Notas de lectura: lo vacío y lo lleno. O una cosa que hace de mí un anciano (setiembre 2008)

Teodoro Pablo Lecman

Proemio

 

Cartas de Freud a Fliess: ¿qué es lo que fluye (fliessen) de la boca (Sig-mund) a la nariz del otorrinolaringólogo, de la alegría (Freude) a la seriedad (Ernst) y la voluntad (Wille, Wilhelm, Wunsch)? En el medio la garganta de Irma, cuyo recordatorio abandonado y sucio de los desechos de fin de año, en el Bellevue de Grinzig, afueras de Viena (Wien), sin música y con chocolate Mozart pudimos ver(1). ¿Pudo acaso prever Freud desde la libertad (Freiberg) que todo terminaría en el Lager para sus hermanas y en el exilio para él, de Edipo a Moisés, en un largo don de ausencias (London), en una isla de olvido?

Notas de lectura. Lugar de encuentro y desencuentro. Una leyenda quiere que en los extremos de todo arco iris, inalcanzables, haya un tesoro que deberíamos ir a buscar.

Tesoro del significante, la huella, el rasguño que la palabra, en su largo surco traza, produce la falta en lo real. Agujeros hay en el mundo, pero no faltas: ésas son para nosotros.

La amnesia puede quitarnos todo, lo mismo que la afasia, la lesión o la simple muerte. O la rapiña. Hemos sido y otros han sido: surge de allí el deseo de un encuentro imposible, recubierto de amor, único consuelo para una angustia sin fin, pero con término… Lección sobre la lesión, lesión de haber nacido. Herida absurda. Edipo en Colono.

El odio es primario (Otto Rank).

La lectura trata de borrar el olvido.

El No Ser es también primero, y final, como dice Valéry, y uno su defecto, parodia Lacan.

Sol brillante.

La ausencia es plena, en la carne. De la ausencia a la falta salta la chispa de la metáfora. El  símbolo pretende reunir, o esgrime el mito de poder reunir a dos amigos separados, o a dos amantes. Pero cada uno sigue en lo suyo, como dice Rilke. El ángel pasa por el medio.

Escribir es cribar: no se escribe nada, se teclea en pantallas fluorescentes, borrables totalmente. Ni qué decir del semen que fluye del cálamo. época de Freud donde el síntoma hacía relación sexual, su semblante…Ahora hace máquina de goce virtual.

Notas de lectura, notas de cata, reminiscencias, sin ciencia: en las letras sabores del saber, aromas de maestría, gustos de la singularidad (autoanálisis, desde Freud). No letra muerta. Y con el análisis de otros.

Hace años un compañero de estudios con Oscar Masotta, Antonio Godino Cabas, iniciaba una interesante serie de notas de lectura en una revista en la que publicamos: Actualidad Psicológica. Emigró a Curitiba, para dedicarse a la cura y otras cosas. Exilios.

 

Vacío

 

Del deseo del analista se trata y una invitación nos lo dispara. Leemos. En efecto, ¡en París!, en Espaces Analytiques, Moscovitz propone:

 

« Le désir de l’analyste « libido à couleur de vide », comme le formule Lacan,  nous met face à un réel  – celui de la parole de l’analysant – qui  le rend responsable, tout autant que l’analyste est responsable du rapport/non rapport du sujet au collectif. » [el deseo del analista « libido de color del vacío », como lo formula Lacan, nos pone frente a un real –el de la palabra del analizante- que lo hace responsable, tanto como el analista es responsable de la relación del sujeto con lo colectivo].

 

Libido de color del vacío. Imagen del terapeuta de Magritte.

¿Pero cómo imaginarse una libido vacía, si de eso se trata? ¿No será por la cual « se cuela » el vacío ?

En El deseo y su interpretación (1º julio 1959), Lacan dice:

“Lo esencial en el análisis  (…) ser aquel que se ofrece como soporte para todas las demandas y que no responde a ninguna ¿es solamente en esta no respuesta que está bien lejos de ser una respuesta absoluta, que se encuentra el resorte de nuestra presencia? (…) nuestro deseo debe limitarse a este vacío, a este lugar que dejamos al deseo, para que se sitúe allí en el corte (…) que es sin duda el modo más eficaz de la intervención y de la interpretación analítica.”

