Traducción, traición, abuso y usurpación (abril 2009)

Teodoro Pablo Lecman

La vieja afirmación traduttore traditore: traductor = traidor sigue siendo de rigurosa aplicación: toda traducción de una lengua a otra implica traicionar la lengua de origen y muchas veces la de destino. La mejor solución parece la recreación total, pero no siempre es posible, salvo en el campo de la poesía, y aún allí se tratará de dos poesías distintas.

La traducción es así una versión de segunda mano dada nuestra represión del plurilingüismo que nos forma (ver transcripcion-plurilinguisteria-corporalidad-del-psicoanalisis) y nuestra ignorancia de los idiomas.

Del mismo modo cada lengua parece que impusiera una visión del mundo (George Steiner, Después de Babel y Lenguaje y silencio) y en efecto hay cosas que sólo se pueden decir bien en una lengua determinada y no en otra, donde ni siquiera existen términos afines a veces.

Se agrega a esto el idiolecto (ver Ducrot y Todorov, Dictionnaire encyclopédique des sciences du langage, ed. du Seuil, París, 1972.) de cada autor, o sea su singular elaboración del lenguaje y la marca de su época y su parroquia. Para Freud es invalorable el dialecto vienés de principios del XX o la influencia de los dichos y hechos de la época, como el semanario Fliegende Blätter, su calificación temprana de estilo idiotisch (singular) por un profesor y el premio Goethe a la creación posterior. También algunas influencias del francés, el latín, el griego, el hebreo, el idish y el inglés y su vasta cultura y viajes.

De modo que siempre es traicionado.

Ni qué hablar de autores mucho más antiguos, como los griegos, que requieren un trabajo filológico muy complejo y cuya época y mentalidad están perdidas y las leemos desde acá. No quiere decir que algo no se transmita, se traslade de cualquier modo. El inglés dice translation para traducción. El alemán, übersetzung, pero también  tanto para traducción como para transferencia übertragung, que evoca la figura del cartero Briefträger.

Es conocida la diferencia de las versiones en español del Freud de López Ballesteros y las de Etcheverry. Menos conocida es la versión de Ludovico Rosenthal publicada por Santiago Rueda, años 1952-1956, en 24 tomos a instancias de la APA y siguiendo en parte la ordenación de 22 tomos de la versión inglesa de Strachey, que es la primera con aparato crítico pero con horrores inadmisibles de transformación; por ejemplo Fehlleistungen, comúnmente traducido como actos fallidos, en realidad rendimientos fallidos, ahí vertidos como “parapraxias”! Bruno Bethelheim se ocupó de denunciar esa falsificación médica y de gentleman del siglo XIX (Freud y el alma humana). O Escars , C. Historia y función de las traducciones freudianas, de comentar algunos puntos.

Freud sin embargo agradeció y elogió en una carta especial la traducción de Ballesteros, la 1ª en otra lengua de sus Obras más o menos “completas”.  Pese a sus errores y omisiones (párrafos enteros en varios textos) incluso tipográficas: “efecto” donde debe decir “afecto”, etc. Sin contar las innumerables licencias de “estilo” de Ballesteros, como traducir Trieb por Instinto, o “la dama de sus pensamientos” en el Historial de una neurosis obsesiva (Hombre de las ratas) donde Freud sólo pone “dama” (Dame) o “verehrte Dame”: venerada, adorada dama (con un probable dejo de ironía).

La versión de Freud del querido y faltante José Luis Etcheverry implicó un trabajo descomunal con el original alemán y Strachey y una gran elaboración personal, y de consulta con otros, tal como lo atestigua Leandro Wolfson en una conferencia del 2006 en el Centro Rojas: “Ver Cómo Se Traduce A Freud: Una Experiencia Histórica” (está en internet).

Aún así las elecciones terminológicas del castellano son riesgosas y complicadas e implican una decisión personal.

Lo que no es aceptable es el abuso, o el robo, como que Biblioteca Nueva haya pirateado la traducción de Ludovico Rosenthal para su tomo III de los años 60 poniéndola bajo la rúbrica de un tal Rey Ardid (!).

Se pueden ver también las observaciones de la investigadora Gubrich-Simitis,Ilse, Volver a los textos de Freud, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2003. Lo curioso es que en este texto se refiera en cuanto al español…a la versión de Etcheverry, mal llamada de Amorrortu, y no a la de Ballesteros de Bibl Nueva, en la que publica su libro traducido del alemán.

El abuso de los editores, que  muchas veces descuartizan las obras, las bastardean, las falsifican o cambian títulos y nombres de recopilaciones ad hoc o ya hechas es proverbial. Como el hecho de que no paguen, lo que determinó el sucidio de nada menos que  el famosísimo y vendido por millones Emilio Salgari, y la miseria de tantos otros. Obviamente puede haber unos cuantos editores auténticos y generosos, como parece ser el de Anagrama, o Peña Lillo acá, etc. O incluso algunos jóvenes pioneros, como Matías Reck., el que nos va a editar próximamente nada menos que las clases de Masotta.

En cuanto a Lacan, la historia es descomunal, dado que la mayor parte de su enseñanza es oral y dados los derechos patrimoniales napoleónicos y “morales” (¡sobre la oralidad!) que se encargó de dejar a su familia, especialmente su yerno para una publicación indefinida en el tiempo. Y para perseguir local y judicialmente las versiones argentinas (Juicio perdido llevado adelante por Diana Rabinovich contra Letra Viva, con notable dicatmen del juez sobre la libertada de la transmisión de la cultura oral).

