). Para llegar allí, de creerle a mi enciclopedia criptofascista Salvat, Freud debía haber tomado el único medio de communicación entre montañas: el estrecho ferrocarril (Zug, Eisenbahn), a los bordes del río (Fluss) Narenta (¿Narrenturm: torre de los locos, Narrenzug: tren de los locos? Me imagino a Freud con esos términos alemanes por lo menos flotando en su mente. in die Berge, en las montañas, al igual que Orvieto, deliciosa ciudadela serrana con el apocalipsis y el autorretrato de Signorelli en su capillita, a una hora en tren actual de Roma, amor y matrem nudam. Y sin su familia. Les libro la foto, sorprendente, del camino casi obligatorio que Freud debe haber tomado mientras forjaba su olvido Signorelli.

¿Pero qué es esto sino el desfiladero del significante? Lacan tenía razón .
¿Por qué en un tren? (¿cadena significante?): ¿Roma-Amor-matrem y la fobia de Freud? Einziger Zug (rasgo unario, dice Lacan tomándolo de Psicología de las masas; trait-train, trait unaire en francés y en alemán el término Zug condensando las dos acepciones). Rasgo, trazo de la identificación que fracasa. Muerte y sexualidad. Los turcos. Terminal.
En este caso no podemos decir que fue el sujeto Freud el que fracasó. Las identificaciones y las identidades siempre lo hacen, pero Freud supo apartarse de los lugares de peligro o de poder a tiempo: la Universidad, la Sociedad Psicoanalítica, Viena…Y en las encrucijadas culturales de su Viena y su época, como dice Casullo, descifrar algunos enigmas del sujeto actual, partiendo de su autoanálisis y el análisis de los otros en el malestar de la cultura europea, después de Marx, y con Kafka, al que no conoció al parecer (sí en cambio Otto Gross y Stekel), aunque Kafka sí leyó a Freud.
Lacan agrega que estos olvidos son como signos cabalísticos. Por cierto, letras iniciales de Freud y de cada uno. Cábala viene de cabel: recibir, en hebreo. Se recibe la cultura, la tradición. Traducción.
Recibimos una lengua que ignoramos al nacer (Lessico familiare, decía Natalia Ginzburg, cerca de la 2a. Guerra), pero sobre todo lenguas, la “familia” (no lo es tal, sino una Babel) de las lenguas universal; o mejor dicho, porciones de las lenguas vehiculizadas por nuestros antepasados distintos, nuestra familia plurilingüe. Todos modelados por diferentes lenguas del éxodo humano, incluso las olvidadas, aborígenes, reprimidas por el globish imperial y la glotofagia (ver nota 13) insaciable de los oscuros dioses europeos caídos (7). Cuento al menos, familiarmente, con el español argentino, el yiddish lituanizado, el ruso, el rumano, el hebreo, etc.
La toponimia de los lugares y los cuerpos, la patronimia ou la patrilocalidad de los apellidos, o la matrilocalidad; la historia de las migraciones, el plurilingüismo de los nombres de pila (¡en mi caso griego y latín!); los préstamos de una lengua a otra, incluso las coincidencias de papá y mamá estudiadas por Jakobson; las jergas como el lunfardo porteño o el nuevo argot que hablan los jóvenes franceses (condensación del francés, del argot, de las lenguas africanas de los inmigrantes, del slang globish…); los signos y los logos de no-lugares que se pretenden universales; la propaganda: verdadero discurso omnipresente lacaniano (8) del que somos un retazo automático, y las viejas, eternas y efímeras, íntimas-éxtimas, tiernas y violentas, incognoscibles (coños nosotros) historias ignoradas constituyen nuestro inconsciente translingüístico (no pre-, sino post-lenguajes).
Un precioso y poco hallable señalamiento de Freud à Wortis (9) (¡espía yanqui del psicoanálisis didáctico, precursor de algunos revisionistas cognitivistas actuales, incluso “analizados”, campeón, après coup, del coma insulínico y de la psicología “soviética”! hoy da para reir): “el inconsciente es translingüístico” nos pone sobre camino. De acero, quizás, y de hacerlo.
Hay que translinguar (los lenguaraces americanos fueron precursores, y traidores), tomar el transiberiano. Para ello, intentar ser Kulturtrager y Kulturmensch (términos de varias obras de Freud: Malestar, Porvenir y Liebeslebens: vida erótica): portador de cultura (10). La que nos provoca gran malestar del cuerpo y nos sublima. Pero no hay nada afuera más que la barbarie.
Otro hallazgo nos pone en el camino de una operación fundamental: el travestismo (11). Lacan repite y remacha sobre la metonimia y sus transmutaciones. Recordemos (Radiofonía) que desborda al desplazamiento, o a la metonimia jakobsiana (Ruwet) y yo diría su trilogía de los registros. Incluso no se hace frecuentemente sobre una sola lengua: caigo, por azar, con la ayuda del index de Freud (ed. Fischer de bolsillo en alemán), sobre Travestie: una palabra inhallable, un préstamo linguístico que creo ya no se usa.
En el Witz, El chiste y sus relaciones con el inconsciente, bajo el título: “El chiste y los tipos de lo cómico” Freud lista los procedimientos de lo cómico por imitación falsificadora (Nachahmung): Karikatur, Parodie et “Travestie”, todos destinados a rebajar la autoridad, la grandeza. La Travestie es el disfraz, el arreglo que reviste a una autoridad con ropas distintas, que no le corresponden, que la degradan, destruye la unidad de la persona, y de su apariencia, sus dichos y sus hechos. Bastante. Un solo diccionario alemán contemporáneo (Herders Neues Volklexikon salvo el Kleine Brockhaus¸de 1929, donde Kafka no figura pero Freud ya sí), entre 6 consultados, dice que vuelve risible una poesía seria. Uno solo de los diccionarios de términos literarios (Duffy et Petit, Dictionary of literary terms, ed. Brown Book Company, N. York, 1953), de 5 consultados, destaca: an imitation for something… utterly misrepresented: mal representado, tergiversado. He aquí versos que son puestos a tergo. La palabra, que viene del latín, obedece seguramente a toda la tradición vienesa teatral presente para Freud, ahora quizás desaparecida. Encuentro por azar que Fritz Reuter (1810-74), casi contemporáneo de Freud, preso 7 años por sus ideas liberales, alcohólico y colérico y rechazado por su padre jurista (Stadtrichter et Burgmeister) y nieto de un pastor, satirista difusor del bajo alemán, emplea el término en sus recuerdos de la ciudad natal: Meine Vaterstadt Stavenhagen (Das Unbehagen in der Kultur?: ¿malestar en la cultura?): “mi ciudad paterna Stavenhagen: [aprox.] “el niño rie frente a las aburridas arlequinadas cuya degradación de la naturaleza humana debería hacerle llorar, y llora frente a la insípida sopa, ante la cual, totalmente contrapuesta a la realidad, se debería reir, como en una Travestie” (12).
Todo está travestido.
El psicoanálisis (que algunos han llamado la psicoanálisis) ha estado siempre entre lenguas e historias revueltas, cosmopolita y sin patria, quizás. Habría que leer bien a Calvet a propósito del colonialismo lingüístico, sin caer en simplificaciones (13). No hay lengua dominante. Los cuerpos están ectópicos o utópicos, exilados en la tierra, por el símbolo y el poder. Es una política del psicoanálisis, el plurilingüismo, desde Freud. Más todavía, ése fue el destino del psicoanálisis, entre lenguas: Pribor-Freiberg, Wien-London, etc., y de todo cuerpo humano. Hay que reapropiárselo, asintóticamente.
Recibir la cultura es traducirla y transmitirla. No hay neutralidad. Y a cada uno lo traiciona su propia voluptuosidad. Motus.