Comentario: el analista se ofrece como soporte para la transferencia. ¿Quién sabe si va a poder soportar todas las demandas? En todo caso el amor de transferencia no soporta el análisis. Otros amores. Ausentes.

Presencia del vacío de esa ausencia.

En La identificación (28/03/1962), Lacan sugiere que el falo sirve como defensa contra el vacío de ser, de haber nacido. ¿Del deseo?

“¿Por qué la cosa del falo, por qué el falo viene como medida en el momento  en que se trata de qué?  Del vacío incluído en el corazón de la demanda, es decir del más allá del principio del placer, de lo que hace de la demanda su repetición eterna, es decir de lo que constituye la pulsión. Una vez más hénos aquí vueltos a ese punto que no superaré hoy de que el deseo se construye en el camino de una pregunta que lo amenaza y que es del dominio del “n’ être”,  que ustedes me permitirán introducir aquí con ese juego de palabras (…) a saber que la primera razón de ser, de la que ningún legislador hasta el presente ha hecho constatar para el nacimiento de un niño, es que se lo desee y que nosotros que conocemos bien el rol de esto, —haya o no sido deseado— sobre todo el desarrollo del sujeto ulterior.”

 

Palabra

 

¿Del falo a la palabra, o del goce no fálico a la palabra, qué cosa? El goce de la palabra puede ser fálico pero el del blablablá y el de la pérdida abstemios, vampiros de ausencia. Allí sí cabe volver a lo real de la palabra, su poder, rasguñando las piedras.

 

En sus Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis, título “Palabra”, Kaufmann comenta:

“La palabra separa al sujeto del Otro, y una de las consecuencias de esto puede ser el síntoma, pero también la sublimación. En efecto, si este goce fuera realizable, el sujeto se confundiría con el otro: no habría allí nada en absoluto. En este sentido hay que entender que la palabra es un acto y también una producción de deseo, pues articula al sujeto con su estructura, que sostiene a la vez las leyes del lenguaje y del saber de la lengua del inconsciente. La técnica analítica posibilita que el Es freudiano esté a la altura del sujeto, es decir que en el análisis se trata de reintegrar el saber «en el movimiento de dirigirse al espejo vacío del analista»: en el interior de cuatro lugares abiertos en el discurso (el que habla, el que recibe la palabra, el efecto producido, la verdad como tal), la palabra producirá el objeto a causa del deseo. La palabra es entonces a la vez eje del síntoma y de su remoción, eje del analizante y el analista, eje del cuerpo y el pensamiento, de la vida y de la pulsión de muerte. Puesto que la determinación de la ley simbólica señala que «los asuntos del inconsciente se limitan al deseo sexual» (Lacan, «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», en Escritos), «el analista conducirá al sujeto a captarse como objeto». A través de la transferencia, «reintegración imaginaria de su historia», se tratará de «desprender la palabra del lenguaje», pues «la función del lenguaje no es informar, sino evocar. Lo que busco en la palabra es la respuesta del otro. “

Y en “La escansión de las sesiones”, en el título “Tiempo”:

En «Posición del inconsciente», Lacan dice que «la transferencia es una relación esencialmente ligada al tiempo y a su manejo» (Escritos). En tal sentido, la sesión escandida representa «el modo más eficaz de la intervención y de la interpretación analítica» (Seminario del 1 de julio de 1959). Lacan prescribe que el deseo del analista debe limitarse al vacío, al corte, a ese lugar que le dejamos al deseo para que allí se sitúe. Lo que se produce al final de cada sesión escandida es inmanente a toda la situación en sí. La escansión no tiene obligatoriamente lugar al final de una sesión; puede sobrevenir al inicio o al final de varias sesiones. Por este acto, el analista se compromete físicamente en una operación que presentifica el corte como tal y como dimensión temporal de pleno derecho (no hay más que un tiempo), para él y para el analizante. Se niega a resguardarse detrás de un llamado contrato de duración, que engaña [leurre] al analizante en cuanto a la obtención de algo que se le debe. Con este modo de intervención, el analista muestra su disponibilidad a la palabra y apuesta a la enunciación; se regula según la distancia entre el decir y el dicho. La escansión de la sesión, como la del tiempo lógico, toma el tiempo como acontecimiento significante y no como lugar de duración mensurable que contiene los enunciados. Este manejo del tiempo de la sesión anuda la repetición con la rememoración; lo actual de la palabra que reinscribe en el lugar del Otro la no-identidad consigo mismas de las palabras de la historia del sujeto permite acceder a lo que hace la indestructibilidad del deseo.

 

Si es cierto que existe una estructuración temporal de la verdad del síntoma, el analista debe tener medios para actuar sobre los tiempos según la lógica que gobierna esta estructuración. De tal modo le da al analizante una oportunidad de atravesar el plano de la identificación con el sujeto supuesto saber. Pues al escandir las sesiones, el analista se pone en posición de rechazo de todo saber, se priva él mismo del ideal de la acumulación del saber. Hace funcionar su deseo de analista en la distancia entre el ideal del yo y el objeto a, según la operación llamada «separación» por Lacan. Induce al analizante a emprender el camino de la declinación de su fantasma. La escansión de sesión es como un acto fallido que libera significantes. Habrá sido preciso que alguien olvide las llaves de su casa para que descubra que «casa» lo remite a «caza». La anulación de la cosa, la llave (por el acto de olvido), ha hecho surgir su naturaleza significante y la de la palabra «casa». En el corte de sesión hay esta dimensión de acto fallido que, cortando el vinculo del lenguaje con la cosa, conecta las palabras con otras palabras para producir un efecto de sujeto. Por eso el hallazgo, latente durante la sesión, se produce a menudo en la posterioridad de ésta, y el sujeto experimenta prisa por volver a su sesión para realizar allí la conexión con los significantes de la precedente.”

Comentamos: confundir la duración temporal con el tiempo del significante es justamente abreviar el tiempo, creerse dueño de la escansión, y no tan sujeto como todos. Eso va por otro lado.

De ahí curiosamente, coartada similar a la fálica, con el tiempo corto el consultorio tiende a llenarse y el analista a ocupar todo el espacio como Amo. Vuelta al poder médico biológico, que ni siquiera ya existe, porque está mutualizado o tecnificado. Tiranía feudal psiquiátrica, que Lacan supo ejercer tan bien.

 

Consultorio vacío y lleno

 

Vale entonces volver a Freud pariendo su fundamental, Traumdeutung, indicación del sueño y del trauma, de la laguna (Traum es el nombre del lago de veraneo de Gmunden, presente en Juanito, Sieg), de su obra (Werke) con Fliess:

  1. Viena, 9-10-98.

 

 

…Mis estados de ánimo, mis facultades críticas, mis reflexiones, en suma todas mis actividades mentales accesorias, han quedado enterradas bajo una avalancha de pacientes que hace una semana se me vino encima. No estando preparado para todo esto y un poco malcriado por las vacaciones, en un primer momento me sentí como apaleado, pero ya me repuse, aunque no me queda la menor energía para ninguna otra cosa. Tengo todas mis fuerzas concentradas en la labor con mis pacientes. Después de dos breves visitas a domicilio comienzo mis tratamientos a las nueve, prosiguiéndolos sin interrupción hasta la una y media; luego viene una pausa de tres a cinco, para atender el consultorio, que está alternativamente vacío  y  lleno; de cinco a nueve, más tratamientos. Cuento, sin lugar a dudas, con un nuevo caso más, con el cual alcanzaré de diez a once sesiones diarias de psicoterapia. Naturalmente, por la noche quedo mudo y medio muerto. Los domingos, empero, los tengo casi libres. Doy vueltas y desplazo las cosas en mi mente; las pruebo y las modifico aquí y allá, y no carezco, en absoluto, de alguna nueva pista. En caso de que me tope con algo, no tardarás en enterarte. La mitad de mis actuales pacientes son hombres de todas las edades, desde los catorce hasta los cuarenta y cinco años… Leonardo, de quien no se conoce ningún enredo amoroso, fue quizá el más famoso de los zurdos. ¿Puedes aprovecharlo?

