Promesas del psicoanálisis para el 2009 (marzo 2009)

Teodoro Pablo Lecman

“Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte.”

Llegó con tres heridas, Miguel Hernández

Cerrando el libro del verano, que hemos prometido alguna vez editar (www.elsigma.com, los viajes de Freud, los nuestros)  y entrando este año en el libro del invierno, en el que pensamos editar un libro importante de clases,  nos preparamos para abrir nuestra consulta tous azimuts: a todos los horizontes, para evitar el terrhorizons, que la tierra se junte con el horizonte.

¿Qué nos promete el psicoanálisis?

En efecto, Freud, dice no prometer la cura sin antes hacer una prueba.

¿Qué se puede prometer, si, además de la difícil prueba, el furor curandi está proscripto?

Lacan además agrega un “por añadidura”, una prescindencia o un toque displicente a la cura, que vendrá, o advendrá, como mantas religiosas borromeas, atravesando fantasmas, disfrazándose de Tomás el oscuro (cosa curiosa en un escritor blanco, Blanchot, reaccionario y antisemita luego renegado)…

 

En Estudios sobre la histeria, fin del siglo XIX, preámbulo del SXX, Freud ofrecía pasar del hysterisches Elend (miseria histérica o neurótica) al gemeines Unglück, a una infelicidad del común de la gente.

En aquella época de síntomas aparatosos e inhibiciones impresionantes, afrontar los traumas del destino al menos con un aparato psíquico no estragado, parecía atractivo.

Pero hoy los traumas históricos excedieron toda previsión, los destinos se pulverizaron, la biopolítica reina. K.

En esta época que ofrece un überglück, un plus de felicidad consumista sobre el plus impracticable de la historia, un plus que es en realidad un goce, si bien (o si mal) inevitable, peligroso siempre, si no es mediado por un deseo, que igual siempre tiene algo de mortífero, las pastillas y los pacos reinan.

De la infelicidad (Unglück)  al Unbehagen, al Malestar ya perfilado con todo en los años 30 por Freud, el consuelo se reduce, la promesa flaquea, el sujeto se angosta.

Algunos, tecnólatras de nuevos logos, ofrecen las promesas de lógicas de la vida amorosa, de lógicas del encuentro y el desencuentro, del goce  y del significante, del síntoma, del acto, de la teoría misma, se llenan de celulares y salas de espera de tiempo corto, sin horario.

 

Otros son famillionarios o swingers, se enganchan en instituciones donde ser candidato es un trabajo empresarial, o donde “dan” pacientes por dos pesos.

Ni que hablar de los que no tienen ni análisis, ni formación ni supervisión y, por alguna coyuntura social se largan fastuosamente a proclamarse analistas. ¿quién puede controlarlos?

Y la larga saga de cognitivo-conductistas, gestaltistas, psicosociales, energéticos, corporales, hasta el yoga (una muy buena gimnasia) tomado como cosmovisión y panacea.

También hay curanderos…y…

Sólo se puede prometer la pequeña alegría (Freude) de la cultura, una sublimación moderada parecida a la ternura, a la estética, a la renuncia a la omnipotencia, mientras se intenta modificar la posición subjetiva (a sexo y gritos), y encarar la transferencia, duramente, en una tarea solitaria, sin jaurías, con algunos apenas, entrañables compañeros de ruta, si quedan, los que quedan…Sabiendo que uno es otro más. (Freud dijo ser de la humanidad laboriosa: hasta eso está en duda ahora, mientras se capitaliza).

Las promesas del psicoanálisis rezuman de tres heridas, parafraseando las conocidas copernicana, darwiniana y freudiana y las de Miguel Hernández, y las tres Moiras:

1)   la de la formación del yo hacia el ideal,

2)   la del síntoma que nunca se cierra, en la cultura, con el otro,

3)    la del otro-mundo exterior con cuyo abrazo contamos contadas veces, siendo la soledad vida/muerte nuestro lote y el goce sexual/destructivo, como el trabajo dividido ineludibles, pero quizás morigerables…quizás tengamos alguan descendencia, pero no esperemos ser reconocidos…

 

1)    El Yo, sometido a las tres servidumbres del Yo, del Ello y del Mundo externo, nunca logrará cerrarse en su yo ideal, omnipotente y perfecto o los en Ideales que la cultura le marca al sujeto desujetado, perforado, de nuestro tiempo. Desde esa apertura, tendrá que trabajar y formular sus promesas, y realizarlas…

 

2)    El Síntoma, brecha inevitable con el otro y con la cultura llevará su promesa si logra una reducción y una sublimación simbólicas y un deslizamiento suficiente; de lo contrario será mudo productor de goce. A eso se tiende en un fin de análisis.

 

 

3)    El otro-mundo exterior: en el campo humano no hay mundo exterior si no es otorgado y mediado y constituido por el otro, planteará los problemas de la solidaridad, la soledad, el sinsentido, la voracidad actual, nuestras limitaciones.

 

Con todo eso quizás el psicoanálisis haga algo. Después, cada uno, por sí mismo, debe decidir su destino, entre lo que lo destina. Entre los otros. Con un toque de sublimación…

Es todo un programa.

Si las promesas no se las lleva el viento, que trae tanto humo.

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