NOTAS

(1)

Es fundamental el rol de las taquígrafas en la toma de la enseñanza oral de los seminarios de Lacan. No se ha estudiado lo suficiente el papel de ese método abreviado de registro, presente en los parlamentos y otras reuniones burocráticas, pero también en Francia en los ateneos clínicos, incluso con máquinas taquigráficas. Así hemos visto, cordialmente invitados por el estimado Jean Bergès, lamentablemente desaparecido, una entrevista pública a un niño realizada por el dr. Bally, sin otro elemento adicional que unas hojas. Allí tuvimos oportunidad de asombrarnos por el mito argentino de la omnipresente caja de juegos de Arminda Aberastury en el psicoanálisis de niños. Desventuras del psicoanálisis, diría Silvia Fendrik, pero también vasto problema de la función incluso productiva del registro, como lo propone Goody (ver nota 2), o Gusdorf (tesis nuestra de doctorado “El sentido de la escritura de los casos clínicos en psicoanálisis”).
Encontramos lo siguiente: “Arte de escribir tan deprisa como se habla, por medio de ciertos signos y abreviaturas. “En España, Alvarez Guerra introdujo la taquigrafía moderna traduciendo precisamente un método inglés, pero fue Francisco de Paula Martí quien impuso el sistema taquigráfico actual, traduciendo, y reformando en 1800 uno del francés Coulon de Théverrot. . .”
Apuro de la época moderna y “posmoderna”, ¿pero la transmisión?
Para mayores datos se encuentra en la red una historia completísima de la taquigrafía por Carlos G. Lima, bajo el dominio adinet.com.uy. ^