 

Y más adelante:

  1. Viena, 23-10-98.

 

 

“ Quiero que esta carta llegue a tus manos precisamente en esta fecha, la más importante de todas para ti, transmitiéndote a través de la distancia que nos separa un deseo [Wunsch], deseo de felicidad [Glückwunsch], en mi nombre y en el de los míos. Por su índole misma, aunque no según el abuso que los humanos hacen de él, ese deseo concierne al futuro, más precisamente a la conservación y al acrecentamiento de tus bienes actuales, así como a la adquisición de otros nuevos tanto en prole como en ciencia; por fin, a que te sea evitado el mínimo vestigio de sufrimiento y enfermedad, salvo el estrictamente necesario al ser humano para la adaptación de sus fuerzas y para gozar de lo bueno merced a su comparación con lo malo. Supongo que estarás pasando por esos tiempos buenos de los que tan poco puede uno decir. Otro tanto me ocurriría a mí si no fuese porque la última epidemia de influenza me ha rozado con una infección que socavó mi estado de ánimo, dificultó mi respiración nasal y probablemente me haga sentir todavía alguna que otra repercusión. Martha se encuentra espléndidamente y Mathilde se adaptó a la escuela, gozando de ella mucho más de lo que habíamos esperado.

 

Mis fuerzas ya no se resienten para nada con el trabajo de las nueve a las nueve, al punto que, cuando alguna vez me queda una hora libre, siento casi el malestar del ocio. Además, vuelvo a tener la tenue esperanza de que este año lograré encontrar el camino que habrá de conducirme de mis graves errores hacia la verdad. Con todo, las tinieblas no se han disipado todavía, y no quisiera hablar de ello para no explayarme por completo aún, antes de nuestra reunión, con la que cuento desde hace tiempo.

 

Por otra parte, tampoco puedo concentrarme lo suficiente como para hacer otra cosa sino estudiar la topografía de Roma, pues el anhelo de ese viaje me atormenta cada vez más. Los sueños yacen en total reposo; me falta el incentivo de preparar el libro para su publicación, y la brecha que quedó en la psicología, así como aquella otra que dejó el ejemplo analizado a fondo, son sendos obstáculos a todo intento de conclusión, que hasta ahora no he logrado superar. Por lo demás, estoy totalmente aislado y hasta he renunciado a dictar clases este año, para no tener que hablar de cosas que todavía no he llegado a comprender… Una cosa he aprendido, empero, una cosa que hace de mí un anciano. Si la comprobación de esos pocos puntos imprescindibles para la explicación de las neurosis me ha exigido tantos esfuerzos, tanto tiempo y tantos errores, ¿cómo puedo esperar que alcanzaré jamás una comprensión de la totalidad del suceder psíquico, como lo esperaba otrora con orgullo? Teniendo esto en cuenta, recibí con triste y envidiosa sonrisa el primer tomo de la Allgemeine Biologie [«Biología general»], de Kassowitz, que me fue remitido. No lo compres: te enviaré mi ejemplar. “

(Texto destacado por nosotros)

Sin palabras.

(1)

 La admiración de Freud por el escritor Arthur Schnitzler, médico e hijo a su vez de otro famoso otorrino de Viena, que atendía a los mejores cantantes de ópera, trae la interminable ronda de los amantes en el imperio decadente de Klimt y Egon Schiele, que Freud miraba a distancia victoriana, famillionarmente, jugando al tarot y con sorna. Oh süsses Mädel (dulce niña), niña fácil de las memorias de Arthur. En el límite la castración, Schnitt (corte) y el Wienerschnitzel, la milanesa de Viena.^

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