Además el estilo coloquial de Lacan es altamente alambicado, gongoriano, idiosincrásico aún para los franceses, lleno de ganchos y bucles capciosos para captar a su público, y yo diría por momentos intencionalmente enigmático y hasta perverso, queriendo hacer algo con su oyente, en principio de una manera desconsiderada, sin metáfora alguna (“boludos”, o “hablo a las paredes”: Seminario Le savoir du psychanalyste), lo que produce un efecto de dificultad y disgusto suplementario. Aunque haya pretendido mimar al inconsciente y salvar la ignorancia tan difundida. Hay modos.

Roudinesco y otros han dicho que Lacan quiso hacer un psicoanálisis francés y para ello tuvo fuerte influencia su tío Pichon, derechista reaccionario y cultor de la lengua francesa sin embargo autor de la más extraordinaria gramática de dicha lengua en varios tomos, con una elaboración muy sutil de la negación, entre muchas otras.

Sobre Lacan se imprime entonces un desliz particular.

Pero nos resta contar una usurpación inadmisible protagonizada por el editor Horacio Amorrortu (el mismo que aprovechó la humildad de Etchevery al extremo) y su traductora Irene Agoff, que quiere ser estrella, tan típico del porteño star system, a todo vender. Y procurando sacarle el lugar a todo el mundo.

En el año 1996 trajimos el recién editado Dictionnaire de la psychanalyse bajo la dirección de  R. Chemama, Ed. Larousse, Paris, 1995. para su traducción y aparato crítico nuestro, que fue comentado y elogiado por Etcheverry en ed. Amorrortu, y fuera publicado por dicha editorial en 1998. Desgraciadamente José Luis murió en el 2000. Tuvimos que sortear varias dificultades de la lectura de Lacan por estos autores, específicas a su terminología y otras, y hacer elecciones personales, siempre trabajables o revisables en un contexto de respeto y científico, de las que nos hacemos cargo pero que abona nuestra larga trayectoria de traductor, psicoanalista, poliglota y hombre de cultura.

De pura casualidad, es decir sin aviso ni retribución, nos enteramos de una segunda edición ampliada donde figuramos en cerca de un 70 % de las entradas y el aparato crítico, o sea copia la edición anterior, con un agregado de nuevas entradas traducidas por Irene Agoff: Diccionario de psicoanálisis, Chemama y Vandermersch (hasta los autores han cambiado de relieve y es otro libro, con todo).

Lo más grave es que además se usurpa nuestra traducción, se la pisa y se la anula: por ejemplo entrada fantasma (que aparece a nuestro nombre), donde la traductora pretendida estrella y sin formación suficiente (creemos que es abogada) suprime texto nuestro, modifica la traducción y pone una nota de su coleto sobre el famoso sujet barré lacaniano, dentro de nuestra versión, lo que es inadmisible y muy discutible por cierto, pero en ámbito de respeto y polémica de alto nivel. Y ded ningún modo que aparezca su texto firmado por mí.

Es el caso y el colmo de quien se preocupa por una traducción chic, siguiendo la mojigatería del mal ambiente psicoanalítico copiador, cheek to cheek, y una técnica de avasallamiento y desprecio inadmisible, de la que es partícipe el editor Horacio Amorrortu. Para más abundancia omite términos importantes del original en otras entradas, esta vez de su traducción: como à corps perdu, y otras. Etc. Es de destacar que traduce además una obra de Balint como El defecto fundamental, siguiendo el error francés original: Le default fondamental, ed. Payot y pegándose a esa francesada (lo mismo hacen con los títulos de película, como solemos hacer acá: Vage stelle delle Orse de Visconti (vagas estrellas de la Osa), se presentó como Atavismo impúdico). Resulta que el texto original de Michel Balint es The basic fault, aclarando él que “básico” es porque se extiende, lo que “fundamental” no da tan claramente (por ejemplo los conceptos fundamentales a veces coronan, más que basan el edificio: Pulsiones y sus destinos e Introducción del narcisismo) y aparte “básico”, idénticamente,  existe en castellano, y tomando en cuenta que fault deriva nada menos que de faute en francés, con lo que retraducirlo como faute hubiera sido exacto. Pero así hicieron con la Traumdeutung de Freud, traducida como La science des rêves (!). Lo que más asombra es que el correcto traductor local, Bixio, en ed. Paidós, pone correctamente La falta básica. Me imagino a los lectores buscando inútilmente ese título de Balint, además incorrecto para su teoría y práctica y que hizo que fuera invitado a sus seminarios por el mismísmo Lacan. Lo que nos lleva a pensar si Balint no era Adler y estaba hablando de la sobrecompensación de un defecto, de una inferioridad. Desopilante y típico de la psicopatía sociopática. Usurpar, arrasar y descalificar para hacer “negocio”. La denuncia se hace aquí indispensable cuando no el recurso legal, imposible prácticamente en Argentina dada la corrupción general, y personalmente. Lo mismo que de otros personajes asociados y homenajeados, como Silvia Bleichmar con su falso y paquete “dolor país”, rico y soberbia personaje oportunista ella y habiendo llegado al gran descubrimiento de que los hombres debían pasar por ser cogidos por el padre para constituirse. ¡A la marosca! El psicoanálisis da para todo en Barrio Norte.

Ni hablar de Alfonsín, el que paró la traducción a la justicia del horror argentino, entregó el país a Menem y fue responsable de la perversión de términos como democracia, haciéndose llamar socialista. ¡Puajjj! Ni K. Ni psikoanálisis. La Argentina es un emporio del choreo y la petulancia, Barrio Norte a la cabeza,  Discepolín, lo mismo un burro que un gran profesor, aunque seguimos haciendo mejores traducciones que las españolas, en promedio.
Por algo el gran historiador y helenista Pierre Vidal-Naquet cita el tango Camabalache al final de su Los asesinos de la memoria.

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