(2)

Goody, Jack : La raison graphique. La domestication de la pensée sauvage. Editions de Minuit, 1979, traduit de l’anglais et présenté par Jean Bazin et Alban Bensa. 275 p.^

(3)

Agamben, G., Homo sacer (1995), Ed. Pre-Textos, Valencia, 2003; Lo que queda de Auschwitz, (1999), Ed. Pre-Textos, Valencia, 2000.^

(4)

“El sentido de los olvidos”, in Laplanche y otros, Interpretación freudiana y psicoanálisis, [“Freud”, Cahier de l’Arc 34, sin fecha] Ed. Paidós, Buenos Aires, 1972.^

(5)

carta 94. Aussee, 26-8-98.
“…¿Me preguntas qué hago aquí’? Pues me aburro un tanto en este Aussee cuyos senderos ya me son harto conocidos. No puedo pasármelas sin trabajo alguno. Me he impuesto la tarea de tender un puente entre mi germinante metapsicología y la psicología que me ofrecen los libros, de modo que me sumí en el estudio de Lipps, en quien creo ver la mente más serena entre todos los actuales autores filosóficos. Hasta ahora lo comprendo bastante bien y se adapta perfectamente a mis conceptos. Este es, por supuesto, un período bastante malo para progresar en la aclaración de los problemas. Mis trabajos sobre la histeria me parecen cada vez más dudosos y de menor valor, como si hubiese pasado por alto algunos factores poderosos; tiemblo ante la perspectiva de reasumir ese trabajo. Por fin llegué a comprender un hecho insignificante que desde hace tiempo sospechaba. Conocerás seguramente el caso de que alguien olvide un nombre y lo sustituya por una parte de otro nombre, cuya exactitud estaría dispuesto a jurar, aunque siempre demuestra ser erróneo. Eso me ocurrió no hace mucho con el nombre del poeta que compuso el Andreas Hofer («Zu Mantua in Banden…»). Estaba convencido de que debía ser un nombre que terminara en -au, como Lindau o Feldau. El poeta se llamaba, naturalmente, Julius Mosen; el «Julius» no había escapado a mi memoria. Pude demostrar entonces lo siguiente: 1) que había reprimido el nombre (Mosen) a causa de ciertas conexiones; 2) que en dicha represión intervenía cierto material infantil, 3) que los nombres sustitutivos que se me ocurrieron habían surgido, igual que un síntoma, de ambos grupos de materiales. El análisis quedó completado sin lagunas, pero desgraciadamente es tan poco apto como mi «gran sueño» para darlo a publicidad…”
Afectuosos saludos. ¿Cuánto falta todavía para que llegue la pequeña Paulina?…^

(6)

Kotor, “sulla costa del Montenegro, area protetta dall’Unesco, ai cui piedi sorge l’omonima cittadina, un centro storico con pittoresco porticciolo e casette di pietra, simile alla famosa Dubrovnik”, dice el blog. Nosotros podríamos pensar el cañón del Atuel, la ruta transandina de Las Cuevas-Los Andes, Puerto Pirámides o las alturas de Machu Pichu, por decir algunos sitios en desfiladero.^

(7)

Ab origine: dès l’origine.^

(8)

“Fonction et champ de la parole et du langage” Lacan, Jacques, écrits, París, Seuil, 1966.^

(9)

Wortis, J., Mi análisis con Freud, ed. O. Macchi, Buenos Aires, 1974.^

(10)

Hay que considerar que la verdadera cultura es lo que ha hecho objeción siempre a los imperios, los im-peores, las nacionalidades, al monolingüismo o al bilingüismo imperialista y glotófago (Calvet), a la globalización tecnocrática actual en su lado arrasador, a la miseria psicológica de las masas. Valor precioso hoy, cuando las bombas destruyen Bagdad, origen plurilingüístico de la escritura. Y sobre matan gente. En ese sentido, no el de los “studies” de las Universities, la cultura es siempre multicultural, plural, de una riqueza múltiple e inevitable, patrimonio de la « humanidad », término que se redefine continuamente.^

(11)

No quiero decir con esto la limitada operación del travestismo sexual, que es fundamentalmente pobre y fijada frente a la Travestie imaginaria de la comedia humana y su juego del símbolo.^

(12)

Das Kind lacht über die faden Harlekinaden, über die man als eine Entwürdigung der menschlichen Natur weinen sollte, und es weint bei dem abgeschmackten Rührbrei, über den man als vollständigen Gegensatz gegen die Wirklichkeit lachen sollte, wie über eine Travestie.^

(13)

Calvet, Louis-Jean, Lingüística y colonialismo, (1974), ed. FCE, Buenos Aires, 2005.^

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